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EL SERMÓN DEL MONTE (5)¡LOS DE ESPIRITU HAMBRIENTO! |
por
Rubén O. Flores
Texto
base: Mateo 5: 6
En primer lugar no todas las palabras que usamos
diariamente tienen el mismo significado para unos que para otros. En muchas
ocasiones las palabras que empleamos son subjetivas. Tienen un pensamiento, una
historia en la persona que las usa, hablan acerca de su lugar de origen, de su
familia, de su educación, de sus costumbres. No es lo mismo para el argentino
cuando habla de "hambre" que para un habitante de Biafra. El
significado de la palabra está condicionado por la experiencia de la persona
que la usa.
Séneca escribió: Un
pueblo hambriento no atiende razones, ni se pacifica con la justicia, ni se
doblega ante ninguna súplica".
En los países en los
que no existe esclavitud, en los que no hay problemas políticos, {aunque en
realidad quisieramos saber si existe un lugar en esta tierra en el que no hay
problemas políticos}, cuando decimos que tenemos hambre quizás no pretendemos
decir que nos comeríamos todo lo que hay sobre la mesa. Nuestro apetito puede
calmarse muchas veces hasta con un plato de sopa.
Estudiamos que en la antiguedad el
salario de un obrero equivalía a unos 8 centavos de dólar y aún así no
servía de mucho. En Palestina se comía carne una vez por semana. Hoy existen
lugares en los cuales no se come carne ni en un mes. En la antiguedad la
mayoría de las personas no tenía agua corriente en sus casas.
El hambre al que se refiere Jesús no es el que podemos satisfacer comiendo un bocado a mitad de la mañana o con un plato frugal. Tampoco es la sed que se apaga con un vaso de agua. Ni tampoco es la justicia del momento. Es el hambre del que durante toda su vida no ha comido lo suficiente para quedar satisfecho, o que quizás hace varios días que no tiene nada para comer y es la sed del que sabe que a menos que encuentre agua morirá.
I) LA JUSTICIA LEGAL.
II) LA JUSTICIA MORAL.
¿Deseo
justicia moral? entonces debo dejar de mentir, de excusarme detrás de
mecanismos de defensa, dejar de culpar a los demás por mi falta de crecimiento.
¿No era la justicia de los fariseos llena de reglas
de conducta que no satisfacían el apetito espiritual de su época? ¿Esta
es la justicia de carácter y conducta que agrada a Dios?. Debo aceptar que no
puedo proyectar en los demás el problema moral que aqueja a mi comunidad cuando
yo soy parte de ella.
¿Es nuestro interior pleno de deseo de una justicia moral? Entonces debo
aceptar que "de la abundancia del corazón habla la lengua" y mi
corazón debe estar pleno de deseo de llevar a cabo la justicia que proviene de
la voluntad del Padre. Debo tratar de plantear soluciones y no escollos, debo
insistir como miembro de iglesia en que las situaciones se solucionen para bien
de la comunidad que me congrega y mi pretendida justicia moral no es irme a otra
congregación cuando las cosas no están del todo bien entre los hermanos.
En alguna oportunidad he preguntado a alguien por qué no se está
congregando y la respuesta fue que a pesar de no hacerlo su relación con Dios
es buena.
¿Es una relación No se puede pretender que la palabra
"justicia" significa solamente tener una relación correcta con Dios
por una parte y una justicia moral de carácter y conducta por otra. Muchos
dicen tener una buena relación con Dios pero ni siquiera tienen una buena
relación con sus hermanos en Cristo. No puede
haber lo primero si no existe lo segundo porque la justicia bíblica es más que
un asunto privado y personal es un asunto social
III) LA JUSTICIA SOCIAL.
Como hemos aprendido de los profetas, la justicia social se interesa por la liberación del ser humano de la opresión y de promocionar la de los derechos civiles, la justicia en las cortes legales, la integridad en las relaciones comerciales y el honor en el hogar y en los asuntos familiares. Si llego tarde a algún lado no puedo echar culpas permanentemente a los medios de transporte Hay muchos que tienen un deseo instintivo de justicia, pero es un deseo débil, generalizado, dicen: ¡ oh cuánto deseo que haya justicia! ¿Pero qué clase de justicia?. Cuando llega el momento de tomar una decisión no está preparados para el esfuerzo. No están dispuestos a hacer el sacrificio que la justicia demanda.
CONCLUSIÓN:
El hambre y sed de
justicia que requiere Dios es el hambre y sed continuas. Es el hambre y
la sed que no pueden ser saciados con nada que no sea la consumación de la
justicia que anhelamos no sólo por derecho propio sino por el derecho de los
demás. No hay mayor secreto para el crecimiento en la vida cristiana que tener
permanentemente un vigoroso y saludable apetito. No basta lo que hemos aprendido
en tiempos anteriores sobre la vida cristiana, debemos tener hambre y sed por el
crecimiento futuro.
Por último; también debemos
comprender que en esta vida nuestra hambre nunca será plenamente saciada ni
nuestra sed totalmente apagada. (Juan 6:35)
¿Se refiere Jesús que una vez que
le recibimos no tendremos que tomar más agua? ¿O es el hecho de que el vacío
de nuestra alma será llenado y no tendrá necesidad de clamar más como el
siervo clama por las corrientes de las aguas?
Vemos en estos últimos tiempos que ha
decrecido el apetito por las enseñanzas espirituales, muchos cristianos están
débiles porque no se alimentan diariamente. Ha decrecido su espíritu
hambriento o no lo han tenido más que un poco al principio por curiosidad.
Muchos miran las experiencias
pasadas como algo que se ha alcanzado y no se necesita nada más, pero se
olvidan de mirar hacia el desarrollo futuro. El mismo Señor habló por boca de
Juan en Apocalipsis con respecto a los tibios.
"
Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o
caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi
boca! ( Apoc. 3: 15-16).
Como todas las cualidades incluidas en las bienaventuranzas, el hambre y la sed son características perpetuas de los discípulos de Jesús. Y deben ser tan perpetuas como la pobreza de espíritu, la mansedumbre y el llanto de las tres primeras. Sólo cuando estemos en la misma presencia del Altísimo dejaremos de tener hambre y sed, sólo entonces Cristo nuestro Pastor nos guiará a fuentes de aguas de vida. También Dios ha prometido un día de juicio en el que el bien triunfará y el mal será destruido y después del cual "habrá nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales morará la justicia" y no seremos defraudados como lo hacen los hombres.
El Señor siga concediéndonos su bendición.