¿Cuándo usamos mal nuestra energía?
por Rubén O. Flores


Texto: Santiago 4:11-12

INTRODUCCIÓN: Existe una historia de una mujer en Inglaterra que llegó hasta su párroco con una conciencia atormentada. El párroco la conocía como una habitual chismosa, ella calumniaba a casi todo el pueblo.-- "¿Qué puedo hacer para cambiar?"--, suplicó. El párroco replicó:-- "Si usted quiere tener paz en su conciencia, tome un saco de plumas de ganso y ponga una en la entrada de cada casa de las personas que ha difamado"--. Después que la señora cumplió el pedido, volvió al párroco y le preguntó:-- "¿Eso es todo?"-- "No",-- dijo el sabio anciano ministro, "Ahora debe volver y recoger cada pluma y traérmelas a mí"--.
Luego de largo tiempo, la mujer volvió sin una sola pluma.-- "El viento las esparció a todas"--, dijo ella.-- "Buena mujer",-- replicó el párroco, --"Así es con los chismes, las calumnias, las murmuraciones y las palabras hirientes que se arrojan con facilidad, pero que nunca podremos volver a recogerlas"--.

¿Cuándo usamos mal nuestra energía? 
I) Cuando abrimos puertas al reino de las tinieblas.
Uno puede abrir, queriendo o sin querer, muchas puertas al reino de las tinieblas y cuando uno abre la puerta al enemigo se hace esclavo de él y de sus deseos y mandatos mundanos. La señora de la historia sentía que su conciencia la atormentaba. Cuando uno tiene la conciencia sucia siente que el acusador le atormenta noche y día. Está intranquilo, no tiene paz, desconfía de todos, padece de insomnio, tristeza y hasta depresión, y lo peor es que no encuentra la salida porque está bloqueado. Hay muchas acciones o situaciones que abren puertas a las tinieblas. La mujer se había metido en cosas que comenzaron a perturbar su vida. 
¿Cuáles eran las puertas que esta señora había abierto al diablo? 
Chismes, calumnias, murmuraciones y palabras hirientes. ¿Qué dice Santiago en cuanto a esto? “Hermanos, no murmuréis los unos contra los otros. . .luego continúa hablando acerca de la persona que cree estar sobre la ley que prohíbe estas palabras, para terminar con una pregunta ¿Quién eres para que juzgues a otro?
Creo que cuando el chisme, las calumnias y las murmuraciones invaden nuestra mente, comienzan a usar nuestros pensamientos en forma tan negativa que producen heridas difíciles de cerrar. El resentimiento contra alguien nos enferma y si continúa, finalmente nos destruye.
Dios quiere sanar esas heridas que operan en todo nuestro ser, cuerpo, alma y espíritu. El apóstol San Pablo enseña: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma (psiquis) y cuerpo, sean guardados irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es que os llama, el cual también hará” (Tesalonicenses 5:23-24) Una cosa debemos tener en claro, uno puede haber recibido a Cristo en su corazón pero si las puertas abiertas por pecados ocultos no se cierran terminan produciendo heridas emocionales que se resisten a ser sanadas. 

II) Cuando lo que transmitimos no es agradable a Dios. 
Uno de los grandes conflictos que existen en el mundo es la contaminación. Ríos, bosques, tierras y mares están siendo contaminados por el hombre. Sin embargo este problema no va a desaparecer hasta que la peor contaminación, que proviene del interior del hombre, no termine. 
Desgastamos nuestra energía en vivir un estilo de vida agresivo, cuestionador, y hasta indisciplinado. Transmitir informes falsos, calumniar, dar falso testimonio y murmurar consume nuestra energía, porque como dice la Escritura: “Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre”. (Marcos 7:15). 
Jesús reprendió a Jacobo y Juan y los llamó “hijos del trueno” porque su espíritu belicoso les impulsó a querer pedir fuego del cielo contra los samaritanos para destruirlos. (Lc. 9:51-56).
III) Cuando lo que nos impulsa no viene de Dios 
Quiero que estudiemos un minuto la historia de la mujer sorprendida en el mismo acto de adulterio para ver cómo uno puede juzgar de manera equivocada. (Juan 8:1-11). 
1.- Los líderes judíos menospreciaron la Ley: La Ley exigía que se apedrearan ambas personas involucradas en el adulterio (Levítico 20.10; Deuteronomio 22.22). Ellos trajeron a la mujer pero no al hombre. 
2.- Los líderes judíos fueron con engaños: Usaron a la mujer como una trampa para hacer caer a Jesús. Si decía que no debía apedrearse a la mujer, lo acusarían de violar la Ley de Moisés. Si los instaba a ejecutarla, lo acusarían de falta de amor ya que Jesús predicaba sobre el amo. Pero además lo acusarían también frente a los romanos, que no permitían a los judíos llevar a cabo sus propias ejecuciones.
3.- Los líderes judíos no los impulsaba Dios: La apropiada manera en que Jesús soluciona el problema nos enseña que no podemos ser rápidos en juzgar porque tal vez nosotros no podamos arrojar ni siquiera la primera piedra. Los judíos de este caso no eran impulsados ni por el amor ni por la ley sino por su propia maledicencia. 

CONCLUSIÓN:
La murmuración, que ha deshecho tantas iglesias y familias, ¿Será finalmente un comportamiento antisocial? ¿Qué persigue el murmurador con su actitud? ¿Venganza interpersonal?, ¿La usa como un concepto cínico de los demás? o ¿es simplemente una forma de crueldad para parecer importante? Sea de una u otra manera creo que las palabras no dicen nada, son las personas las que dicen. Y las personas muchas veces, aunque no digan nada, si están apoyando un chisme o una murmuración, están en pecado tanto como aquellas que hablaron impunemente. 

Creo que después de haber escudriñado un poco las enseñanzas de Santiago podemos acordar que la murmuración y todo lo demás nos quitan energía para vivir la verdadera vida que Cristo ganó para nosotros en la cruz del Calvario. Por lo tanto cuidemos de usar bien la energía que Dios nos dio.

rubenflores@encuentroconcristo.com.ar