Hacia
la conquista (4)
NO ME ENTIENDES—NO TE ENTIENDO
¿Cuántas veces has dicho a tu pareja; “tu no me entiendes”? Así le expresó Gloria a Daniel, su esposo. Cada vez que trataban de hablar sobre sus problemas, ella terminaba diciendo esas palabras. Sin embargo a Daniel le sucedía lo mismo. Cuando Gloria decía que él no la comprendía Daniel respondía con la misma frase, < La que no me entiende eres tu>. Y así, palabra va, palabra viene, en algunas oportunidades confesaron agredirse no tan sólo con palabras.
Eurípides decía que: “Más vale un entendimiento que muchas manos”.
¿Qué pasaba con Gloria y Daniel? ¿Era real lo que cada cual sentía con respecto a su pareja? Quizás un par de aclaraciones serían oportunas ya que este inconveniente no sólo le sucede a este matrimonio sino a otros muchos.
En primer lugar y lo más importante es saber si ambos aún se aman como en los primeros años. En el caso de Gloria y Daniel así era. En segundo lugar debemos aceptar que hay diferencias. Gloria es una mujer joven, de unos cuarenta años, de carácter extrovertido, ella tomó la iniciativa al comienzo de su noviazgo y luego continuó a través del tiempo. Planificó su matrimonio, la fiesta de bodas, el lugar de la luna de miel y hasta la nueva residencia en la que compartirían los años futuros. Daniel, por su parte, siempre fue un muchacho introvertido, pasivamente aislado al que no le molestaba la movilidad de Gloria, por el contrario, la realidad era que “descansaba” en ella. Ahora, con cuarenta y cinco años sobre sus hombros y veinte años juntos, ya no piensa lo mismo. Si antes era reposado, introvertido y pasivo, el paso del tiempo agudizó su manera de ser y aquello que le había agradado en Gloria hoy le es una molestia. Se siente tan incomprendido como ella.
Wayne E. Oates escribe:
“La pobreza de la respuesta
verbal de las personas pasivamente asiladas puede distraer la atención de sus
mensajes no-verbales.. . .Generalmente se casan con alguien agresivo,
conversador y que toma prácticamente toda la iniciativa en el noviazgo y en la
planificación del matrimonio. Después de haber establecido una rutina diaria
al estar casados, el cónyuge más agresivo se propone “cambiar” a su compañero
pasivamente aislado. Esto resulta en frustración.
En la terapia matrimonial y
familiar, es el cónyuge agresivo el que busca ayuda. Una de sus quejas es que
su compañero no le demuestra amor y cariño. Los compañeros pasivamente
aislados no le dicen a sus cónyuges que los aman, ni son los que
generalmente van a iniciar una relación sexual.
Se debe alentar a los cónyuges agresivos a que
observen las formas no-verbales mediante las que sus compañeros les hacen saber
cosas. Puede ser que el esposo no-verbal repare un aparato del hogar, o vaya a
buscar a su esposa al trabajo en un día lluvioso para que ella no tenga que
viajar en el autobús, o se quede cuidando a los niños para que la esposa
tenga algo de tiempo para ella. Ella se casó con una persona muy tímida, ¡y
los tímidos hablan de esa manera¡. ([1])
¿Incomprensión?
¿Incompetencia para ver el problema? No necesariamente. Tanto Gloria como
Daniel deben aprender que los seres humanos nos comunicamos con una serie de
lenguajes diferentes, y que esos lenguajes deben aprenderse para lograr una
buena comunicación en el matrimonio, así como aprendemos a leer y escribir
cuando niños.
¿Se puede volver a empezar? Por supuesto que sí, sólo faltaría asesorarse con respecto a lo último que hemos tratado. Daniel tiene un lenguaje que Gloria no acaba de entender y ella misma pasa por una situación similar. Existe todo un bagaje de lectura de la que podemos extraer nuevas enseñas en cuanto a esto. En otro momento escribiremos específicamente acerca de los lenguajes del amor.
Finalmente, una vez que Gloria y su esposo aprendieron a comunicarse según el lenguaje de cada uno vieron que no había incomprensión entre ellos, que era más que nada una cuestión solucionable poniendo un poco de voluntad. Hoy, después de algunos meses de ejercitarse en la nueva comunicación, han vuelto a ser felices. Ya no se acusan mutuamente de no entenderse, sus vidas han cambiado y Dios ha dado una vez más su bendición a un matrimonio que ha sabido amoldarse a las circunstancias, han declinado su orgullo y se mostraron realmente como buenos cristianos.
El apóstol Pablo describió el amor que todos deseamos como un amor paciente, bondadoso, que no tiene envidia ni es jactancioso. No es arrogante ni se porta indecorosamente, no busca lo suyo ni se irrita. Tampoco toma en cuenta el mal recibido. No se alegra de la injusticia sino de la verdad, pero además, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.
¿Qué esto es difícil? Cuando el Espíritu de Dios está en cada uno de los cónyuges nada es difícil porque nada hay imposible para Dios.
Como siempre, mi amada
esposa y yo, que pasamos por situaciones similares, deseamos para tu matrimonio
toda la bendición que Dios les tiene reservada.
[1] Wayne E. Oates “Tras las mascaras” , El Paso, Tx p. 102, Casa Bautista de Publicaciones, 1989.