9 “El Camino de la sabiduría en Cristo”
El Sabio y el Rey (parte 2)
por Rubén O. Flores
Texto: Santiago 3:13-18
INTRODUCCIÓN:
Un rey soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un Sabio para que interpretase su sueño. - ¡Qué desgracia mi señor! - exclamó el Sabio - Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad. - ¡Qué insolencia! - gritó el rey enfurecido - ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos. Más tarde ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al rey con atención, le dijo: - ¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes. Se iluminó el semblante del rey con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: - ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro. – Recuerda bien amigo mío - respondió el segundo Sabio - que la sabiduría que el Espíritu de Dios inspira al hombre es primeramente pura, pero también es pacífica, no es lo mismo decir que los parientes del rey se van
a morir a decir que él vivirá más que ellos. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. - De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra.
Santiago usa ocho palabras para describir la verdadera sabiduría y todas con un significado profundo que nos ayuda a tomar decisiones sabias.
Pura---Pacífica—Amable—Benigna—Llena de misericordia—De buenos frutos—Sin incertidumbre—Sin hipocresía.
No es esta reflexión un intento de hacer una exégesis del pasaje, lo que queremos significar es que, siendo hijos de Dios tenemos la posibilidad de una sabiduría diferente. Santiago la llama, pura, amable, benigna, llena de misericordia etc. Pero lo más importante es que a través de esa sabiduría que proviene de lo alto podemos vislumbrar el Reino de Dios tal y como Jesús trató de mostrarlo a los discípulos.
Hablar de una sabiduría pura es no conformarnos a la mediocridad de una sabiduría terrenal, animal y diabólica.
Hablar de una sabiduría pacífica, amable y benigna es decidir con grandeza que el otro tiene razón y mantener así la relación entre las personas que Dios quiso que existiera cuando envió a su Hijo a la cruz del Calvario.
Hablar de una sabiduría llena de misericordia y buenos frutos es no estancarnos en el trajín de cada día, porque hay mucho de cada uno para dar frutos todavía.
Hablar de sabiduría sin incertidumbre ni hipocresías es permitir que Dios tome la autoridad que le corresponde en la vida de los cristianos para producir una relación correcta entre nosotros. Sin ocultamientos, sembrando todos los días semillas de excelencia a fin de mantener una atmósfera de paz.
Hablar de sabiduría de lo alto es no conformarnos al desarrollo espiritual que hemos alcanzado cuando podemos todavía lograr más. Es comprender y aceptar que, como dijimos en la reflexión anterior: “No sabe más el que más cosas sabe, sino el que sabe las que más importan”
Sabemos que no hay hombre perfecto, que perfecto es sólo Dios, por eso el apóstol San Pablo señala que Dios “ha constituido apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4:12). Reconociendo ya antes que: “tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros. (2 Co. 4:7).
El anciano sabio del aquel reino hablo de la sabiduría adquirida del Espíritu Santo de Dios y dijo que uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Es el empleo de la sabiduría de Salomón cuando debió discernir cuál de las dos mujeres que discutían por un niño era la verdadera madre. 27Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre. 28Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar. (1 Reyes 3:27-28).
Más adelante leemos: “34Y para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de todos los reyes de la tierra, adonde había llegado la fama de su sabiduría”. (1 reyes 4:34). Sin embargo, al cabo de algunos años, Salomón cambió la sabiduría de Dios por la terrenal de las mujeres extrajeras de las que se enamoró y a las que edificó altares para sus dioses: “Cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David”. (1 Reyes: 11:4)
Alguna vez se habló de derechos humanos, de libertad y de seguridad personal pero aún no hemos llegado a consolidar estos derechos porque seguimos usando la sabiduría terrenal. Esa sabiduría que emplean los hombres naturales que no pueden discernir lo espiritual porque todavía no conocen a Dios.
CONCLUSIÓN
Hablar de la sabiduría que viene de lo alto es no engañarse a uno mismo empleando una sabiduría que no reconoce la verdad de lo que somos, cristianos hijos de un Dios puro, pacífico, santo, amable, benigno, lleno de misericordia, sin incertidumbre y sin hipocresía.
Así es la sabiduría que debemos tratar de alcanzar según nos enseña Santiago ya antes, en el capítulo uno: 5Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos a abundantemente y sin reproche, y le será dada.
(Santiago 1:5)