Devocional

¿VOLVER A NACER?

      Texto base: Lc. 22:31-32

      Texto del día; Isaías 6:1 ; Hechos 7: 55 ; Juan 3:7

        INTRODUCCIÓN:

        Santa Teresa de Jesús escribió : “No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido,  para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en esa cruz y escarnecido”.

      ¡Qué tremenda concepción espiritual de su propia naturaleza! Nos identificamos con ella y con el profeta de labios impuros y nos preguntamos ¿ Cómo podemos elevar nuestra alabanza a un Dios tan puro y perfecto como nuestro Dios? Nuestra conciencia, como la del profeta se siente agobiada muchas veces por el sentido de impureza y de fracaso personal en cumplir con su precepto: “Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”( Mt. 5:48). Pero ese Dios perfecto no nos deja en esta condición y suple con su gracia redentora nuestras necesidades dándonos la dádiva de la vida eterna en un nuevo nacimiento.Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” ( Jn. 3:6).

      La pregunta de hoy:  ¿Cuál es el precio de la visión tal como la vieron estos hombres y mujeres de Dios?         La respuesta en primer lugar sería:

       1) MORIR A TODO EN MI VIDA  Jn. 3:7

   “Os es necesario nacer de nuevo”

        La respuesta a la pregunta de Nicodemo es : “Sólo cuando estés dispuesto a morir a todo en tu vida y permitas que el Espíritu Santo produzca en ti una nueva vida”. ¿Qué hace que personas simples y ordinarias lleguen a tener una visión de Dios tan diferente a la de muchos de nosotros? 

        ¿Será que nuestro conocimiento de Jesús es el resultado de lo que he aprendido de otros y no de la percepción espiritual interna y propia? La obra del nuevo nacimiento se hace evidente y efectiva en nosotros cuando dejamos de  pecar, no se trata solo de que tenemos poder para evitar el pecado, sino de que debemos dejar de pecar. La Biblia dice que “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado...” ( 1Jn. 3:9)  Sin embargo esto no quiere decir que el nacido de nuevo no puede pecar sino que, si vamos a obedecer al Espíritu Santo, no tenemos que pecar. Claro, podemos decir que no pecamos y entonces, como dice el apóstol Juan “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Jn. 1:8)  
  
     ¿Será que en muchos creyentes la propia conciencia ha cauterizado la  concepción del pecado? Las máscaras que usamos a diario para no quedar al descubierto han dejado de ser “mentiras” y han pasado a ser “medias verdades”. Al “nacer de nuevo”, el Espíritu Santo comienza a trabajar en nosotros hasta eliminar todo lo que existe de nuestra vida anterior. (esto si le dejamos obrar).

         No hay duda que algo pasa en la vida de algunas personas. Tanto Isaías, como Esteban tuvieron una visión de la gloria del Trono de Dios. Y cuál fue el precio de ver esa gloria sino el de verse a sí mismos en su impureza terrenal.

        La visión para Isaías vino después de que él quitó sus ojos de un soberano terrenal y los elevó al trono de un Rey eterno. (I saías 6:1)

        La visión para Esteban vino después de que quitó sus ojos de la pobreza espiritual de aquellos que le escarnecían y lleno del Espíritu Santo puso su ojos en el cielo. ( Hech. 7:55)   Volvemos a la pregunta inicial ¿Cuál fue el precio de la visión que tuvieron?

          2) DEBIERON NACER DE NUEVO  (Jn. 3:3)

        “..el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios”

         Ellos necesitaron de un “VOLVER A NACER”, Isaías fue limpiado con un carbón encendido del mismo altar del incienso y equipado para la alabanza, la oración intercesora y la proclamación de la Palabra de Dios. Esteban fue llenó del Espíritu Santo y nadie lo podía negar porque     “..lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo” ( Hech. 6:8).

         La historia de los grandes avivamientos comienza con hombres “QUE VOLVIERON A NACER , personas a las que Dios tuvo que “limpiar”, a las que tuvo que hacerles quitar la vista de su entorno para que la fijaran en él. Muchas veces hasta nuestros amigos y hermanos en la fe ocupan el lugar de Dios y cuando él los quita de nuestro lado vacilamos, fracasamos y nos descorazonamos y decimos ¡ Ya no es lo mismo, falta tal o cual persona ! Esto se hace necesario y Dios lo permite para ocupar él el primer lugar en nuestras vidas. Mi visión de Dios depende de la condición de mi vida espiritual. Sin embargo debo preguntarme ¿Reúno las condiciones para que se me pueda revelar la verdad? ¿ He dejado de “ver a mi alrededor” para que como Isaías pueda decir “..vi yo al Señor” ? 

        Hasta que no hayamos “vuelto a nacer” y comencemos  a ver realmente el reino de Dios, sólo estaremos viendo las cosas bajo la perspectiva de nuestros propios prejuicios.

        ¿Se han observado cambios en mi vida que demuestren que el “nuevo nacimiento” ha operado una progresiva santificación? ¿Estoy en condiciones de ser examinado a la luz de años anteriores y ver que los resultados son positivos?

        CONCLUSIÓN

        Dice el Salmo 123:2 : “Así como los ojos de un siervo están clavados en su amo, nuestros ojos deberían estar dirigidos y centrados sólo en Dios”.

        'Volver a nacer"  produce una crisis en mi vida que me hace quitar las máscaras que uso a diario. La máscara del religioso, del buen lector de la Biblia, del buen adorador, del excelente evangelista, del buen pastor o de tantas otras. "Volver a nacer"me hace ver tal y como se vió Isaías. "¡Ay de mi que soy muerto; porque siendo  hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos"  ¿Que actitud adopto en esta circunstancia? ¿ Una postura en favor mío o en favor de Dios? Si no nos hemos enfrentado a esta crisis del “nuevo nacimiento “entonces será hora de ponernos a pensar seriamente si realmente somos “NACIDOS DE NUEVO”.

        El Señor nos permita en este día llegar a una conclusión sincera sin usar máscaras que oculten la realidad de nuestra vida espiritual y poder contestar con un sí rotundo a la pregunta de: ¿HAS NACIDO DE NUEVO?

        Dios te bendiga en este día.