EL SERMÓN DEL MONTE (8)

Cristianos de relaciones justas

                                                                              por Rubén O. Flores
Texto base: Mateo 5:9

    INTRODUCCIÓN:

   "El tener uno paz consigo es principio certísimo para tenerla con los demás"
  
Fray L. de León

     Qué difícil es hablar de paz en estos tiempos en que vemos que los hombres todavía no se han puesto de acuerdo tantas cosas.  Medio Oriente,  España, Africa, Bolivia, Argentina, Perú, Chile, etc. Podríamos continuar ya que otros tantos países  también están en conflictos. Jesús dijo que uno de los mandamientos que deberíamos tener en cuenta es : "Amarás a tu prójimo como a tí mismo". ¿Cómo puedo tener paz para con mi prójimo si no alcanzo todavía a tenerla conmigo mismo? 

   Algunos puntos a tener en cuenta en principio:

1)     En primer lugar debemos tener en cuenta que en el contexto del pasaje la palabra “paz” no involucra sólo la ausencia de conflictos sino todo aquello que procura el bienestar supremo de todo ser humano en general. ¿Condice esto con lo que estamos viendo todos los días en el mundo?

2)     En segundo lugar la bendición recae sobre los que “hacen la paz” y no sólo sobre los que “aman la paz.”. Muchos hablan de paz pero la paz no se construye con palabras sino con hechos. Acciones de perdón, de soportarse mutuamente a pesar de las diferencias, de tratar de comprenderse según el contexto en el que nacimos.

3)     Conflictos ha tenido la humanidad desde el huerto del Edén hasta ahora. Al negarnos a aceptar una realidad conflictiva no estamos “buscando la paz”, solamente estamos “posponiendo el conflicto". Sabemos que existe un conflicto que podríamos llamar "cósmico" desde que Satanás decidió rebelarse, sin embargo este hecho no nos excusa de procurar la paz. (He. 12:14).

4)     El ser humano que “hace la paz” está realizando la obra en la que el mismo Dios está comprometido.

  I) LA PACIFICACIÓN COMO OBRA DIVINA (Ef. 2: 13-15)

     Cuando Jesús pronuncia esta bienaventuranza seguramente está pensando en la tarea más elevada que cualquier persona pueda realizar y es el establecimiento de “relaciones justas” entre sus semejantes.

         Hay personas que siempre son el centro de conflictos. Estén donde estén siempre están complicados en disputas o siendo la causa de problemas. Hay personas de este tipo en toda sociedad y aún hasta en la iglesia.

     Pablo los nombra algunas veces en sus cartas.
   
Alejandro el calderero de Éfeso que se le oponía en todo momento.
   
Himeneo que trastornó con sus conflictos doctrinales a muchos.
   
Fileto que allí donde iba provocaba problemas y enseñaba doctrinas equivocadas.    
   
Evodia y Síntique se la pasaban discutiendo.
   
El apóstol Juan nombra a Diótrefes que con palabras malignas provocaba problemas en la iglesia.  
   
Volviendo un momento a la pregunta del comienzo, ¿Tenían estas personas paz consigo mismo?

    II) LA PACIFICACIÓN COMO OBRA COSTOSA. (Ef. 2:15-18)

      La palabra “paz” y “apaciguamiento” no son sinónimos. Podemos ser apaciguadores cuando estamos mediando los problemas de otras personas. Aún más, cuando estamos envueltos en un conflicto que no hemos provocado puede causarnos dolor pero siempre estaremos "apaciguando".

         A veces la palabra “apaciguamiento” significa buscar la calma a cualquier precio y más de una vez resulta en una “paz barata”. No sólo existe una “paz barata”, también existe, y sobre todo en estos tiempos, una “evangelización barata”. La proclamación del Evangelio sin el costo del discipulado, la demanda de fe sin arrepentimiento, la mística sin responsabilidades.  Una “paz barata” puede comprarse con un “perdón barato”, pero la paz verdadera y el perdón verdadero son costosos. Dios nos perdona solamente cuando nos arrepentimos. Y creamos con todo el corazón que la paz de Cristo fue demasiado costosa para procurar sólo una evangelización barata. A Cristo le costó el sufrimiento y la vida en la cruz del calvario. Cada cristiano de este mundo ha sido comprado por la sangre   del Hijo de Dios.

     Hay personas en cuya presencia la enemistad no puede prosperar, salvan abismos, rompen barreras de resentimientos y odios, cierran brechas abiertas por las mentiras del diablo, son apaciguadores, procuradores de paz, humildes servidores de Cristo en el constante conflicto de las relaciones humanas después de la caída. Estas son las personas a las que se refiere Jesús como “pacificadores”. El hombre que divide es un agente del diablo, pero el que hace la paz es un verdadero discípulo de Cristo que está haciendo la obra de Dios y a Dios le costó la vida de su propio Hijo.

   Finalmente, ¿Podríamos incluirnos en esta lista de seres humanos que procuran la paz?  Según el teólogo William Barclay esta bienaventuranza podría leerse:

     “Qué feliz es aquel que crea relaciones justas y sanas entre las personas, aún a un gran costo,  porque su acción es obra de Dios”.