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COMO
EMPRENDER UN PROGRAMA DE FE (8)
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INTRODUCCIÓN:
Estamos escuchando en estos días acerca de la negociación de las leyes
en el Senado argentino, todos proclamamos a voz en cuello nuestra santidad y
justicia, en
consecuencia acusamos a otros de corrupción. Creo que como nación joven
todavía no hemos crecido lo suficiente como para diferenciar realmente entre
estar identificados para llevar a la práctica o solamente interesados en cumplir con los
valores que juramos practicar en el
momento de aceptar puestos políticos.
Sin embargo y a pesar de las críticas, seguimos proclamando una santidad
que no practicamos, cada día se descubren nuevas fallas y grietas en los
gobiernos, lo cual certifica lo que dicen las Sagradas Escrituras “...todos somos
pecadores”. El interés por una plataforma de pensamientos no implica la
identificación con los valores morales que proclamamos. No siempre estos
valores van de la mano con la práctica.
Los periodistas están llenando páginas de diarios y espacios de
comunicación con la palabra “fraude” , el mundo ha puesto sus ojos en la
Argentina de la misma manera que lo hizo con Estados Unidos en la época del
Watergate. Acusamos y enjuiciamos sin darnos cuenta que como argentinos no sólo
quizás estamos negociando las leyes en el Senado sino también nuestra fe.
Durante
el transcurso de mi vida en este mundo debo tomar decisiones:
¿aprobar o negar, dar o recibir, proclamar lo que vivo o vivir lo que
proclamo, renunciar o continuar? Puedo citar la ley de Dios para hacer que otros
hagan lo que yo no estoy dispuesto a hacer, puedo enseñar preceptos que no
estoy dispuesto a cumplir, pero una cosa es segura, debo tomar decisiones.
El apóstol Pedro había tomado la decisión de seguir a Cristo. El había formado parte del grupo de los tres más íntimos de Jesús, muchas veces actuó en nombre de los discípulos del Señor, como en la confesión de Cesarea cuando dijo a Jesús: ”.... tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Pero cuando el apóstol Pablo escribe a los Gálatas reprende a Pedro por su dependencia de los judaizantes, fanáticos religiosos que pretendían que los gentiles cumplieran la ley tal como ellos, (si es que la cumplían tal como la enseñaban) .
Pablo
lo acusa de simulación, de trasgresión por abandonar sus convicciones,
de hacerse dependiente de las ideas de otros e independiente de Dios.
Pedro había negociado su fe por miedo al qué dirán queriendo “quedar bien
con los hombres más
que con Dios".
La
Biblia nos enseña que debo ser leal a Cristo, quebrar mi propia independencia,
dejar que mis ideas sean saturadas por la Palabra de Dios y permitir que El las
transforme en algo positivo que ayude a otros a vivir una vida honorable.
En
nuestro razonamiento acusamos a los políticos de fraude institucional cuando en
realidad el poder que les hemos dado para legislar debe procurar una vida pública
más agradable no sólo a nuestros ojos sino a los ojos de Dios.
En la vida de
los primeros cristianos no tenía lugar la política, eran un grupo
insignificante bajo el poder del imperio romano, un
grupo que no tomó las armas para proclamar sus ideas, un grupo minoritario que
el imperio no tuvo en cuenta. Pero ese grupo insignificante revolucionó al mundo con la aplicación práctica
de las enseñanzas de su Maestro.
Queremos, proclamamos y defendemos
nuestra independencia basada en la democracia, en nuestras iglesias la
proclamamos tanto y estamos tan orgullosos de que todos opinen que sin darnos
cuenta nos estamos haciendo también independientes de las enseñanzas de Dios, y al hacernos
independientes de Dios, nos hacemos sin darnos cuenta, dependientes de las ideas
de los hombres.
II)
¿MINORIA O MAYORIA?
¿Cuándo
una minoría se transforma en mayoría?
Ya
desde la época de Abraham hubo problemas sociales. La ciudad de Ur de los
caldeos era una ciudad importante para aquel tiempo pero no estaba exenta de
agobios políticos, económicos y sociales. Abraham y toda su familia fueron
llamados a una tierra diferente para construir allí una nación grande y
poderosa. Todo el clan pasó de la idolatría de los caldeos al monoteísmo, de
una relajada sociedad politeísta a las exigencias de una vida regida por su
nueva fe.
Los
historiadores muestran que no fue sólo Abraham y su familia quienes llegaron a la
tierra de Palestina. Grandes masas de gente llegaron también en aquellos
tiempos. Hubo luchas entre los jefes de los distintos clanes por la conquista
del poder, muchos hombres importantes de aquel momento son nombrados por la
historia pero los patriarcas no aparecen como relevantes .
¿Creería
acaso aquel pequeño clan de no más de 80 personas que llegó a Egipto llevado por el
hambre que finalmente se convertiría en una nación poderosa?
Existe
una gran diferencia entre los grupos mayoritarios políticos de todos los
tiempos y “la gran minoría” que es el pueblo de Dios. La actividad que
promueve el cristianismo no es sobre la base de una revolución armada sino
espiritual. Las armas matan, destruyen, terminan oxidándose y arruinándose,
la revolución que promovió Dios con sólo doce hombres con un poco de fe,
habla de un
Dios que se interesa por la justicia, la compasión, la honestidad, la libertad
de conciencia y la libertad social y continúa a través de los tiempos. Una
libertad de conciencia basada en la firmeza de la fe en un Dios que trasciende,
que aún toma su tiempo para esperar a que los hombres se arrepientan, le
reconozcan y acepten.
Como
contrapartida, el orgulloso imperio egipcio y el lleno de soberbia imperio
romano tal como se los conoció, terminaron por desaparecer.
No
existe la palabra “minoría” en el lenguaje de Dios. El apóstol Pablo
escribió que “...somos más que vencedores por medio de aquel que nos
amó”
( Ro. 8:37).
Por
lo tanto la elección de no negociar la fe que nos ha sido dada por Jesucristo, “...
el autor y consumador de la fe”
(Hebreos
12:2)
no le corresponde a un
grupo pequeño o grande según sean las circunstancias, sino en forma particular
a cada uno de nosotros.
Negociar
las leyes en el congreso basándose en sobornos es un fraude pero también es un
fraude negociar nuestra fe para quedar bien con los hombres y sus ideas
contemporáneas porque tenemos temor de ellos. (
Gál. 2: 12). No se puede pretender emprender un
programa de fe en esas circunstancias. Pedro pretendió hacerlo y Bernabé fue
arrastrado por su hipocresía, Pablo le reprendió y le recordó que no se
pueden reedificar las cosas que un día resolvimos destruir para seguir a
Cristo. Si pretendemos construir un futuro para nuestros hijos en esta nación
debemos hacerlo sobre la base de la obediencia y dependencia de las enseñanzas
de Dios y la autoridad de Su verdad.
Aunque
muchas veces se le conoce más por su negación a Cristo que por su trabajo
entre los judíos y gentiles, Pedro fue un baluarte indudable en la proclamación del Evangelio
y un ejemplo de perseverancia para todos nosotros.
Bajo la dependencia de Dios
siempre existe un tiempo de arrepentimiento, perdón y posibilidad de volver
a emprender un nuevo programa de vida sin necesidad de negociar nuestra fe
por temor al qué dirán.
Dios nos
ayude a perseverar.