EL SERMÓN DEL MONTE (3)

 ¡Felices los infelices!

por Rubén O. Flores

Texto base: Mateo 5: 4

  INTRODUCCION:

      Alguien dijo que una vez un hermano en Cristo le comentó que iba manejando su auto y pensando tristemente en todas las cosas que le estaban pasando. En una de las calles vio a un hombre caminando descalzo y empujando un carrito de madera cargado de cartones. En uno de los lados tenía un cartel que decía: "DIOS ES AMOR". Cuando el hermano vio la escritura y al hombre casi sin ropa y descalzo, se puso a llorar por su propia falta de fe en que Dios podría consolar su pena y suplir sus faltas.

      1) LÁGRIMAS QUE BENDICEN.

         Uno de los hombres que mucho ha sufrido por el Evangelio escribe a la iglesia de los corintios:  " Bendito sea el Dios y Padre de nuestro.....Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones..." ( 2 Co. 1:3-10)

          En otra oportunidad escribiendo a los filipenses sobre los falsos maestros dijo: "Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aún ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo" ( Fil. 3:18)

           No sólo los seres humanos lloramos, también Jesús lloró. Cuando Lázaro murió dice la Escritura " Jesús lloró"  (Jn. 11:35) . Su amigo había muerto y él sentía esa separación. Sentía lo mismo que sienten aquellos que pierden un ser querido y por el que lloran. 

Pero más importante aún fueron sus lágrimas cuando  lloró por los pecados de los demás. En su entrada triunfal en Jerusalén ( Lc. 19:41-42) lloró por la ciudad.

Se me ocurre que muchas veces lloramos por diferentes cosas que ocurren en el mundo, un auto-bomba, un derrame de petróleo que afecta la naturaleza y sus seres vivientes, un accidente ferroviario o de aviación, hombres atrapados en un submarino con problemas, etc. Sin embargo no son sólo los pecados o los problemas de otros los que deberían causarnos lágrimas. Nosotros también deberíamos, además de llorar por nuestros problemas, llorar por nuestros propios pecados.

La experiencia que verdaderamente nos transforma es la que nos hace enfrentar con nuestras propias fallas y  darnos cuenta de lo que el pecado puede hacer en nosotros. Nos encontramos a diario con personas que viven su vida sin preocuparse demasiado por los efectos que puedan causar sus acciones. Creen que no habrá mayores consecuencias. Pero pasa el tiempo y un día una circunstancia cualquiera los hace mirar hacia Dios y allí ven el horror de la cruz de Cristo y lo que costó que pudieran llamar a Dios Padre, las lágrimas acuden a su rostro y bendicen su alma.Son consolados en su aflicción por lo que han hecho y se produce el momento glorioso en que, como dice la Escritura, los ángeles alaban a Dios por un pecador que se ha arrepentido.

  2) AFLICIÓN QUE TRAE GOZO.

  ¿Qué clase de aflicción puede ser la que nos trae gozo?

El rey David dice en el Salmo 25:18 "Mira mi aflicción y mi trabajo, y perdona todos mis pecados". Y más adelante agrega en el Salmo 31:7 "Me gozaré y alegraré en tu misericordia, Porque has visto mi aflicción; Has conocido mi alma en las angustias".

Según las palabras de Jesús en la primera bienaventuranza ser pobre espiritualmente y reconocerlo, es ser bienaventurado pero además hay quienes llorar y se lamentan y reconocen que sólo en Dios pueden ser consolados y encontrar solución a sus angustias.

¿Cuántas veces has tratado de sonreir ante los demás creyendo que la vida cristiana es mantener una sonrisa constante para que los demás vean que estás lleno del Espíritu Santo? Parece que el capítulo 11 de Hebreos no fue escrito para estos tiempos, que aquellos cristianos tal vez lloraron cuando fueron aserrados, o cortados porque no estaban llenos del Espíritu. Que Jesús no lloró ante la tumba de Lázaro o en el huerto de Getsemaní. ¿Cuántas veces te has reprimido de llorar angustiado por alguna situación para no mostrar al mundo que el cristiano también sufre?  Jesucristo dijo: "En el mundo tendréis aflicción pero confiad, yo he vencido al mundo"  

Pero las palabras de Jesús aún van más allá, significan que eres bienaventurado cuando lloras reconociendo tu propia pobreza moral que te lleva a sus piés . Allí encuentras consuelo para tu tristeza, perdón para tus pecados y gozo en el corazón por la paz que proviene de El.  El mayor consuelo que tienes en ese momento es saber que uno de los oficios de Cristo es el de vendar tu corazón quebrantado.

Felices los que lloran y se sienten consolados por el aceite que Cristo derrama sobre sus heridas. Los que sienten en su corazón llorar por los oprimidos por el diablo.

Pero más que nada, dice Jesús, "felices los que lloran por su propia miseria espiritual, porque ellos no solo son perdonados sino consolados, acariciados y abrigados por cristo y encuentran paz en sus corazones".  

Que Dios te consuele en este día en que quizás estés pasando por alguna aflicción, confía en El y sentirás el bálsamo de su amor y su misericordia, y si has pecado, no te has sabido contener o sólo te sientes debilitado espiritualmente, recuerda que Jesús, por medio del Espíritu Santo está pronto para mostrarte cuán bienaventurado es ser consolado por el mismo Dios porque así lo ha prometido. 

Dios te bendiga.