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EL SERMÓN DEL MONTE (7)¡Cristianos sin mezcla! |
INTRODUCCION:
( 1 Samuel 16:1-7)
Cuando el profeta Samuel es
dirigido por Dios a la casa de Isaí, mira a Eliab, uno de los hijos de Isaí, y
dice: “De cierto, delante de Jehová está su ungido.”
(v-7) Pero
Dios le hace ver al profeta que está equivocado
, que él no mira nuestra
apariencia sino nuestro corazón.
¿Quién puede decir que su corazón es puro? ¿O
quién que está sin pecado? Aún el sacerdote o el ministro más sincero no está
exento de sentirse satisfecho porque cree que predicó un buen sermón.
El pastor Juan Bunyan cuenta que cuando alguien se le acercó un día
para decirle que había predicado un buen sermón él le contestó: “El
diablo ya me lo dijo mientras bajaba del púlpito”.
Esta bienaventuranza nos exige un autoexámen. Quizás sería bueno
hacerlo en este momento.
¿Qué actitud guía mis acciones, la voluntad de servir a los demás
o el deseo de recibir una retribución?, (sin que sea necesariamente monetaria)
¿Trabajo en la iglesia por
amor a Cristo o para mantener mi prestigio delante de los demás?
¿Mi asistencia al culto
es por fidelidad a la iglesia, al pastor o al Señor de la iglesia?
¿Puede el Señor considerarme un
cristiano sin mezcla?
La
realidad de cada ser humano es que hay muy pocas cosas que aún los mejores de
nosotros hacemos por motivaciones completamente puras
( Isaías
6:1-13)
Dios
se reveló a Isaías, sin embargo, en ese momento Isaías no se sintió bienaventurado. Al tener una visión de la magnificencia, la perfección y la
santidad de Dios, se vio a sí
mismo tal cual era, con sus errores, pecados, bajezas y debilidades de todo ser
humano.
Pero
acto seguido Dios quita su culpa y limpia su pecado y permite a este hombre la
posibilidad no sólo de volver a empezar una vida nueva sino de ser llamado por
Dios para el ministerio de la Palabra. ¡¡¡Así
ha hecho Cristo con nosotros, ha quitado nuestra culpa y limpiado nuestro
pecado!!!
Uno
de los hechos más simples de la vida es que vemos solamente aquello que somos
capaces de ver.
Así
es el ser humano del cual habla Jesús, una persona capaz de ver lo que otros no
ven. Una persona con ojos espirituales capaz de ver lo que el ser humano carnal
no alcanza a ver.
¿Qué
soy capaz de ver en las cosas que me rodean, sólo lo
superficial o lo más profundo y espiritual tal como me indica Jesús?
¿Qué
soy capaz de ver en los demás, sólo la
superficie o la necesidad de su corazón?
¿Qué
soy capaz de ver en mí, sólo el
pecado que consume mi vida o la gracia de Dios que a través de la sangre de
Cristo me limpia y me llama a servirle?
¡Atrévete
a ser un cristiano sin mezcla, con Jesús puedes hacerlo!