Enfrentando los problemas (9)
"Con la Palabra Implantada"
Por Ruben Flores


Texto: Santiago 1:21
"Por lo cual desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. . . ." 

"Sólo sé que no sé nada" 
El cuento empieza cuando Nasrudím llega a un pequeño pueblo en algún lugar de La India. Era la primera vez que estaba allí y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudím, que en verdad no sabía qué decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo. Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:- Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán qué es lo que yo tengo para decirles. La gente dijo: - No... -¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos. ¡Háblanos! Nasrudím contestó: Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber qué es lo que YO vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo. Dicho esto, se levantó y se fue. La gente quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudím se alejaba, dijo en voz alta: - ¡Qué inteligente!- Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice "¡qué
inteligente!", para no sentirse un tonto uno repite: "¡Sí, claro, qué inteligente!". Y entonces, todos empezaron a repetir: - ¡Qué inteligente! - ¡Qué inteligente! Hasta que uno añadió: - Cierto pero... qué breve. Y otro agregó: Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia. Entonces fueron a ver a Nasrudím. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia. Nasrudím dijo: - No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos. La gente dijo: ¡Qué humilde! Y cuanto más Nasrudím insistía en que no tenía nada para decir, más la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudím accedió a dar una segunda conferencia. 
Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasrudím se paró frente al público e insistió en su técnica: - Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido a decirles. La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia-, así que todos dijeron: - Sí, claro, por supuesto que lo sabemos. Por eso hemos venido. Nasrudím bajó la cabeza y añadió: - Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir. Se levantó y se volvió a ir. La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó: - ¡Brillante! Y cuando todos oyeron que alguien había dicho "¡brillante!", el resto comenzó a decir: - ¡Sí, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer! - ¡Qué maravilloso! - ¡Qué espectacular! - ¡Qué sensacional, qué bárbaro! Hasta que alguien dijo: - Sí, pero...demasiado breve. -Es cierto -se quejó otro. - Capacidad de síntesis -justificó un tercero. Y enseguida se oyó: - Queremos escucharlo otra vez. ¡Queremos que nos dé más de su sabiduría! Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudím para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. Nasrudím dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenía conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenía que regresar a su ciudad. La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudím aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia. Se paró frente al público, que ya eran multitudes, y les dijo: - Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido yo a decirles. Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. Él dijo: - Algunos sí y otros no.- En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudím con la mirada. Entonces, el maestro respondió: - En ese caso, los que saben... cuéntenles a los que no saben. Seguidamente, se levantó y se fue.

I) LIMPIANDO LA CERA DEL OÍDO. 
¿Qué extraña sabiduría tienen aquellos que dicen conocer a Cristo y sin embargo no conocen Su Evangelio? ¿Cuántos como Nasrudín no saben nada pero son seguidos por multitudes en su ignorancia? Creo que todos hemos conocido a esta clase de personas que se niegan a recibir la Palabra pretextando un conocimiento que no tienen.
La palabra que Santiago usa aquí para significar suciedad es "ruparia" = ruparia que deriva del vocablo "rupos" rupos que es usado en sentido médico y significa --"cera en el oído"--. Cuando la cera se acumula en nuestros oídos puede que nos deje sordos, pero peor es aquel que "oyendo no quiere oír". En este caso la "cera del oído" impide desechar una mala disposición hacia Dios y hacia nuestro prójimo con lo cual muy poco puedo hacer para enfrentar los problemas con sabiduría y fortaleza. Creo saberlo todo y en realidad no sé nada.

II) RECIBIR CON MANSEDUMBRE
Recibir con mansedumbre es aceptar con una disposición humilde y pacífica la necesidad constante de la Palabra de Dios a fin de que obre en mí haciéndome crecer cada día más ayudándome a enfrentar las pruebas, tentaciones y problemas que deberé resolver.
Para esto el apóstol Pablo exhorta a no dejar de congregarnos. Muchos dicen: "yo me congrego" pero hacerlo "religiosamente" sin experimentar una transformación que se traduzca en servicio no es sinónimo de salvación. Hay una frase muy oportuna que dice: "No sirvo para salvarme, pero he sido salvado para servir". 

III) LA PALABRA IMPLANTADA
Finalmente Santiago usa aquí el término "ingerida" = ingerida que puede significar algo así como una conciencia del bien y del mal, o también "plantada" como la semilla que se deposita en la tierra en la parábola del sembrador y que no puede germinar. Para que la semilla germine y de sus frutos la tierra debe estar en condiciones. (Mateo 13:1-8). Pero como sucede a menudo, cuando uno no entiende nada y dice: -"Sí, por supuesto que lo sé", o para no sentirse un tonto repite: "¡Sí, claro, qué inteligente!", lamentablemente sigue afirmado en su necedad, sin poder resolver su vida y para peor camino al infierno. 

Nasrudín dio conferencia tras conferencia sin terminar de decir nada. Algunos no hacen más que hablar de lo bien que Jesús hizo en su vida pero su testimonio no lo prueba. 
Cuida tus "conferencias" no sea que la manera en que te comportas hable más fuerte que tus palabras.
Dios te bendiga.