LA CONDUCTA Para la conquista (Parte 2)

"En aquellos días no había rey en Israel, y cada uno hacia lo que bien
le parecía."  Jueces 17:6

 

En la primera parte hablamos acerca de aquellas conductas que llevan al fracaso, de las que llevan a la esclavitud y de las que afectan a los demás. Escribimos también que la conducta es la manera en que los seres humanos dirigimos nuestras propias acciones. Podemos Tener una conducta inmejorable, una deplorable, pasiva o activa, positiva o negativa, responsable o irresponsable. Pero siempre existe una acción y esa acción trae sus resultados. Sir Winston Churchill contrariando las voces de muchos en momentos en que las bombas destruían Inglaterra, dijo:

 “¡La guerras no se ganan con retirarse”!

 

Para algunos esa conducta pudo parecer irresponsable, para otros quizás no, tal vez pudieron ver la motivación del Primer Ministro. Lo importante es que en nuestra lucha diaria podamos entender que en medio de una guerra, y no me refiero a la de Medio Oriente, sino a la guerra espiritual a la que tenemos que enfrentarnos cada día. De una u otra manera, nuestra conducta derivará en resultados que tal vez ni pensamos.

 Hoy hablaremos de la conducta irresponsable de Micaía, un hombre que dejó de lado a Dios y que hizo lo que le pareció bien según su criterio: (Jueces 17 y 18)

 I) CONDUCTAS QUE LLEVAN A LA IDOLATRIA.

 1.- Micaía y su madre, como tantos en estos días tenían una religión personal. Si bien nombran a Jehová como su Dios y dedican a él  parte de su dinero la administración de esa ofrenda fue totalmente equivocada. (Se hacen dioses personales).

2.- Vemos también la falta de un liderazgo sacerdotal. Micaía levantó a uno de sus hijos para que fuera SU SACERDOTE personal. Hoy muchos creen tener un sacerdote, un pastor y un dios personal que les permite al mismo tiempo su conexión con otros dioses y otras religiones. Esto tiene sus resultados:

 

II) CONDUCTAS QUE LLEVAN A LA REBELDÍA.

  1.-La conducta de muchos padres al estilo de Micaía lleva a sus hijos a no tener  conciencia,  no distinguir entre el bien y el mal,  traicionar, golpear o matar a alguien, incluyendo a sus amigos y familiares, suicidarse, quedar embarazadas, contagiarse con HIV o abortar. Tener ídolos de carne y hueso que no son ejemplo para nadie.

 2.- Tenemos falta de liderazgo espiritual por parte de los padres porque para muchos de ellos Dios no es importante.  Y si no es importante para ellos tampoco lo será para sus hijos. Después nos preguntamos por qué muchos jóvenes están incrédulos, desamorados y sin respeto hacia los padres o mayores. Jesús ya lo anunció cuando habló de las señales antes del fin. “El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir”( Mateo 10:21) 

 III) CONDUCTAS QUE LLEVAN A LA APOSTASÍA.

      La conducta de Micaía no sólo provocó problemas espirituales a su familia sino a otros. El verso 7 nos dice que contrató por dinero a un joven de Belén de Judá, de la tribu de Judá. Este joven se llamaba Jonatan y era nieto de Moisés.  El y sus hijos llegaron a ser sacerdotes dedicados a los ídolos que Micaía había hecho fundir y por consiguiente los indujo a la idolatría. (18:30-31).


CONCLUSIÓN:

 

 Micaía decía creer en Jehová Dios de Israel pero hacía todo lo que a él le parecía dejando a Dios de lado.

Podríamos concluir preguntándonos ¿Cuando dejamos a Dios de lado?

 1) Dejamos a Dios de lado cuando no enseñamos a nuestros hijos y nietos su Palabra y luego preguntarnos por que el mundo se va rumbo al infierno...
     
2) Dejamos a Dios de lado cuando creemos todo lo que otros dicen pero cuestionamos lo que Dios dice en la Biblia...

3) Dejamos a Dios de lado cuando entregamos nuestro país a curanderos y manosantas y después queremos no vivir esclavizados por el diablo.

4) Dejamos a Dios de lado cuando no le permitimos dirigir  nuestra economía, pero le pedimos que nos bendiga, proteja y prospere.

5) Dejamos a Dios de lado cuando hacemos nuestros propios planes  pero decimos: “Hágase tu voluntad.”

 6) Dejamos a Dios de lado cuando pretendemos ir al cielo por nuestras buenas acciones menospreciando la cruz de Cristo, y queremos salvarnos sin creer, pensar, decir o hacer lo que la Biblia dice que debemos hacer para llegar allá...

La consagración es una lucha de todos los días. Queremos vencer en nuestras batallas de cada día pero dejamos nuestras responsabilidades para que las tome otro.

Como dijo Churchill:“Las guerras no se ganan con retirarse”