El camino de la seguridad en Cristo
Por Rubén O. Flores
Texto: Santiago 2: 18-26
A una niña de corta edad que pedía ingresar como miembro en la Iglesia, le preguntó el Pastor desde cuándo era convertida, a lo que ella respondió: "Desde que la abeja picó a mamá". Ante la risa de los presentes explicó luego que su conversión había tenido lugar cierto día en que una abeja entró en la habitación. Ella había tratado en vano de defenderse del insecto, hasta que vino a esconderse bajo el delantal de su mamá y la abeja posándose sobre el brazo desnudo de ésta clavó en él su aguijón. La madre aseguró entonces a la niña que podía salir y hasta jugar con la abeja sin temor. Ante las expresiones de pena y simpatía de la niña por el dolor de la madre, la piadosa cristiana aprovechó el incidente para explicarle cómo Cristo sufrió por nosotros en la cruz, y por tal razón nosotros podemos afrontar sin miedo la muerte; ésta puede rondar a nuestro alrededor pero no tiene poder para herirnos gravemente. La niña comprendió y aceptó desde aquel día el plan de la Redención.
Esto nos recuerda lo que el apóstol San Pablo escribió: ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? (1 Co. 15:55).
I) EL FALSO CONCEPTO DE LA FE INTELECTUAL (versos 18-19)
Santiago enseña aquí el falso concepto de que una fe intelectual, como la que tienen los demonios, puede salvarnos. Ciertamente, hasta ellos saben quién es Jesucristo pero no le obedecen. La verdadera fe implica una entrega total de su ser a Dios, cuestión que por supuesto, no han hecho. Por otro lado, como ya hemos compartido, todas las religiones del mundo enseñan que el hombre debe ganarse el favor de la deidad que esa religión representa. En realidad hasta en el cristianismo se nos ha enseñado que para entrar al cielo debemos ganarnos el favor de Dios haciendo “buenas obras”. Hay un dicho que dice que “El camino al infierno está cubierto de buenas intenciones”, sólo que las buenas intenciones por sí mismas, según la Palabra de Dios, no tienen valor para llegar a Su presencia.
Este concepto lo aclaramos mejor en el siguiente punto:
II) LA CONJUNCIÓN DE LA FE Y LAS OBRAS (versos 22-23)
Santiago vuelve a repetir entonces, un segundo punto muy importante. No es cuestión de FE o de OBRAS, sino una conjunción de ambas en una vida bien proporcionada. Una vida con pensa-miento y acción, oración y esfuerzo. Un monje puede estar toda su vida orando por las necesidades del mundo y un luchador trabajando todo el día al sol procurando cubrir las mismas necesida-des. Sin embargo ambos estarán llevando una vida desproporcionada. El primero creyendo que la oración puede ser un sustituto del esfuerzo, y el segundo creyendo que sólo el esfuerzo propio es suficiente para que una persona encuentre a Dios.
En este sentido pone por ejemplo a Abraham, y las palabras claves que utiliza Santiago en el verso 22 : “actuó juntamente”, Compare «sinergia». De «junto», y «trabajar»; lo cual quiere decir: cooperar, ayudar, colaborar, colaborador, equipo. Como vemos hay una relación íntima entre la fe vertical en Dios y las obras horizontales en un mundo lleno de necesidades. La fe es ambas cosas: espiritual y práctica.
La pregunta que surge entonces es: ¿Las personas tienen la obligación de creer si no ven un cambio en nuestras vidas?
Ser cristiano no es asunto de lo que decimos con los labios sino una realidad en una vida convertida en obras. Como leíamos en el mensaje anterior acerca de la declaración del versículo 14: (Sobre una fe sin obras) « ¿Podrá esa clase de fe salvarle?».
III) EL VERDADERO CONCEPTO DE LA FE SALVADORA (versos 24-26)
En primer lugar Santiago muestra dos ejemplos acerca de la conjunción entre la fe y las obras.
Uno es Abraham (Génesis 22:1-19), él como patriarca y líder de un pueblo fue empujado por su fe a obedecer a Dios y cumplir por obra el mandato de ofrecer a su hijo Isaac en sacrificio. Dios aprobó a Abraham por su fe pero también por poner por obra su confianza en El. (Lea Hebreos 11: 17-19).
Otro ejemplo es el de Rahab, (Josué 2:1-27) una mujer que representa a la persona común y corriente con una vida por debajo de la escala social y moral aceptada por los judíos. Ella fue apro-bada por Dios de acuerdo a su fe y confianza en El de que era el Dios de Israel y por lo tanto todo lo que de El se decía era verdad. Ambos fueron justificados por la fe y las obras que fueron el re-sultado de esa fe.
En segundo lugar pensemos que casi todo el mundo conoce que Dios existe, que existe la Trinidad (Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo), y también muchos conocen la muerte expiatoria de Cristo, pero el problema es que no saben cómo apropiarse de esa salvación. Los teólogos dicen que existen tres elementos en la fe salvadora:
1.- Conocimiento: Yo puedo conocer que hay una secta que dice que Jesús no es Dios, pero no acepto eso.
2.- Aceptación: También puedo aceptar que existe Dios pero no confío en El.
3.- Confianza. Yo puedo conocer que Jesús murió por mi, aceptar ese sacrificio y confiar en El para mi salvación.
CONCLUSIÓN:
Conocer, Aceptar y Confiar son entonces los tres elementos de la fe salvadora y por lo tanto el CAMINO DE LA SEGURIDAD EN CRISTO PARA LA VIDA ETERNA. Si no tienes seguridad de tu vida eterna, conoce, acepta y confía en Cristo para que al partir de esta tierra tengas esa seguridad.
Por cualquier consulta escribe a: rubenflores@encuentroconcristo.com.ar
Dios te bendiga