Enfrentando los problemas (5)
La naturaleza de lo temporal "La solución momentánea"
por Rubén O. Flores


Texto: Santiago 1:9-11 ; 1 Pedro 1:7-8 

INTRODUCCIÓN: 
"Cierto hombre avaro vendió cuanto poseía y convirtió su precio en oro, el cual enterró en un lugar oculto; y teniendo todo su ánimo y su pensamiento puesto en el tesoro, iba diariamente a visitarlo, lo que observado por otro hombre fue a aquel sitio, desenterró el oro y se lo llevó.
Cuando el avaro vino según su costumbre a visitar su tesoro, viendo revuelta la tierra se dio cuenta que lo habían robado, se puso a llorar y a arrancarse los cabellos. Uno que pasaba viendo los extremos que hacía aquel hombre, se llegó a él, y después de informarse de la causa de su dolor, le dijo: 
¿Por qué te entristeces tanto por haber perdido un oro que tenías como si no lo poseyeras? Toma una piedra y entiérrala figurándote que es oro, total, tanto te servirá ella como te servía ese oro del que nunca hacías uso. 
Esta fábula enseña que de nada sirve poseer una cosa, si no se disfruta. Y que el excesivo amor a las riquezas es una tentación que puede costarnos cara. 

Cristian Franco, un hermano en Cristo que me envía sus devocionales escribió: 

"Todos los seres humanos tenemos fe. Hay quienes depositan su fe en el progreso económico. Otros invierten sus esperanzas en la posibilidad de tener un gobernante que se preocupe realmente por ellos. Muchos viven esperando que algún golpe de suerte los lleve a ser completamente felices. También están aquellos que simplemente tienen fe en la fe, aguardando siempre soluciones mágicas y respuestas instantáneas". 

Y yo agrego que otros, como el avaro de la fábula, ponen su esperanza en las cosas materiales que llegan a convertirse más en un problema que en una compensación futura.

El apóstol San Pedro escribió: "la confianza que ustedes tienen en Dios es como el oro: así como la calidad del oro se prueba con fuego, la fe que ustedes tienen en Dios se prueba por medio de los problemas. Si ustedes pasan la prueba, su fe será más valiosa que el oro, pues el oro se puede destruir. Ustedes, aunque nunca han visto a Jesucristo, lo aman y creen en él, y tienen una alegría tan grande y hermosa que no puede describirse con palabras" (1ª Pedro 1:7-8). 
En el tercer estudio dijimos que la prueba de nuestra fe produce constancia, y ésta a su vez produce a nuestro favor: Capacidad, Aptitud y Fortaleza. En el cuarto mensaje aprendimos que aquel carpintero que colgaba sus problemas en un árbol hasta la mañana siguiente debía resolverlos o eliminarlos de alguna forma pero según la decisión que tomara podría terminar en un desastre. Aprendimos también que la mejor solución a nuestros problemas dependerá de con quien tengamos más comunión, si con Dios, una solución eterna o con el mundo, una solución momentánea. Hoy Santiago nos enseña que para algunos lo efímero de la naturaleza temporal (llámese oro, plata o riquezas) es más un problema que una bendición, pero para otros que están en Cristo es una oportunidad de apreciar la gracia de Dios tanto en la pobreza como en la prosperidad.

Hoy el tema es lo que Dios da a cada uno según lo que necesita. "Al pobre que aprende a respetarse a sí mismo a través de las pruebas y al rico orgulloso que aprende un sentido nuevo de humildad". (William Barclay). 
Por eso es que hablo de la diferencia entre lo temporal y lo atemporal o eterno.

I) ¿QUÉ ES LO TEMPORAL? 
Que dura por algún tiempo-Que pasa con el tiempo-Las cosas y cuestiones de este mundo--
El apóstol San Pablo lo explica muy bien en este verso que dice: 18no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. (2 Corintios 4:18). 
El cristiano que se deja guiar por el Espíritu Santo mira las cuestiones temporales de este mundo no ignorando que existan problemas pero está atento constantemente a las cuestiones eternas. Lo temporal prueba nuestra fe a través de las circunstancias y nos muestra nuestra capacidad de resistir, muestra nuestro carácter y también dónde están nuestras prioridades.

II) ¿QUÉ PRODUCE LO TEMPORAL?
Como decíamos, lo temporal produce un falso sentido de seguridad. La persona que tiene su prioridad puesta en las cosas de este mundo cree estar seguro, cree tener recursos para enfrentar cualquier problema y cree poder pagar para eludir cualquier situación desagradable para él. 
Santiago destaca que el hombre que pone su mira en las cosas temporales es un insensato ya que la calamidad y el desastre pueden llegar en cualquier momento. Lo temporal también produce debilidad espiritual ya que quien tiene sus prioridades puesta en las cosas de este mundo no las tiene en las cosas eternas pues no se puede servir a Dios y a las riquezas. 

III) ¿QUÉ ES LO ETERNO? 
Lo eterno es aquello que no tiene fin, por ejemplo Dios (Ro 16:26); su poder (1 Ti 6:16), su gloria (1 P 5:10); el Espíritu Santo (Heb 9:14); la redención efectuada por Cristo (Heb 9:12).

IV) ¿QUÉ PRODUCE LO ETERNO?
La consiguiente salvación de los hombres (He. 5:9), su futuro gobierno (2 P 1:11), que en otros pasajes es descrito como sin fin (Lc. 1:33); la vida que reciben aquellos que creen en Cristo (Jn. 3:16), con respecto a los cuales Él ha dicho: "y nunca perecerán" (10:28), y el cuerpo de resurrección (2 Co. 5:1), que en otros pasajes es declarado "inmortal" (1 Co. 15:53), en el que aquella vida llegará finalmente a manifestarse.

CONCLUSIÓN: Cuando enfrentamos dificultades, nos es más fácil enfocarnos en el dolor antes que en la meta final. Así como los atletas se concentran, pensando en la línea de llegada, y pasan por alto su incomodidad, nosotros también debemos concentrarnos en la recompensa a nuestra fe y en el gozo que permanece para siempre. 16Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 17Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Dios bendiga tu vida.
Rubén O. Flores