En
la primera parte hablamos acerca de aquellas conductas que llevan al
fracaso, de las que llevan a la esclavitud y de las que afectan a los demás.
Escribimos también que la conducta es la manera en que los seres humanos
dirigimos nuestras propias acciones. Podemos Tener una conducta inmejorable, una
deplorable, pasiva o activa, positiva o negativa, responsable o irresponsable.
Pero siempre existe una acción y esa acción trae sus resultados. Sir
Winston Churchill contrariando las voces de muchos en momentos en que las
bombas destruían Inglaterra, dijo:
“¡La
guerras no se ganan con retirarse”!
Para algunos esa conducta pudo parecer irresponsable, para otros quizás no, tal vez pudieron ver la motivación del Primer Ministro. Lo importante es que en nuestra lucha diaria podamos entender que en medio de una guerra, y no me refiero a la de Medio Oriente, sino a la guerra espiritual a la que tenemos que enfrentarnos cada día. De una u otra manera, nuestra conducta derivará en resultados que tal vez ni pensamos.
Hoy
hablaremos de la conducta irresponsable de Micaía, un hombre que dejó de lado
a Dios y que hizo lo que le pareció bien según su criterio:
(Jueces 17 y 18)
I)
CONDUCTAS QUE LLEVAN A LA IDOLATRIA.
1.-
Micaía y su madre,
como tantos en estos días tenían una religión personal. Si bien nombran a
Jehová como su Dios y dedican a él parte
de su dinero la administración de esa ofrenda fue totalmente equivocada. (Se
hacen dioses personales).
2.-
Vemos también la falta de un liderazgo sacerdotal. Micaía levantó a uno de
sus hijos para que fuera SU SACERDOTE
personal. Hoy
muchos creen tener un sacerdote, un pastor y un dios personal que les permite al
mismo tiempo su conexión con otros dioses y otras religiones. Esto tiene sus
resultados:
II)
CONDUCTAS QUE LLEVAN A LA REBELDÍA.
1.-La
conducta de muchos padres al estilo de Micaía lleva a sus hijos a no tener
conciencia, no distinguir entre el
bien y el mal, traicionar, golpear
o matar a alguien, incluyendo a sus amigos y familiares, suicidarse, quedar
embarazadas, contagiarse con HIV o abortar. Tener ídolos de carne y hueso que
no son ejemplo para nadie.
2.-
Tenemos falta de
liderazgo espiritual por parte de los padres porque para muchos de ellos Dios no
es importante. Y si no es
importante para ellos tampoco lo será para sus hijos. Después nos preguntamos
por qué muchos jóvenes están incrédulos, desamorados y sin respeto hacia los
padres o mayores. Jesús ya lo anunció cuando habló de las señales antes del
fin. “El hermano entregará a la muerte al
hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los
harán morir”( Mateo 10:21)
III)
CONDUCTAS QUE LLEVAN A LA APOSTASÍA.
La conducta de Micaía
no sólo provocó problemas espirituales a su familia sino a otros. El verso 7
nos dice que contrató por dinero a un joven de Belén de Judá, de la tribu de
Judá. Este joven se llamaba Jonatan y era nieto de Moisés.
El y sus hijos llegaron a ser sacerdotes dedicados a los ídolos que Micaía
había hecho fundir y por consiguiente los indujo a la idolatría. (18:30-31).
CONCLUSIÓN:
Micaía
decía creer en Jehová Dios de Israel pero hacía todo lo que a él le parecía
dejando a Dios de lado.
Podríamos
concluir preguntándonos ¿Cuando dejamos a Dios de lado?
1)
Dejamos a Dios de lado cuando
no enseñamos a nuestros hijos y nietos su Palabra y luego preguntarnos por que
el mundo se va rumbo al infierno...
2)
Dejamos a Dios de lado
cuando creemos todo lo que otros dicen pero cuestionamos lo que Dios dice en la
Biblia...
3)
Dejamos a Dios de lado cuando
entregamos nuestro país a curanderos y manosantas y después queremos no vivir
esclavizados por el diablo.
4)
Dejamos a Dios de lado cuando
no le permitimos dirigir nuestra
economía, pero le
pedimos que nos bendiga, proteja y prospere.
5)
Dejamos a Dios de lado cuando
hacemos nuestros propios planes pero
decimos: “Hágase tu voluntad.”
6)
Dejamos a Dios de lado
cuando pretendemos ir al cielo por nuestras buenas acciones menospreciando la
cruz de Cristo, y queremos salvarnos sin creer, pensar, decir o hacer lo que la
Biblia dice que debemos hacer para llegar allá...
La
consagración es una lucha de todos los días. Queremos vencer en nuestras
batallas de cada día pero dejamos nuestras responsabilidades para que las tome
otro.
Como
dijo Churchill:“Las guerras no se ganan con retirarse”