COMO EMPRENDER UN PROGRAMA DE FE (5)

 ¡DEJANDO ATRÁS EL FRACASO!

Por Rubén O. Flores

 Texto base: Mateo 14: 22-33

                INTRODUCCIÓN:

             ¿Cuántas veces en la vida, cuando miramos los problemas que nos agobian llegamos a preguntarnos por qué Dios no detuvo esta o aquella circunstancia que nos azotó?

            Cuando recién me iniciaba en el camino del Señor y me hacía esta pregunta un pastor amigo y su esposa solían decirme, “no preguntes a Dios porqué te está pasando esto sino para qué”. Aquellas palabras quedaron grabadas en mi mente hasta el día de hoy y me ayudaron tremendamente cuando las tempestades han azotado mi vida y al hundirme me hacían sentir un fracasado.

            Otra de las cosas que me han ocurrido en mis primeros tiempos es que solía mirar hacia los costados, a mis hermanos con un testimonio mejor, luego hacia atrás y avergonzarme de mis fracasos al dar los primeros pasos en la vida cristiana.

            Han pasado algunos años, pero sigo recordando todo aquello al leer este pasaje en que el impulsivo Pedro pretendió caminar sobre las aguas y fracasó por poner su mirada en la tormenta y dejarse dominar por sus impulsos y por el temor.

            Hace algunos días escuché esta frase que me hizo pensar en nuestras realidades humanas y cuánta razón tiene el Señor al exhortarnos permanentemente a perseverar en la fe; la frase decía así:

        ¿Sabes por qué Dios creo las caras de la gente adelante?  Para que caminen mirando al frente y no hacia atrás

I) HACIENDO QUE LO PEOR SIRVA A LO MEJOR  (24-26)

  A través del tiempo hemos conocido de casos excepcionales en que los sufrimientos y fracasos han servido de instrumentos para convertir lo peor en lo mejor, por ejemplo:

  Hace muchos años un fuego daño las piernas de Paul Ware. Los médicos dijeron que nunca volvería a caminar. El no sólo no les hizo caso sino que tomó la determinación de ejercitarse para poder hacerlo. Ejercitaba sus piernas por la noche sin que nadie lo viera. A través del tiempo aprendió de nuevo a caminar y mas tarde a correr. Ganó un campeonato nacional en la distancia de 400 metros. Este hombre enfrentó la tempestad que arreció sobre su vida. 

Como vemos, cuando uno se esfuerza el sufrimiento puede ser usado para fines constructivos.

  Puede sucedernos que hayamos comenzado nuestro camino sin problemas pero a la mitad de la travesía se levante una tempestad que no esperábamos (verso 24) Los vientos golpean contra la barca, los relámpagos iluminan las olas que se levantan a alturas que nos parecen increíbles y el sonar de los truenos terminan por hacernos ver como pequeños seres indefensos. Evidentemente la Escritura nos muestra un panorama que podría aterrar a cualquiera, y lo fue de tal manera que hasta lo bueno llegó a verse como tenebroso en la noche tormentosa. Jesús el Salvador, andando sobre las aguas se ve como un fantasma cuando en realidad es el Señor del tiempo y de la naturaleza. (versos 25-26) 

El racionalista ha suprimido este magnífico pasaje convirtiendo un hecho milagroso, “vino a ellos andando sobre el mar”, ( verso 25) en uno humano diciendo que Jesús "caminaba sobre el borde del mar”, ¿Es que hemos perdido de vista la Omnipotencia de un Dios que no sólo puede caminar sobre las aguas y hacer que nosotros lo hagamos, sino que es el mismo Creador del universo? ¿Cómo podemos  interpretar racionalmente los milagros del mismísimo Hijo de Dios? ¿Qué clase de ayuda milagrosa puede darnos un Cristo si no creemos en sus milagros?

  II) SOCORRO PARA EL IMPULSO (27-33)

   Qué oportuno el socorro del Maestro cuando repite las palabras que Dios tiene reservadas para cada uno de nosotros desde el mismo principio de los tiempos. "¡Tened ánimo,  yo soy, no temáis!"

  Pedro, que ha demostrado en varias oportunidades, (lo demostraría mas tarde en  Mat. 26:69 al 75) ser una persona impulsiva, camina sobre las aguas. Bengel  en su traducción del verso 29 dice: “En la medida de su fe, era llevado por las aguas”.Sin embargo, viendo el poder del viento, la duda y el miedo le privan de la fuerza de la fe que le estaba sosteniendo.

¿No te ha ocurrido que cuando quisiste, como Pedro, “ir a Jesús”  (v-28-29) las fuerzas de las tinieblas, disfrazadas de tempestades y problemas, hacen que la fe que te estaba sosteniendo decaigan y provoquen tu hundimiento? No en vano los discípulos rogaron a Jesús “Señor, auméntanos la fe”. ¿No nos hemos sentido fracasados cuando queriendo “ir a Jesús” sinceramente volvemos a caer? ¿ No te has sentido fracasado, cuando como Pedro, has permitido que el ardor por la obra te haya impedido reflexionar?

Pero allí está la voz del Maestro, la Palabra divina de poder, majestuosa, de seguridad, de socorro, capaz de caminar sobre las aguas y de dominar la naturaleza; pero con la misericordia de exhortar con dulzura cuando se nos escapa la fe. Este Jesús es el que toma tu mano, te levanta del fracaso y te coloca nuevamente en la barca de la vida (v-32) para que vuelvas a luchar diciéndote que no puedes cambiar tu pasado pero que él puede cambiar tu futuro. Puede que a la vista del hombre parezcamos fracasados, hasta el ministerio del Señor con sólo doce discípulos frente a las mega-iglesias de este tiempo parece un fracaso. Pero para Dios ninguno de sus hijos es un fracasado.

Frente a un fracaso en tu vida cristiana recuerda que:

  No puedes cambiar lo que fuiste pero con la ayuda de Dios puedes cambiar lo que eres. ¡Esfuérzate y se valiente!

CONCLUSIÓN

  Pedro pudo haber dudado, pero a fuerza de ser honestos, también hemos de extraer del pasaje que su impulso fue parte de su deseo de estar a los pies del Maestro. 

Lo que debes creer como hijo de Dios es que con Jesús en tu barca las razones por las que has fracasado dejan de existir. 

¡Toma una acción y extiende tu mano para que Jesús pueda asirte de ella y levantarte nuevamente! (v-31)

  Este incidente, como otros en la vida de Pedro, tal vez fueron necesarios para hacernos ver que no podemos cambiar nuestro pasado ni nuestros fracasos, los dejamos en las manos del dueño del tiempo, pasado y presente. Pero sí podemos cambiar nuestro futuro si nos permitimos  aceptar que como seres humanos falibles caeremos, pero tenemos la mano de Jesús extendiéndola para asirnos y levantarnos. 

Y por último, recuerda que la Palabra no dice mañana ni la semana que viene ni el mes o el año próximo, sino "al momento". Cuando permites que Jesús suba contigo a tu barca la tormenta, los truenos del enemigo y el viento contrario ceden ante la presencia majestuosa del Rey de Reyes.

¡A El sea la gloria!