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EL SERMÓN DEL MONTE (3)¡Felices los infelices! |
Uno de los hombres que mucho ha sufrido por el Evangelio escribe a la
iglesia de los corintios: " Bendito sea el Dios y Padre de nuestro.....Porque de
la manera que abundan en nosotros las aflicciones..." ( 2 Co. 1:3-10)
En otra oportunidad escribiendo
a los filipenses sobre los falsos maestros dijo: "Porque
por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aún ahora lo digo
llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo" ( Fil. 3:18)
No
sólo los seres humanos lloramos, también Jesús lloró. Cuando Lázaro murió
dice la Escritura "
Jesús lloró" (Jn. 11:35) . Su
amigo había muerto y él sentía esa separación. Sentía lo mismo que sienten
aquellos que pierden un ser querido y por el que lloran.
Pero
más importante aún fueron sus lágrimas cuando
lloró por los pecados de los demás. En su entrada triunfal
en Jerusalén ( Lc. 19:41-42) lloró por la ciudad.
Se
me ocurre que muchas veces lloramos por diferentes cosas que ocurren en el
mundo, un auto-bomba, un derrame de petróleo que afecta la naturaleza y sus
seres vivientes, un accidente ferroviario o de aviación, hombres atrapados en
un submarino con problemas, etc. Sin
embargo no son sólo los pecados o los problemas de otros los que deberían causarnos lágrimas.
Nosotros también deberíamos, además de llorar por nuestros problemas, llorar por nuestros propios
pecados.
La
experiencia que verdaderamente nos transforma es la que nos hace enfrentar con
nuestras propias fallas y darnos
cuenta de lo que el pecado puede hacer en nosotros.
El
rey David dice en el Salmo 25:18 "Mira mi aflicción y mi trabajo, y perdona todos mis
pecados".
Según las palabras de Jesús en la primera bienaventuranza ser pobre espiritualmente y reconocerlo, es ser bienaventurado pero además hay quienes llorar y se lamentan y reconocen que sólo en Dios pueden ser consolados y encontrar solución a sus angustias.
¿Cuántas veces has tratado de sonreir ante los demás creyendo que la vida cristiana es mantener una sonrisa constante para que los demás vean que estás lleno del Espíritu Santo? Parece que el capítulo 11 de Hebreos no fue escrito para estos tiempos, que aquellos cristianos tal vez lloraron cuando fueron aserrados, o cortados porque no estaban llenos del Espíritu. Que Jesús no lloró ante la tumba de Lázaro o en el huerto de Getsemaní. ¿Cuántas veces te has reprimido de llorar angustiado por alguna situación para no mostrar al mundo que el cristiano también sufre? Jesucristo dijo: "En el mundo tendréis aflicción pero confiad, yo he vencido al mundo"
Pero
las palabras de Jesús
aún van
más allá, significan que eres bienaventurado cuando lloras reconociendo tu
propia pobreza moral que te lleva a sus piés . Allí encuentras consuelo para
tu tristeza, perdón para tus pecados y gozo en el corazón por la paz que
proviene de El.
El
mayor consuelo que tienes en ese momento es saber que uno de los oficios de Cristo es
el de vendar tu corazón quebrantado.
Felices
los que lloran y se sienten consolados por el aceite que Cristo derrama sobre
sus heridas. Los que sienten en su corazón llorar por los oprimidos por el
diablo.
Pero
más que nada, dice Jesús, "felices los
que lloran por su propia miseria espiritual, porque ellos no solo son perdonados
sino consolados, acariciados y abrigados por cristo y encuentran paz en sus
corazones".
Que Dios te consuele en este día en que quizás estés pasando por alguna aflicción, confía en El y sentirás el bálsamo de su amor y su misericordia, y si has pecado, no te has sabido contener o sólo te sientes debilitado espiritualmente, recuerda que Jesús, por medio del Espíritu Santo está pronto para mostrarte cuán bienaventurado es ser consolado por el mismo Dios porque así lo ha prometido.
Dios te bendiga.