EL DOLOR 1
¿Por qué sufre la gente buena?
"Ojalá
pudiera disputar el hombre con Dios como con su prójimo". Job 16:21
INTRODUCCIÓN: Cuando vemos lo
que ocurre a diario en el mundo surgen en nuestra mente preguntas que como
cristianos se nos hace difícil contestar:¿Por qué sufre la gente buena? ¿Por
qué hay tanto dolor en el mundo?
En primer lugar: Debemos
preguntarnos qué significado tiene la palabra “Dolor”. Para algunos puede
significar dolor físico, para otros dolor mental, o dolor emocional, puede ser
dolor por la pérdida de un ser querido, que es emocional pero diferente de
aquel dolor que nos produce una traición. El hecho es que no podemos evitar el
dolor desde que el pecado entró en el mundo. Comenzamos causando dolor ya antes
de nacer (Gén. 3:16-17). (Dolores de pre-parto). Causamos dolor a nuestra madre
cuando nacemos, crecemos conociendo lo que significa el dolor, caídas, golpes,
torceduras, etc. y como si fuera poco la mayoría de nosotros morimos en dolor.
En segundo lugar: El
dolor es sinónimo de sufrimiento, angustia, tribulación, adversidad. Este
dolor puede provenir de muchos lados pero quizás el mayor de ellos proviene de
nosotros mismos. Los seres humanos somos proclives a aceptar esta clase de dolor
como algo que nos viene merecidamente. Ante las acusaciones de aquellos que nos
rodean pensamos que si lo dicen “algo de razón tendrán”. En otros
casos, aún cuando no tengan razón las acusaciones de los que nos rodean
influyen para hacernos pensar como Job que “aquello que temía eso me
sobrevino” (3:25). Fundamentalmente el dolor produce crisis
I) CRISIS DE IDENTIDAD:
Todos, de una u otra forma
padecemos alguna vez de esta “crisis de identidad” ¿Quién soy yo en
realidad? Cuando leemos la vida de Job en el primer capítulo se nos dice que
era un hombre “perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (1:
1). Al pasar los capítulos vemos un cambio, una crisis en su personalidad,
“maldice el día en que nació y cuestiona por qué no murió en la matriz o
al nacer” (3:11). El dolor y la crisis por la que está pasando este
buen hombre han cambiado su auto imagen. Ya no sólo no se siente seguro de quién
es sino que ni siquiera acepta haber nacido.
Si vivimos bajo una felicidad
constante lo más probable es que no necesitemos de Dios y lo busquemos como
buscamos un paraguas cuando llueve o un paracaídas cuando nos lanzamos al vacío.
Si vivimos bajo una constante
tensión y sufrimiento tal vez caigamos en una crisis de identidad. De una u
otra forma nuestros puntos de vista filosóficos obran sobre nosotros a favor o
en contra. Algunos abrazamos una atmósfera religiosa que alienta el
crecimiento, la autoestima, la libertad y la moral. Otros se insertan en
creencias religiosas o mentales que les influencian de tal manera que, aunque
no lo noten, los detienen, los frustran y les hacen decrecer espiritual, anímica
y moralmente.
Todos
conocemos personas buenas que han pasado o están pasando por circunstancias
terribles. Personas que han puesto en Dios toda su confianza y sin embargo pasan
por pruebas terribles. Vemos en los noticieros que suceden cosas que no
comprendemos. Una persona buena y trabajadora es asesinada, un niño es violado,
un terremoto sepultó a miles de personas, una inundación dejó a miles sin
techo, la guerra en Medio Oriente deja todos los días cientos de victimas.
Miles de niños mueren de hambre cada día. Miles son oprimidos en países con
sistemas políticos deficientes. Todo este dolor y sufrimiento trae también
otro problema.
II) CRISIS DE DIGNIDAD:
Muchas cosas feas pueden
ocurrir a una persona y una de ellas, quizás la peor es perder su dignidad.
Tenemos trabajo, una buena familia, respeto de los vecinos, una buena posición.
Y de pronto nos encontramos luchando para conseguir alimento, viendo a nuestros
hijos pasar necesidades, perdiendo todo por lo que hemos trabajado tanto. Job
estaba pasando por todo esto y además había perdido a su familia. Los amigos
que le apoyaban ahora le reprenden y acusan de haber hecho algo malo. Se
encuentra solo, acusado por sus amigos, con sus hijos muertos, sin dinero, y
enfermo de una sarna terrible. Ha pasado a ser una sombra de lo que era y
no entiende el porque ni el para que de esa situación terrible. Enojado, dice
que Dios es el culpable, (V-11-12) desea poder discutir con Dios su situación.
Plantearle la injusticia que estaba viviendo, desea exponer su caso y explicar a
Dios que no es merecedor de todo lo que le pasa.
CONCLUSIÓN:
Cuando nos preguntan acerca
del dolor una de las respuestas que damos es que probablemente Dios tenga un
plan y que en medio de la prueba maduraremos en personalidad, en crecimiento
moral y en el conocimiento y la gracia de Cristo. Sin embargo, a pesar de que es
cierto que el dolor muchas veces produce personas más fuertes y maduras nos
quedamos sin respuesta ante la madre que pierde a su hijo a causa de una
leucemia, o a la viuda que pierde a su esposo en un accidente. La mayor parte de
las veces nos encontramos ante la muralla infranqueable del silencio de Dios.
¿Tenemos respuestas claras
para todos estos interrogantes? Es evidente que si decimos que sí mentimos.
Algunos predican que Dios siempre transforma lo malo en bueno. Si esto fuera así
seguimos en la ignorancia del por qué Dios permitió que Herodes decapitara a
Juan el bautista en un arranque de poder y lujuria. Jesús no alentó a los discípulos
a alabar al Padre por esa tragedia. El sólo fue a estar a solas. A llorar la
muerte de un amigo, de un compañero de milicia.
Pensar que Dios permite todo el
dolor y el sufrimiento del mundo para hacernos crecer espiritualmente es negar
que existe el pecado y la maldad en el mundo. Lo que sí dice la Palabra es que:
“A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” ( Ro. 8:28) Si
Jesús lloró por Juan y sintió dolor por su muerte porque no nosotros.