VENCIENDO LOS OBSTÁCULOS (4)
EL TEMOR

Texto Base: Salmo 34:6-8

             INTRODUCCIÓN:       

Estamos viviendo tiempos de temor, la guerra del miedo, como se la ha dado en llamar se ha instalado en todo el mundo.  Alguien me preguntó días pasados en un reportaje radial, si esto es el Apocalipsis. No puedo decir con certeza que sea así, pero Jesús advirtió claramente que habrá tiempos en los que pasará todo lo que está pasando pero que todavía no será el fin. No es necesario saber en este momento si es o no el Apocalipsis, lo que sí es seguro es que todo lo que está ocurriendo causa temor en muchas personas alrededor del mundo.

            El problema no es el temor en sí mismo sino qué produce y cómo podemos vencerlo.

            I) PRODUCE INSEGURIDAD

El rey David en el Salmo 27:1 pregunta: “¿De quién he de atemorizarme?”. Cuando comenzamos esta serie sobre cómo vencer los obstáculos dijimos que el primer obstáculo que debemos vencer somos nosotros mismos. Muchas personas tienen temor de sí mismas. De cómo reaccionarán ante diversas circunstancias, ante las presiones cotidianas. No están seguros de sí mismos y tienen vergüenza de comentarlo.

Cuando nos levantamos por la mañana no sabemos a qué nos vamos a enfrentar. Nos preguntamos ¿Cómo será este día? Con mi esposa oramos a Dios y pedimos fortaleza para cualquier contingencia que el día nos esté deparando. Nosotros nos sentimos seguros porque depositamos nuestra confianza en Dios. Pero muchos en este día se han levantado de sus camas y no  saben en quien confiar. Tienen miedo, y ese miedo les produce inseguridad. Y la inseguridad produce desesperación.

 ¿De quien he de atemorizarme? Debo admitir que en primer lugar de quien debo atemorizarme no es de los demás sino de mí mismo. Y ya que no puedo confiar en mí mismo para resolver esta clase de temor tengo que saber en qué y en quien estoy confiando. David nos da la respuesta en el verso 13 : “Me hubiera desesperado si no estuvieras tú conmigo aquí en el lugar en que vivo”  Vivimos en una ciudad en la que permanentemente se escucha de robos, asaltos y homicidios, el lugar al lado de nuestra casa es un terreno vacío del cual nos separa una pared de dos metros bastante débil, no tiene puerta al frente y no hay ninguna seguridad de que no entre nadie. Días pasados a las dos de la madrugada sentí que alguien hablaba y caminaba por ese lugar. Me desperté con el corazón latiendo fuerte, me levanté, encendí las luces y miré hacia fuera pero no vi a nadie. Oré al Señor, me acosté nuevamente y dormí hasta la mañana. Por supuesto que no ocurrió nada.

 II) PRODUCE FATIGA   

Otro de los problemas que produce el temor es la fatiga. Fatiga por luchar todos los días contra las acechanzas del diablo. Fatiga por luchar cada día contra las acechanzas de nuestros enemigos. Fatiga por tener que pensar que mañana quizás no tendré el sustento para mi familia. Fatiga por la falta de seguridad. Fatiga por la incompetencia de los gobernantes de turno. Fatiga por luchar todos los días contra mis estados de ánimo, mis sentimientos y mis emociones.

            Leí en uno de mis devocionales una pregunta: “¿FE O EXPERIENCIA?. El autor habla de que depositamos muchas veces nuestra fe en un Jesucristo de “reunión de oración” o en un Jesucristo “de libro” y agregaría, en un Jesucristo “de experiencias”.  El temor abruma nuestra alma cuando depositamos nuestra fe en las experiencia de turno. Pero Jesús dijo: “Vengan a mí todos los que están trabajados y cargados y yo los haré descansar”. Y en el Salmo 55:22 “Echa sobre Jehová tu carga y él te sustentará;. . .”      

III) PRODUCE DESALIENTO

 El rey David en el Salmo 69 clama con un grito de angustia su desaliento:  ”Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; . . .”  David siente temor, las circunstancias le abruman y producen en su vida un desaliento difícil de explicar. En el verso 20 dice: “El escarnio ha quebrantado mi corazón y estoy acongojado. Esperé quien se compadeciese de mi, y no lo hubo; y consoladores y ninguno hallé”, pero luego en los versos 32 y 33 se repone y exclama: “Buscad a Jehová y vivirá vuestro corazón, porque Jehová oye a los menesterosos...”.

Es fácil ceder a la tentación de dejarse caer en el desaliento cuando las circunstancias nos producen temor. Es fácil aconsejar al deprimido “Levántate y canta”, cuando nosotros estamos en la vereda de enfrente, ni estamos desalentados, ni deprimidos y el temor no ha hecho presa de nosotros en ese momento.     

¿Qué solución nos da Dios a través de su Palabra?

1) Confesar nuestro temor y nuestra debilidad ante el hecho que nos agobia.

David confiesa en el Salmo 31 su temor ante las presiones de sus enemigos: “Porque he oído la calumnia de muchos; el miedo me asalta por todas partes. Mientras consultan juntos contra mí e idean quietarme la vida.

( 31: 13) Los pasos que podamos dar para vencer esta situación no pueden ser fuera del Espíritu de Dios.

2) Mantener nuestra confianza en el Todopoderoso.

Si bien David confiesa su temor de inmediato nos enseña que a pesar de todo él mantiene su confianza en Dios.

“Mas yo en ti confío, oh Jehová. Digo, Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos. . .” y termina este Salmo diciendo que muchos dolores habrá para el impío pero el que espera en Jehová le rodeará la misericordia   ( v-10).  Terminamos esta reflexión con las palabras de Glen Hale Bump de su libro  “Como tener éxito en los negocios sin ser mundano” que dice:

“Alimenta tu fe y tu temor se quedara anémico hasta morir”.