Las palabras que nos atan
por Rubén O. Flores
Santiago: 5:12
Introducción
Una zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores cuando llegó al sitio de un leñador y le suplicó que la escondiera. El hombre le aconsejó que ingresara a su cabaña. Casi de inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al leñador si había visto a la zorra. El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señalaba la cabaña donde se había escondido. Los cazadores no comprendieron las señas de la mano y se confiaron únicamente en lo dicho con la palabra. La zorra al verlos marcharse, salió sin decir nada. El leñador le reprochó por qué a pesar de haberla salvado, no le daba las gracias, a lo que la zorra respondió:
--Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo.
Moraleja: No niegues con tus actos, lo que pregonas con tus palabras.
Alguien escribió una vez que uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras, aunque creo que no sólo las palabras pueden atarnos, por ejemplo:
I) Son las promesas que no cumplimos.
Tal vez hemos dicho: “Te juro que. . . . . . .haré tal o cual cosa” y después nos damos cuenta que aquello fue una promesa tonta que por alguna circunstancia ajena a nosotros o simplemente por olvido no la hemos cumplido. Jesús sabía que todo ser humano tiende a hacer promesas para reafirmar lo que dice, por eso enseñó: «. . .sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede» (Mateo 5.37).
Después de la última cena ocurrió un hecho con uno de los apóstoles que debería servirnos de ejemplo, dice la Biblia: 30Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos. 31Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. 32Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. 33Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. 34Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 35Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
II) Son las que no concuerdan con nuestros actos
La historia del leñador nos recuerda que en alguna oportunidad nosotros hemos hecho algo parecido. No solamente no cumplimos con nuestras promesas sino que nuestras acciones no concuerdan con nuestras palabras. “¡Ah, pastor, el domingo voy a ir a la iglesia! ¡Hola pastor, un día de estos voy a visitarlo a la iglesia! He escuchado infinidad de veces a personas que prometen tal día ir a la iglesia a agradecer a Dios por alguna respuesta a sus oraciones pero nunca lo hacen. Hay un dicho por allí que dice: “Tus hechos hablan más fuerte que tus palabras”. La realidad nos muestra que las personas que necesitan confirmar sus actos pasados o futuros con un juramento son las que tienen problemas con su sinceridad.
III) Son las que involucran a Dios en nuestros actos
Originalmente el juramento era un intento de involucrar el carácter y la autoridad de Dios para que respaldara lo que nosotros estábamos diciendo. Israel había tenido victorias muy fuertes sobre algunas ciudades:“1Cuando oyeron estas cosas todos los reyes que estaban a este lado del Jordán, así en las montañas como en los llanos, y en toda la costa del Mar Grande delante del Líbano, los heteos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos, 2se concertaron para pelear contra Josué e Israel. 3Mas los moradores de Gabaón, cuando oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai, 4usaron de astucia; pues fueron y se fingieron embajadores,. . .”(Josué 9:1-3).
Dice la historia que Josué y el pueblo fueron engañados e hicieron juramento de que no los tocarían ni les darían muerte como a los otros pueblos que conquistaron. Pero sucedió que después que se dieron cuenta del engaño ya no podían volver atrás: “.. . 19Mas todos los príncipes respondieron a toda la congregación: Nosotros les hemos jurado por Jehová Dios de Israel; por tanto, ahora no les podemos tocar. (Josué 9:19) (Para la historia completa lea Josué 9:1-27)
Cuando involucramos a Dios en nuestros asuntos tenemos que aceptar sus condiciones, una de esas condiciones es cumplir con lo que prometemos. Sin embargo, cuando las noticias de su victoria llegaron a todas partes, los israelitas sufrieron oposición en dos formas: directa (los reyes de la región comenzaron a unirse en contra de ellos), e indirecta (los gabaonitas recurrieron al engaño).
Cuando hay victorias en nuestra vida vamos a tener dos clases de oposiciones, una por parte del diablo y sus huestes, (los reyes de la región) y la otra por parte de los que están más cerca, en quienes confiamos pero que no tienen nuestras mismas creencias. (la gente de alrededor).
Después de efectuar la alianza y ratificarla por juramento, se supo la verdad: los líderes de Israel habían sido engañados. Dios les había dicho específicamente que no celebraran ningún tratado con los habitantes de Canaán. Esto era unirse en un yugo desigual, pero ellos no hicieron caso.
5Y si no echareis a los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos y por espinas en vuestros costados, y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitareis. (Núm. 33:55).
CONCLUSIÓN: Con todo esto podemos aprender que:
1) El apóstol Pedro y los discípulos prometieron a Jesús algo que no cumplieron y quedaron atados a sus promesas.
2) El leñador no cumplió con sus actos lo que dijo con palabras, quedó atado a esto y pasó vergüenza.
3) Josué y el pueblo de Israel prometieron algo sin saber que les engañaban y quedaron atados a ese juramento. Desobedecieron a Dios y se unieron en yugo desigual hasta hoy. Esto nos anima a no tomar nuestras promesas a la ligera.