¿VOLVER A
RECORDAR O NO?
Texto
Base Lc. 22:31-32
Texto del día Isaías 44: 21-22
Alguien dijo en una oportunidad: “¡
Bienaventurado el que tiene recuerdos que pueden fortalecer su espíritu!
“.
¡Qué bueno es poder recordar cuando los recuerdos traen paz al corazón!
Gustavo A. Becquer en una de sus rimas escribió acerca de los recuerdos: “Como
un enjambre de abejas irritadas, de un oscuro rincón de la memoria, salen a
perseguirnos los recuerdos de las pasadas horas”
Cuántas personas hemos conocido que no gustan de recordar algunas horas
de su vida y tal como decía Becquer sus recuerdos son como abejas que los
atormentan de día y de noche.
Sin embargo Dios nos exhorta a través del profeta Isaías a recordar
algunas cosas que los redimidos del Señor parece que olvidamos y a olvidar
otras en las que persistimos en recordar.
Dos preguntas en este día: ¿Qué
cosas no debo recordar? y ¿qué
es lo que realmente debo recordar?
1) NO RECORDAR EL MAL QUE UNA VEZ
HE VIVIDO Y
APRENDIDO
La exhortación de Dios al pueblo de Israel fue la de olvidar la
insensatez de su idolatría, Y una de las peores cosas que están ocurriendo en
este momento en el corazón de muchaspersonas es esa persistente insensatez de
creer que cualquier cosa, cualquier método, cualquier persona y aún cualquier
religión puede solucionar su vida y sanar sus recuerdos.
¿Puede una persona sensata e inteligente pensar que una piedra le da la
capacidad de modificar su vida y sus recuerdos? ¿ Puede alguien en su sano juicio creer que un trozo de
materia inanimada tiene la capacidad de sanar el alma herida por los recuerdos?
El apóstol Pablo dice en Ro.
6:16 “...sois esclavos de aquel a quien obedecéis...”
¿ De qué o de quién soy esclavo? Lo primero que debo admitir para
comenzar a buscar una solución a mi vida es que debo examinar lo que me
controla y me domina. Y lo segundo es que debo admitir que nadie hay mas
responsable que yo mismo por dejarme arrastrar. Cuando cedemos a “algo”, sea
lo que sea, pronto nos daremos cuenta el terrible control que este “algo”
ejerce sobre nosotros. Y a pesar de ese control no trae solución definitiva a
nuestros problemas.
Muchos hoy pretenden vivir una vida cristiana sin problemas ni
compromisos, una vida cristiana fácil, en la que nadie excepto la persona misma
tenga la capacidad de decidir qué o quién podrá darle una solución. Y allí
justamente reside el problema, en que lo que está decidiendo su destino no es
la persona misma sino aquello de lo cual es esclavo (póngale el nombre).
Vivimos en un contexto cultural en el que la importancia de la cruz de
Cristo ha quedado desvirtuada por la importancia de las propias decisiones. La
edificación del cuerpo de Cristo ha quedado desplazada por la propia edificación
y la necesidad de “sentirnos bien” nos han hecho aceptar cualquier
tipo de solución, en lo posible,
sin compromisos. Tratamos de mejorar por nosotros mismos y a través del tiempo
nos damos cuenta que a pesar del adelanto tecnológico, la solución a nuestros
problemas no aparece.
Creo que es hora de dejar de recordar lo malo que hemos aprendido y
vivido y ha causado inseguridad, insatisfacción, falta de paz y de poder para
vivir en un mundo cada día más conflictuado. Un mundo cada día mas esclavo de
sus propias decisiones egoístas y materialistas, un mundo en el que a Dios no
se le permite decidir, pero un mundo que sí permite poder de decisión a las
mas variadas formas de esclavitud en su vida.
Por ejemplo el àsunto tan publicitado del
soldado de la II guerra mundial que vivió escondido 29 años después que había
terminado la guerra porque había tardado todos esos años en vencer el temor a
caer prisionero de las tropas aliadas. Consecuencias del recuerdo de las enseñanzas
en el adoctrinamiento militar.
Las más variadas formas de opresión están sueltas en este momento en
el mundo, desempleo, pobreza, hambre, abuso infantil frecuente, alcoholismo,
tragedias familiares, abusos en los trabajos, idolatría y hasta heridas
emocionales producidas en el pasado y que se arrastran pesadamente como una
carga imposible de llevar. Algunos dicen que “el tiempo cura todas las
heridas”, pero aquellos que han sido heridos saben muy bien que esto no es
verdad, el tiempo no solo no cura las heridas sino que al pasar los años
esas heridas se van acrecentando. hasta arruinarnos la vida.
Es hora de volver a recordar que todas estas cosas tienen una solución
permanente.
De manera que la segunda pregunta es:
¿Qué es lo que realmente debo
volver a recordar para la curación de mis recuerdos y así mejorar mi vida?
2) QUE DIOS SE HA HECHO CARGO DE
TODO ESTO EN LA CRUZ DE CRISTO.
El apóstol Juan escribió: “El
Verbo se ha hecho carne y habitó entre nosotros”
La cruz de Jesucristo es el punto en el que todas las soluciones de este
mundo deben converger. No hay solución fuera de la cruz, no hay olvido fuera de
la cruz, no hay curación fuera de la cruz. La cruz es el centro de las
soluciones de este mundo, y por supuesto es el centro de la solución de
nuestros problemas. La Biblia dice: “Acerquémonos
pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar
gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).
Por medio de la cruz Cristo reconcilia con Dios a los pecadores y a los
que sufren. A
los cautivos, a los abatidos, a los quebrantados de corazón, a traer gozo en
lugar de tristeza, y un manto de alegría en lugar del espíritu angustiado. (
Is. 6l:1-3)
¡Esto
es lo que debemos recordar!
Recordar que “Dios
nos formó y no nosotros a nosotros mismos..”
(Sal. 100:3a)
Recordar que en la cruz de Cristo Dios ha borrado nuestros pecados.
Recordar que volver a Dios es volver
a la vida.
Recordar que “pueblo
suyo somos y ovejas de su prado”(Sal. 100:3b)
CONCLUSIÓN:
Como dijo el mismo Jesús, El ha venido a llevar nuestras penas, agravios
y enfermedades. Cuando alcanzamos a comprender esto, nuestro concepto de la vida
cambia, cambian nuestros pensamientos y se produce un clima de confianza en que
nuestros recuerdos sumergidos pueden aflorar a la superficie y ser sanados por
medio de su sangre bendita.
Jesucristo en la resurrección nos mostró que El no estaba limitado por
el tiempo ni el espacio. Que estaba y está en todas partes y está aquí y
ahora para sanar nuestras heridas y recuerdos. Solamente debemos recordar volver
a El y El nos aceptará tal y como lo prometió.
“Vengan a mí todos los que están cansados y afligidos que yo los haré
descansar”
Amén