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COMO
EMPRENDER UN PROGRAMA DE FE (7)
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Texto base: Jeremías 1:
1-19; Jeremías 31:31-33; Lam. 1:12
INTRODUCCIÓN:
Los descendientes de Jacob a través de toda la historia asumieron el nombre de Israel que le fue dado a su padre todavía en vida. Así fue que las doce tribus de Israel fueron llamadas “el pueblo de Dios” pero a raíz de diversas causas, una de ellas la situación geográfica y otra las desavenencias, se dividieron. En tanto que la monarquía se mantuvo unida Israel fue el nombre con el cual se conocía a todo el pueblo de Dios.
Cuando esta unión se quebró las tribus se dividieron quedando diez tribus conformando el reino del norte o de Israel y la tribu de Judá (el cuarto hijo de Jacob y Lea), y la tribu de Benjamín se unieron conformando el reino del sur y tomaron por nombre Judá. En Judá quedó el Templo de Jerusalén con los levitas y sacerdotes. De esta manera representaba al pueblo de Dios y su gobierno sobre la tierra mientras que el reino de Israel se dio a la idolatría. El reino de Judá se mantuvo independiente y libre desde el 931 a.C. hasta el 605 a.C cuando muchos de sus nobles y artesanos fueron llevados cautivos a Babilonia.
Antes
de que eso suceda, en el año 626 a.C. Jeremías es
llamado por Dios para dar un mensaje a su pueblo. El corazón sensible
del profeta se conduele por la visión que tiene del cautiverio que la nación
habría de sufrir unos 39 años mas tarde a manos del emperador de Caldea
Nabucodonosor. (según algunos estudiosos el 16 de Marzo del año 597 a.C. la ciudad se rindió) Todavía
pasaron otros 10 años de rebeldía y sedición en los que la ciudad
pareció querer destruirse a sí misma hasta que en Julio del 587 a.C
cuando las provisiones estaban agotadas los babilonios abrieron una brecha en el
muro y entraron a la ciudad. Un mes mas tarde la ciudad fue saqueada e
incendiada. 4.700 personas fueron llevadas en cautiverio.
Algunos de sus oficiales,
eclesiásticos, militares y civiles junto con ciudadanos importantes fueron
ejecutados, el resto más numeroso de la población fue deportado a Babilonia.
Sin embargo, en el peor momento del sitio cuando la dominación era
segura Jeremías anunció con actos simbólicos que habría una segura
restauración (31:31-33).
Dios
nos recuerda sus promesas para que podamos emprender un
programa de fe aún en medio del dolor.
En
el ínterin Jeremías habla una y otra vez al pueblo, reprende al rey, a los
profetas y sacerdotes anunciándoles que el exilio y la dominación sería larga
y que convendría tomarlo con una actitud positiva y aceptar el resultado de sus
pecados. Finalmente es acusado de traidor y derrotista, es encarcelado y
arrojado a una cisterna. Cuando Jerusalén cae en cautiverio y después del
asesinato de su último rey Gedalías, Jeremías junto a los que habían quedado
huye a Egipto y allí ministra a los refugiados, anuncia la próxima caída de
Egipto y reprende las nuevas formas de idolatría que el pueblo de Dios había
comenzado a copiar de los egipc
No hay duda alguna que las promesas de Dios siempre son cumplidas ya que El es inmutable pero también debemos entender que existe una soberanía y justicia divinas. La causa del desastre la vemos en el hecho de que el pueblo, por un lado, había perdido la confianza en un Dios todopoderoso y por el otro empezó a murmurar acerca de que Dios no era justo y que la religión oficial que sustentaba no proporcionaba ninguna ayuda. Por lo tanto volvió su mirada hacia otro lado y comenzó a pensar en aplacar a otros dioses. La seguridad que ostentaban de que Jerusalén no sería conquistada y que el templo jamás sería violado fue borrada por la desilusión de la muerte del rey Josías, la conquista, destrucción de la ciudad y del templo por parte de Nabucodonosor.
Judá
fue un pueblo que enseñaba una religión que ellos mismos no cumplían.
En ese tiempo de quebranto y
soledad, de hambre y sed, de esclavitud y muerte, Jeremías proclama que el Señor
Dios mostrará aún a su pueblo que habría cosas grandes y ocultas que no conocían;
( Jer. 33:3) Que donde reinaba el temor y la desesperanza, el vacío y la enfermedad, donde
ya no había hombres ni animales, allí volvería a crecer la hierba y el
ganado, se volverían a oír la risa y la alegría, los casamientos y
nacimientos, pero por sobre todas las cosas proclama la promesa de un Renuevo de
justicia, un nuevo pacto que el ángel recordó a la virgen María en el momento
de la anunciación. ( Lucas 1:32-33).
J. H. B. Garrastegui escribió: “El
cristianismo no es una religión del dolor, como si fuera un valor positivo que
se debe alcanzar; pero es la única verdadera religión del dolor, porque logra
comprenderlo y llega a transformarlo en amor”.
Una vez más vemos que para Dios nada hay imposible
y que donde hoy sus hijos tienen hambre y sed de justicia. El puede hacer que mañana
puedan ser
saciados. El puede transformar el dolor de una cruz en el gozo y la consolación
de millares. El puede transformar el dolor de la cruz de Cristo en el símbolo
del amor por excelencia y en la salvación de la humanidad. Por miles de años
nuestro Padre Celestial ha demostrado que nos ama y nos alienta permanentemente
a emprender un camino de fe aún a través del dolor. Sólo espera que sus hijos
no hagamos como el pueblo de Judá, no inculquemos a otros un
cristianismo que nosotros mismos no somos capaces de cumplir. Sin embargo y
gracias al sacrificio de nuestro Señor podemos terminar con un mensaje de
consolación tal como lo expresa el apóstol Pablo:
"Bendito
sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios
de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para
que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación,
por medio de la consolación con que nosotros somos consolados" (2º
Corintios 1;3-4)
A El sea la gloria por todos los siglos. amén.