Conformando nuestro caracter
Pasado-Presente y Futuro
por Rubén O. Flores


Texto: Santiago 4:8-10

INTRODUCCIÓN:

Un hombre se enfrenta a un tiempo de crisis. Nota que con frecuencia se encuentra ante los mismos problemas, y enfrenta situaciones que ya había enfrentado con anterioridad. Entonces se siente deprimido. Comienza a creer que es incapaz de progresar en la vida, ya que las mismas cosas que vivió en el pasado le están volviendo a acontecer.--"Ya pasé por esto", le reclama a su corazón.--"Es verdad, ya pasaste"--, le responde el corazón. "Pero nunca lo superaste".--
El hombre, entonces, pasa a tener conciencia que las experiencias repetidas
tienen una finalidad: enseñarle lo que todavía no aprendió. Y pasa a buscar
una solución diferente para cada lucha que se repite hasta que logra la victoria.
Mi experiencia de la vida me ha enseñado que:
“La victoria es el futuro de la inversión del pasado y la constancia del presente para preservarla”. (RF)

Sin entrar en detalles exegéticos que no hacen al motivo de esta reflexión, la motivación general de Santiago en este capítulo 4 es exhortar a estos creyentes que vivían en placeres, rodeados de risa y gozo mundanos, a comportarse con sobriedad, sin calumnias ni murmuraciones entre ellos y a poner su confianza en Dios y no en ellos mismos. 
En estos tres versículos 8-9-10, Santiago promete que si se acercan a Dios El se acercará a ellos pero deben limpiar sus manos, su corazón y su mente y Dios les exaltará. Esto es a grandes rasgos la idea general. 

Aquí entran entonces las vivencias del pasado, del presente y el futuro ya que es en aquel último tiempo en que Dios exaltará a cada uno de sus hijos que persevere.
Tenemos en nuestra vida entonces tres etapas, el pasado con sus experiencias, malas o buenas. El presente en el que puedo aprovechar para mejorar esas experiencias y el futuro en el que me espera el resultado de lo vivido y que puede tener dos posibilidades, la victoria o la derrota final. 

I) PASADO 
Jorge Manrique escribió: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, sin embargo para los que no conocíamos a Cristo, el pasado ha sido como una pesadilla. Al menos yo creía conocerlo todo, pensaba estar siempre en lo cierto y que no necesitaba de nadie. La vida me demostró que no sabía nada, que no tenía la verdad y que no sólo necesitaba de los demás sino principalmente de Dios. 
Cuando la situación en mi hogar se puso realmente difícil mi esposa fue a buscar ayuda en unos amigos que estaban pastoreando una congregación aquí en Buenos Aires. A pesar de que yo sabía de la existencia de Dios no quería saber nada con El, estaba en la etapa de rebelión y así me iban las cosas. 
En aquel tiempo el pastor Julio Perrín y su esposa Adela me dijeron que debía acercarme y conocer a Dios. 

A partir de allí, 1979, Marta y yo vislumbramos una nueva vida, un nuevo matrimonio y una nueva oportunidad que Dios nos daba para recomenzar. Ellos decían que debía acercarme a Dios pero entonces surgió una pregunta: 
¿Cómo puede uno acercarse a Dios? 
A través de un sometimiento amoroso: Santiago ya escribió en el verso 7 que debemos someternos a Dios. La rebelión me alejó de Dios y perjudicó ‘aquel presente’ y casi mi futuro. El pasado quedó atrás con todas sus experiencias, ahora debía ocuparme del presente. Esto significaba “Renunciar a la rebelión”. Someterme por amor y no por ley. Entonces surgió el presente con sus grandes demandas. 

II) PRESENTE 

Según el teólogo William Barclay: La respuesta de Santiago para nosotros es que si Dios hace grandes demandas, es indudable que también concederá abundante gracia para cumplirlas. Debí entonces pensar qué demandaba Dios de mí. 

1.- Limpieza de manos: Comenzar a llevar una vida sin dobleces. Mis manos estaban sucias por el pecado. (Stgo. 4:8).
2.- Limpieza de corazón: Sustituir mis antiguos deseos por los de Dios. La vida que Dios deseaba para mí nada tenía que ver con el 
pasado. (Salmo 73)
3.- Limpieza de labios: En aquel tiempo las palabras que surgían de mi boca nada tenían que ver con la adoración que Dios 
merecía. (Isaías 6:5-6) 
4.- Limpieza de mente: Cambiar el cassette en mi mente significó renovar mis pensamientos desde lo más profundo. (Efesios 
4:23), (Ro. 12:1-2). 
5.- Limpieza de alma: Al comenzar a ser Dios el centro de mi vida los hechos del pasado fueron como llagas abiertas en mi alma. El 
Señor se encargó de limpiar a través de mis lágrimas de arrepentimiento. (Stgo. 4:9).
6.- Limpieza de orgullo: Reconocí finalmente de dónde provenía mi verdadero valor y dignidad. Entendí que era Dios quien ahora 
dignificaba mi vida y le daba un sentido real y positivo a mi existencia. (Stgo.4:10; 1 Pedro 5:6).

III) FUTURO 

Cuando todo aquello que Dios demandaba comenzó a ser una realidad en mi vida, el futuro se hizo tan real como el presente. La dependencia de Dios produjo en mi interior la verdadera independencia, la libertad que tanto ansiaba vivir, y aquellos problemas en mi hogar pasaron a ser sólo un pasado tenebroso que El cambió totalmente. Días pasados decía un actor muy conocido en nuestro país, en un programa periodístico, que esperaba ansioso el futuro porque, sabía que había “algo más” que esta vida, pero no sabía hasta el momento de partir dónde sería ese “algo más”. Es formidable que los cristianos sabemos, porque Dios lo dice en Su Palabra, que el futuro que nos espera no es sorpresa pues está escrito: 

1Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. 2Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. 3Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
(Apocalipsis 21: 1-4)

Aquella crisis había pasado, ahora comenzaba un tiempo nuevo, un tiempo de amoldarme al carácter de Dios. Qué tampoco es fácil, pero sigo confiando en Él que me dará las fuerzas necesarias para continuar hacia delante. Él dijo: “En el mundo tendréis aflicción pero confiad, yo he vencido al mundo”.
Dios te bendiga, y si esta reflexión te ha sido de bendición escríbeme a: rubenflores@encuentroconcristo.com.ar  
Rubén O. Flores