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COMO
EMPRENDER UN PROGRAMA DE FE (1)
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¿CON
MIS FUERZAS O LAS DE DIOS?
Estamos
promediando los primeros pasos de un nuevo año y parece que cada vez que uno
vuelve de sus vacaciones cuesta reemprender
las tareas. Muchas mañanas parece que nos levantamos más fatigados que
cuando nos acostamos. El paso del tiempo va produciendo desgaste en nuestros
cuerpos y eso es el proceso natural de la vida. ¿Cómo consigo emprender un programa de fe cuando
parece que mis fuerzas van decayendo?
En
primer lugar debo reconocer que con mis propias fuerzas no voy a poder encender
en mi una pasión espiritual tan potente como
para ejercer un programa de fe. Y esto nos pasa a muchos.
Siempre que tratamos de hacerlo, solamente terminamos convertidos en cristianos
frustrados.
Sólo mi amor y mi pasión por Dios pueden hacer crecer mis fuerzas para
emprender un programa de fe.
Una
de las ideas erróneas es pensar que ser cristianos significa ser liberados de
toda adversidad. En realidad, de acuerdo al contexto de la carta a los
corintios, significa ser liberados en medio de la adversidad.
Los problemas de la vida no nos deberían agotar, sino más bien
fortalecernos cada día más. (Ver 4:17). Sin embargo no es
así y una de las razones es que confiamos más en nuestra propia fuerza que en
la de Dios.
Como creyentes tendremos que enfrentar una vez más situaciones adversas,
pero Jesús dijo que esto no debería sorprendernos cuando se presenten.
"En el mundo
tendréis aflicción; pero tened ánimo, yo he vencido al mundo".
Con esto no está diciendo que no debemos temer. El problema radica en la
idea errónea que se tiene de la vida de fe. No hay victoria sin lucha como
no hubo victoria sin cruz.
La verdad, es que Dios nos da una vida de victoria en la
medida en que vamos venciendo cada uno de los problemas que se nos presentan.
Ese es el programa de fe. La visión de gloria se acrecienta en
medio del conflicto. La tensión de la vida es lo que edifica nuestra
fortaleza interior.
La
fuerza para emprender un programa de fe se encuentra en la seguridad que Dios
nos entrega en su Palabra, y no está basado en nuestros sentimientos
subjetivos. La promesa divina dice: (Isaías
40:29) “El da esfuerzo al cansado y multiplica
las fuerzas al que no tiene ninguna”
(Heb.13:5-6)
"No te desampararé, ni te dejaré; de manera
que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me
pueda hacer el hombre".
No sentirse abrumado por los conflictos no significa que no podamos
sentir temor, Pedro lo sintió cuando dejó de mirar hacia el Señor y puso su
atención en la tormenta. (Mt. 14:28-30) momentos
antes Jesús había dicho: “Yo soy no temáis”.
Cuando Pedro cree que se va a hundir el Señor le amonesta
diciendo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué
dudaste? “. Y también lo sintió
cuando se enfrentó a algunos y negó a Jesús.
No
es fácil enfrentarse a las tormentas de la vida.
Cuando
la fe flaquea muchos comenzamos a
vacilar, cuando el temor se apodera de nuestra
mente y olvidamos el significado de la seguridad que Dios da, sería
bueno volver a leer su Palabra, ALIMENTARNOS CON
ELLA Y CREER EN SUS PROMESAS.
Un programa de fe se emprende según la visión que Dios ha puesto
en nuestra mente y no según una visión propia. Este año puede ser
diferente si yo tengo en mente estos tres puntos.
a.- Aceptando la limitación de mi fuerza.
No
voy a lograr nada con ella sino con la fuerza de Dios y manteniéndome en su
camino. (Is. 40:30-31)
b.-Erradicando ideas erróneas en cuanto a que Dios va a
librarme de todas y cada una de las adversidades.
El
todavía repite igual que a Pedro. --¡Ten ánimo! ¡ Yo soy, no temas!
c.-
Confiando en Su Palabra. Sólo en Su Palabra hay Salvación, Vida Eterna y un programa de fe para
nuestra vida. ¡¡Que el Señor te bendiga y
adelante!!