El camino de la fe en Cristo
Por Rubén O. Flores
Texto: Santiago 2:14-18
¿Cuántos de nosotros creemos que las palabras son importantes? En el verso 14 tenemos un ejemplo. Leemos que no dice "Si alguno tiene fe" sino "Si alguno dice que tiene fe". Tampoco dice "¿Podrá la fe salvar?" sino "¿Podrá la fe salvarle?" Muchos dicen que creen pero todos conocemos a personas que dicen una cosa y hacen otra. ¿Por qué? Porque sus actitudes de todos los días no concuerdan con lo que dicen. Al que dice que tiene fe pero no la tiene, ¿podrá la fe por sí misma salvarle? ¿Cuál es la fe que salva? Predicamos que sólo la fe en Cristo es la que salva pero no accionamos de acuerdo a lo que creemos.
John Egglen era una persona que creía y confirmaba lo que decía creer a través de sus actitudes. Él nunca había predicado un sermón en su vida. ¡Jamás!. No es que no quisiera hacerlo, sólo que nunca tuvo la necesidad de ello. Pero una mañana lo hizo: La nieve cubrió de blanco su ciudad, Colchester, un lugar de Inglaterra. Cuando se despertó esa mañana de domingo de enero de 1850, pensó quedarse en casa. ¿Quién iría a la iglesia en medio de semejante condición climática? Pero cambió de parecer. Después de todo era un diácono. Y si los diáconos no iban ¿Quién lo haría? De modo que se calzó las botas, se puso el sombrero, su capa, y caminó los nueve kilómetros y medio hasta la iglesia metodista. No fue el único miembro que consideró la posibilidad de quedarse en casa. Es más, fue uno de los pocos que asistieron.
Sólo había trece personas presentes: Doce miembros y un visitante. Incluso el pastor estaba atrapado por la nieve. Alguien sugirió que volviesen a casa, pero Egglen no aceptó esa posibilidad. Habían llegado hasta allí, así que tendrían una reunión. Además, había una visita, un jovencito de trece años. Pero ¿Quién predicaría? Egglen era el único diácono. Le tocó a él. Así que lo hizo. Su sermón sólo duró diez minutos. Daba vueltas y divagaba, al hacer un esfuerzo por destacar varios puntos, no remarcó ninguno en especial. Pero al final, un denuedo poco común se apoderó del hombre. Levantó sus ojos y miró directo al muchacho y le presentó un desafío: Joven, mira a Jesús. ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira!
El culto terminó y todos se retiraron. En realidad pareció ser un día como cualquier otro con pocos asistentes.
Muchos años después un hombre comentó lo siguiente acerca de aquel día:
“Sí, miré, y allí mismo se disipó la nube que estaba sobre mi corazón, las tinieblas se alejaron y en ese momento vi el sol”
El hombre se llamó Carlos Haddon Spurgeon, el que fuera conocido hasta nuestros días como "El príncipe de los predicadores".
¿Supo Egglen el resultado de su improvisada predicación? Seguramente que NO. ¿Saben los héroes cuando realizan actos heroicos? Pocas veces. ¿Los momentos históricos se reconocen como tales cuando suceden? Casi nunca. Rara vez tenemos el privilegio de ver la historia cuando se genera. Pero sería bueno que mantuviésemos los ojos abiertos. Es posible que el Spurgeon de mañana esté cortando tu césped, y el "héroe" que lo inspira podría estar más cerca de lo que te imaginas, podría estar en tu espejo. Este es el “CAMINO DE LA FE EN CRISTO”. Un camino por el que se transita no sólo con palabras sino con “hechos”. Un camino en el que las actitudes muestran la realidad de una vida al servicio de Dios. Carácter, valores, prioridades, visión, seguridad, valentía, servicio, etc. son característicos de una persona que no sólo dice creer en Cristo sino que lo demuestra.
I) PRINCIPIO Y RESULTADO: Versos 15-16
En los versículos siguientes tenemos el pensamiento de Santiago acerca de que una fe sin obras es una fe muerta. Surge entonces la pregunta del teólogo R.F. Aldwinckle: ¿Importa lo que el hombre cree? En realidad el cristianismo es más que la aceptación intelectual de ciertas creencias y doctrinas, es la fe provista de valores que el mundo va perdiendo a medida que avanza. Como vimos en la anécdota del diácono John Egglen, la fe ha desempeñado un papel sumamente importante en la vida de millones de personas en todo el mundo a través de la historia.
El problema radica en que si la fe que dicen tener muchos no da respuesta a las necesidades básicas de la persona, entonces no es una fe dinámica, que sirva y que muestre resultados. Pero más allá de las obras que demuestran que lo que digo creer es parte de mi persona, está el hecho fundamental de que la fe me capacita para conocer a Dios, su realidad, su carácter y propósito para mi vida. De manera que el “principio” es <Cristo mi Señor y Salvador>, El “resultado”, es <la forma en que esto se convierte en una realidad diaria>.
II) PENSAMIENTO Y ACCIÓN Verso 17
Santiago nos enfrenta al punto de vista de la mayoría de las personas. Ellos creen que la fe y las obras son expresiones optativas de la religión cristiana. Pero la verdad no es una cuestión de fe o de obras. Es un conjunto que demuestra mi creencia.
Una vida cristiana bien proporcionada debe tener pensamiento y acción. Si encuentro a una persona con hambre y con falta de ropa para cubrirse y le digo, <bueno, voy a orar por usted> pero no le doy de comer ni ropa, tengo un buen sentimiento que no llevo a la acción. Mi sincera simpatía no va más allá de las palabras, no se convierten en esfuerzo para aliviar la condición de la persona y continúa en su triste situación, entonces ¿qué valor tiene mi simpatía?
Por otro lado, si le doy de comer pero no le enseño los valores básicos de los grandes principios eternos, la acción carece de fundamento porque le faltará suplir una de las necesidades básicas del ser humano que es el sentido de trascendencia. La filantropía sin la fe queda como un fin en sí misma. De esta forma uno sin el otro no está completo.
III) FE Y ACCIÓN, SUSTANCIA DE LA VIDA. Verso 18
Finalmente, dice William Barclay, “No hay nada más peligroso que una hermosa emoción sin hacer el intento de convertirla en acción”. Y continúa: “Una emoción no es algo en lo que podamos gloriarnos, es algo que, a costa de esfuerzos, luchas, disciplina y sacrificio, uno tiene que convertir en sustancia de la vida.”.
Por eso, el “Camino de la fe en Cristo” no es tan fácil para aquellos que no aceptan el sacrificio del servicio. Profesar una fe y practicarla también conlleva la misión de ganar a otros para el Reino de Dios. Sin embargo, el cumplimiento de esta obra no la puedo llevar a cabo si pienso más en mis emociones y gustos que en lo que más conviene a la salvación y vida eterna del otro. Por otro lado, el “Camino de la fe en Cristo” me alienta a las buenas obras, las que me dan seguridad de que el Hijo de Dios, quien produce “tanto el querer como el hacer” por Su buena voluntad, vive en mí.
Rubén O. Flores
rubenflores@encuentroconcristo.com.ar