8 “El Camino de la sabiduría en Cristo
“El Sabio de la Isla” (parte 1)
por Rubén O. Flores


Texto: Santiago 3:13-18

Había una vez un rey en una remota isla, tan aburrido por todo lo que veía y hacía que ya no encontraba gracia a nada. Decidió entonces hacer una visita a la isla vecina donde habitaba un gran sabio que, según decían, daba respuestas a todas las preguntas. Esto le llamó tanto la atención, que ni corto ni perezoso salió en su busca.
Durante el viaje el rey durmió soñando y pensando con encontrar las respuestas más sinceras y seguras del mundo, entre otras, cómo ser más alegre, divertido, sabio y sobre todo ser mejor gobernante cada día.

Así pasaron largos días navegando, hasta que llegaron al puerto y entonces bajó y corrió por el lugar preguntando por el sabio tan famoso que tantas cosas había escuchado de él. Nadie sabía qué contestarle. 
De pronto vio a un anciano de ropas rasgadas y de aspecto muy humilde y le preguntó: "oye tú, mendigo, ¿dónde está el sabio que habita esta isla?".
El anciano contestó: "no lo sé, todo el mundo viene preguntando por ese sabio y en esta isla hay tan sólo unas cuantas personas como yo". Él rey, sorprendido le dijo: "¿cómo, no hay ningún sabio en esta isla?" El anciano le volvió a contestar: "no, que yo sepa no hay ningún sabio, bueno, ¿y para qué quiere ver a ese sabio?", le cuestionó el anciano. 
El rey molesto replicó: "para que me diga el secreto de cómo ser más feliz, como ser mejor y más sabio gobernante y todo lo bueno de la vida". Entonces el anciano le dijo: "pregúnteme a mí, tal vez pueda ayudarle", el rey se rió con una tremenda carcajada pero de pronto se quedó serio y pensativo por un rato y dijo: "¿tú, un anciano mal vestido y por lo que veo, ignorante, me vas a decir lo que sólo un sabio me puede enseñar?". El anciano le contestó: "No necesito usar ropas lujosas como tú, ni necesito riquezas o tropas para ser sabio, lo único que necesito es mí cabeza y mí paciencia. Tú, rey de la isla vecina, me preguntaste por un sabio y aquí no lo hay. Han venido cientos de reyes y demás gobernantes a buscarlo y no lo han encontrado. Sólo han hablado conmigo. Tan pronto terminan de hacerlo se retiran riéndose y diciendo que viajaron tanto tiempo pensando tantas formas de solucionar sus problemas y yo terminé dándoles la llave para ser mejores, pero ¿no sé por qué?", terminó diciéndole el viejo al rey.
El rey entonces dio media vuelta y se dirigió pensativo hacia su barco pero tan pronto dio unos pasos volteó hacia el anciano y le dijo: "Gracias famoso sabio de la isla, me has dado la llave de cómo ser mejor gobernante, más sabio, más divertido y cómo tener más paciencia. Me enseñaste que primero debo encontrarme a mí mismo con mis pensamientos, con mis actos y mis deseos, sólo así seré mejor en lo demás. El anciano, atónito, se rascó la cabeza y se dijo a sí mismo: "Por eso no salgo de esta isla, afuera todos deben estar locos pensando cómo ser mejores, más sabios y aliviar sus penas. En verdad, yo estoy mejor aquí con mi ignorancia y mi humilde persona, lo único que hago es escuchar a toda esa gente que viene a preguntar cosas. No entiendo por qué me dicen sabio.
Creo que como dijo alguien: 
“No sabe más el que más cosas sabe, sino el que sabe las que más importan” 


I) LA CARACTERÍSTICA DE LA FALSA SABIDURÍA (13-16)
Santiago nombra aquí al menos dos clases de falsa sabiduría. 
A.- La primera de ellas es la terrenal: 
Esta es característica del hombre natural, desprovisto del contacto con Dios. Promueve toda clase de artimañas para llevar a las personas al error jugando una competencia desleal pensando sólo en sí mismo. El apóstol Pablo exhorta a no dejarnos engañar por esta falsa sabiduría: “. . .14para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”. ( Efesios 4:14). Esta sabiduría mide sus propósitos en forma mundana sin percatarse por la forma de llegar al éxito. Es una sabiduría animal porque la utilizan los animales para atrapar a sus presas. (Ellos al menos para subsistir) 

B.- La segunda clase de falsa sabiduría es la demoníaca: 
Estamos viviendo en un mundo con tremendas presiones de todo tipo en las que el hombre y la mujer deben esforzarse por rendir culto a la belleza, al éxito y al poder. Peso, altura y medidas son las que promueven esto en lugar de la razón, la inteligencia, la cultura y el espíritu. Es una sabiduría que produce celos, contiendas, divisiones y perturbación, cosas que son inspiradas por el diablo. Nos sentimos atraídos al éxito tomando como ejemplo a líderes y héroes populares, muchas veces desviados hacia la avaricia y la competencia destructiva. No estamos diciendo que toda persona es así sino que: “ . . .el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1 Co. 2:14).

II) EL SECRETO DE LA VERDADERA SABIDURÍA (17-18) 
A.- En primer lugar: 
La verdadera sabiduría la encontramos en el hombre que ha hecho de Dios el centro, vértice y base para sustentar todas las facetas de su vida. Por eso el salmista pide a Dios: “enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”. (Salmo 90:12). Percatarnos de que la vida es corta nos ayuda a utilizar el poco tiempo que tenemos de una manera sabia. Nos ayuda a centrarnos en usar la vida para un bien eterno, a conocernos a nosotros mismos. El trabajo es bueno, el estudio también pero como decíamos al comienzo: “No sabe más el que más cosas sabe, sino el que sabe las que más importan”. Dedicar tiempo para contar nuestros días y preguntarnos: «¿Qué quiero que suceda en mi vida antes de morir? ¿Qué pequeño paso puedo dar hoy hacia ese propósito?», son algunas de las cosas que más importan.

B.- En segundo y último lugar:
La única forma de llegar a ser verdaderamente sabio es mediante la reverencia a Dios. Obviar este paso y pensar que se puede alcanzar sabiduría solo por la experiencia que da la vida y el conocimiento académico conduce a cometer errores y tomar decisiones equivocadas. 
Tenemos entonces que reconocer que sin Dios como la fuente de la sabiduría, no se pueden crear las bases para fortalecer nuestro carácter, tomar decisiones sabias y vivir como aquel anciano que parecía un mendigo pero que su sabiduría le había enseñado a escuchar a los demás y conocerse a sí mismo, que no es ni más ni menos que: EL CAMINO DE LA SABIDURÍA EN CRISTO. 

COMO DIJO AQUEL GRAN SABIO
“NO SABE MÁS EL QUE MÁS COSAS SABE, SINO EL QUE SABE LAS QUE MÁS IMPORTAN”