Los primeros pasos
Venciendo los obstàculos 1
Por Rubén O. Flores
Texto base: Col. 1:9-14
INTRODUCCIÓN:
Un escritor anónimo escribió: “Hay quienes se refugian en su fe ante las tormentas; y hay quienes las enfrentan para tener fe”.
En estos tiempos en que las circunstancias de la vida nos apremian cada día, la Palabra de Dios se levanta como un estandarte de verdad. En tiempos de tormentas o en tiempos de serenidad la Biblia es la guía de Dios para nuestras vidas. Sin embargo cada vez pareciera que los obstáculos se multiplican. Entonces surgen preguntas, ¿Qué hacer?, ¿Cómo continuar?, ¿A quien pedir ayuda?, pero por algún lado hay que comenzar, por eso creo que el primer paso es muy importante.
¿Cuál es el primer paso que puedo dar para vencer los obstáculos?
I) EL CONCEPTO DE MI MISMO
Uno de los mayores obstáculos que debemos superar en esta vida es el concepto de uno mismo. Cuando en la iglesia donde nací a la vida cristiana, me dieron las primeras oportunidades de predicar lo hacía imitando a Luís Palau, leía sus mensajes y escuchaba sus predicaciones y me parecía que iba a tener el mismo éxito que él, pero no fue así. Cuando comencé el ministerio pastoral en nuestra primera congregación quería parecerme a mi pastor. Opinaba como él, predicaba como él y tomaba decisiones como él, y tampoco funcionó.
Finalmente, después de muchos años de fracasos y problemas no resueltos me di cuenta que Dios ya tiene un Luis Palau, un Carlos Anacondia o un Hugo Orne, mi pastor, y que debía ser yo mismo sin imitar a nadie. Cada uno tiene su forma de ser, de predicar o de ministrar a las necesidades de los demás. Jesús lo hizo de una manera en una oportunidad y diferente en otra, pero siguió siendo Jesús.
Si queremos cambiar el concepto que tenemos de nosotros mismos debemos cambiar nuestra manera de pensar.
¿Cuál es el segundo paso que puedo dar para vencer los obstáculos?
II) ASUMIR MI NUEVA IDENTIDAD
Sin duda Adán y Eva habrán relatado a sus hijos cómo perdieron ellos su identidad. Lo que les costó seguir sus propias inclinaciones y hacer su voluntad antes que la de Dios. Abel entendió la historia y aparentemente según la Escritura intentó cambiar su destino sacrificando de lo suyo. Quiso cambiar su identidad pecaminosa y comenzar una nueva vida. Con una conciencia clara administrada según la voluntad de Dios.
No podemos asegurar si Caín entendió o no la historia de sus padres pero sí podemos asegurar por lo que dicen las Escrituras que gobernó sobre sus bienes según su propia voluntad y no de acuerdo a la voluntad de Dios. Y eso no agrado al Creador.
Podemos asumir la actitud de Abel y tratar de cambiar o podemos contentarnos con la identidad que hemos heredado y continuar hasta terminar finalmente como terminó Caín, matando a su propio hermano.
Creo que asumir mi nueva identidad como hombre casado, como padre, como líder, o pastor, debe tener como primera premisa entender que yo no soy ni mi padre, ni mi abuelo ni nadie de mi familia a quien deba imitar.
III) 3) PROCLAMAR MI FE EN DIOS
Colosonses dice que “nos ha hecho aptos para participar de la herencia de los santos en luz, y nos ha librado de la potestad de las tinieblas y trasladado al reino de su amado Hijo”.
Quiere decir que mi nueva identidad en Cristo me hace tomar una nueva posición frente a la vida. Soy apto y si lo soy puedo ser partícipe de lo que ya Dios ha prometido.
Muchas personas basan toda su vida en lo temporal, aún aquellos que conocieron el sacrificio de Cristo en la cruz. El apóstol Juan nos alienta a cambiar nuestra manera de pensar en su tercera carta verso 2 “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” Podemos extraer tres puntos básicos con los cuales Dios quiere bendecirnos:
1) Que prosperemos en lo material 2) Que prosperemos en lo físico y 3) Que prosperemos en lo espiritual.
Si entendemos bien el pasaje las bendiciones vienen, en realidad, como consecuencia de nuestra prosperidad espiritual. Así como prosperamos espiritualmente, así estaremos prosperando en todo lo demás.
REPASEMOS:
El primer paso es CAMBIAR EL CONCEPTO DE MI MISMO.
No puedo vencer los obstáculos si pienso que no los voy a vencer. Debo entender que si me ha hecho apto para participar de la herencia celestial soy apto para participar de la herencia que el Padre me tiene reservada aquí. El concepto que tenga de mi persona hará que venza o fracase en muchas de las cosas que emprenda en esta vida.
El segundo paso es ASUMIR MI NUEVA IDENTIDAD EN CRISTO.
Si me identifico con la identidad que el mundo me dio no habrá esfuerzos que me hagan vencer los obstáculos en esta vida. La crisis nacional, la falta de trabajo, la pobreza general y las ideas negativas que surgen diariamente de los medios de comunicación, me hacen sentir fracasado.
Al aceptar a Cristo como mi Salvador personal y Señor de mi vida, adquiero una nueva identidad. Debo comenzar a pensar diferente. No puedo vencer si no asumo una identidad positiva. “No os conforméis a este siglo...” (Ro. 12:1ª) quiere decir que no debo conformarme a vivir en la derrota, y cuando hablamos de derrota no lo hacemos pensando en lo económico, sino más bien en la manera en que enfrento cada día de mi vida en esta tierra.
El tercer paso es PROCLAMAR MI FE EN DIOS
Al aceptar a Cristo como Señor de mi vida puedo llegar a ser una persona creativa y triunfante en un mundo cada vez más derrotado por la miseria y el hambre. Puede que el mundo me haga sentir un miserable porque soy un cristiano que tiene una nueva forma de pensar pero si asumo realmente la identidad que Cristo ya me dio en la cruz del calvario, puedo levantarme de la pobreza física, mental y espiritual.
Por supuesto que hay otros pasos, pero a través de estos tres simples pero efectivos movimientos en el tablero de nuestra vida, podemos comenzar a transitar juntos el camino de Cristo y enfrentar los obstáculos que tratan de que fracasemos.
Entonces: 1) Rever el concepto de uno mismo, 2) Asumir mi nueva identidad cristiana, 3) Proclamar mi fe en Dios que tiene a su cargo todas las esferas de mi vida — Física — Espiritual — Social — de Peligro — Provisión — Guía y Honor.
El paso siguiente es proclamar mi fe en que voy a pasar los obstáculos confiando en un Dios de imposibles. Pero también yo mismo debo tomar en cuenta otros aspectos que estaremos viendo más adelante.
Mientras tanto pensemos en la frase de O. S. Marden que decía que el éxito no es nunca una donación, sino una conquista.
¡¡ADELANTE!!