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COMO
EMPRENDER UN PROGRAMA DE FE (6)
¡CON PRINCIPIOS ORIENTADORES BIBLICOS!
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Texto base: Juan 17:10ª ;Hebreos 11: 1 y Santiago 2:14-18;
INTRODUCCIÓN:
En el Evangelio de Juan, cuando Jesús ora al Padre por sus discípulos
dice:
“.... y
todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo mío...”
( Juan 17: 10a)
¿Es
tu fe la que te pueda hacer orar al Padre como lo hizo Jesús?
¿Es
tu fe la clase de fe de la que habla el autor de la carta a los hebreos?
¿Es
tu fe un orientador en tu vida cristiana?
I)
LA FE COMO ORIENTADOR INVISIBLE. ( He. 11:1)
En la carta a los
hebreos el autor nos enseña en primer lugar que la fe es un
orientador
invisible para todo aquel que se precie de ser cristiano. Es la vida misma de
todos los hombres que han tenido comunicación con el invisible en todos los
tiempos. La fe en aquellos primeros cristianos impregnaba sus afectos, decidía
su rumbo, los impulsaba a sacrificios de sí mismos más allá del común de su
tiempo. Por
eso más adelante proclama que “sin fe es imposible agradar a Dios”.
(He. 11:6). Damos gracias
que hoy todavía
existen cristianos de este tipo.
La salvación es por la
gracia de Dios, cada ser humano tiene la posibilidad de apropiarse de esa fe
salvadora reconociendo en “Jesucristo al autor y consumador de la fe”
(He. 12:2). La fe implica la aceptación y la confianza en Cristo
y su promesa de que todo aquel que lo recibe en su corazón como Señor y
Salvador tiene vida eterna.
Sin embargo, a pesar de que dijimos que aún existen cristianos comprometidos, no estamos
viendo en estos últimos tiempos una fe que muestre esa salvación. Muchos
cristianos de este siglo que está por terminar deben aceptar que en los últimos
años no han demostrado fehacientemente tener una fe lo suficientemente fuerte y
firme para agradar a Dios. Han dejado de “vivir por fe” y han
pasado a “vivir por vista”. ( 2 Co. 5:7)
La fe de la que habla
el autor de esta carta no se opone al sentido común, no se convierte en un
emocionalismo pasajero que se disuelve a la mínima presión, pero tampoco se
transforma en un racionalismo fanático que no ayuda en absoluto en las crisis
por las que Jesús dijo que habríamos de pasar.
La fe que agrada a Dios
es la que tiene como objetivo los bienes eternos, que si bien no son aún
presentes, son los que esperamos, son invisibles a los sentidos pero visibles al
espíritu.
Muchos cristianos de
estos últimos tiempos, al menos en los países libres, han sucumbido bajo la
presión de religiones facilistas, han depositado su fe más en los gobiernos de
turno que en el gobierno eterno de Dios. Creen más en las promesas de los
hombres que en las promesas del Todopoderoso al que le cantan con tanto
entusiasmo.
La fe de la que habla
el autor de esta carta es la que
pone al creyente en contacto vivo con su autor, Jesucristo, hace que pueda
disfrutar su posesión por anticipado, que le asegura la plenitud del goce de
saber que quien prometió cumplirá porque no es un hombre común sino el mismo
Hijo de Dios.
La fe de la que habla
esta carta es la que da la visión de lo que le está oculto al resto de los
mortales, la que le dio al mismo Jesús la certeza de que el Padre cumpliría su
parte del pacto. Por eso en su oración por sus discípulos dice que TODO LO
SUYO ES DEL PADRE Y TODO LO DEL PADRE ES SUYO. El cristiano del siglo que está
por comenzar debe volver a las fuentes y revivir su fe de tal manera que
comprenda que TODO LO DEL PADRE ES SUYO pero que también ponga en práctica su
fe aceptando que TODO LO SUYO ES DEL PADRE, sus posesiones, su familia y hasta
su misma vida.
II) LA FE COMO
ORIENTADOR PRÁCTICO ( Santiago 2:14-18).
En segundo lugar, como
un orientador práctico nuestra fe debe mostrar que existe en nuestra vida, tenemos la enseñanza del apóstol
Santiago que dice que “la fe sin obras es muerta”
. El mismo
Jesús en un momento de su oración sacerdotal ruega al Padre que le glorifique
pero anteponiendo su obra como muestra de su obediencia: “Yo te he
glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora
pues, Padre, glorifícame tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo
antes que el mundo fuese” ( Juan 17:4-5).
Exigir derechos implica
haber cumplido con nuestras obligaciones. El sólo hecho de tener fe no implica
recompensa alguna de parte del Padre, es la obediencia a sus mandatos la
que produce como resultado una relación más personal con El dándole
como consecuencia la oportunidad de obrar en nuestra vida.
El objeto de vivir
una vida de fe no es el goce emocional que producen las experiencias diarias que
podamos tener, tampoco los “mensajes basados en experiencias ajenas o
propias” que podamos escuchar, sino producir una confianza en Dios tan
profunda en nosotros que cuando enfrentemos pruebas podamos exclamar como Job: “Aunque
me mate, en El confiaré” (Job 13:15)
La fe como orientador
práctico nos da la confianza para caminar por senderos a los cuales Dios nos guía.
Quizás al principio de nuestra vida cristiana necesitábamos algunas
experiencias emocionantes que nos mostraran que El nos estaba guiando con su luz
y su amor. Pero ahora que estamos crecidos le podemos ser más útiles haciendo
que esa fe invisible que nos sostuvo al comienzo se transforme en una fe práctica,
una fe que nos de el derecho a reclamarle al Padre “Padre he cumplido con lo
que me diste que hiciese, ahora Señor te ruego que cumplas con tu parte del
pacto basado en tus promesas”.
CONCLUSIÓN:
Vivir por fe no es
vivir en el limbo esperando que Dios esté siendo permanentemente nuestra
muleta, sino que es vivir una vida basada en obras que demuestren que El ha
pasado a ser nuestro dueño y Señor de tal forma que podamos exclamar como Jesús:
“PADRE, TODO LO MIO ES TUYO y en consecuencia saber que TODO LO
SUYO ES MIO”
¡QUE EL SEÑOR
NUESTRO DIOS TE BENDIGA !