¡VOLVER! (8)
UNA PERSONA DIFERENTE  

Por Rubén Oscar Flores

Texto bíblico: Lc. 22:31-32

Texto del día Lc. 1:5-17

            INTRODUCCIÓN:

                                                Alguien dijo en una oportunidad que  “ la actividad en pos de las cosas oscurece nuestra concentración en Dios”. ¿No es cierto que  las actividades, cuando son demasiadas,  tienden a distraernos de la visión de Dios? ¿Nuestra constante actividad puede llegar a ser un obstáculo en nuestra relación con Dios? ¿Cómo hacer para que nuestras prioridades nunca dejen de ser según la visión del Padre? Dios, que es la fuente de toda sabiduría  nos lleva en la vida a tratar de diferenciar entre lo bueno y lo mejor. De la misma manera que el Señor le dijo a Marta que era bueno lo que ella estaba haciendo pero que su hermana María había elegido lo mejor, así Jesús nos amonesta cada día a través de Su Palabra a tener que elegir muchas veces no sólo entre lo bueno y lo malo sino entre lo bueno y lo mejor..

                        Una de las mayores desgracias de todo cristiano es llegar a sentirse satisfecho con lo que ya ha alcanzado espiritualmente. Podemos encontrar en las Escrituras muchos hombres “diferentes que han encontrado una verdadera relación con Dios” pero también podemos encontrar muchos que como nosotros todavía no logramos escaparnos del activismo que oscurece esa relación.

                        En el párrafo que hemos leído hoy encontramos en Juan el bautista tres cosas que hacen a una persona “diferente” para Dios.

      I)  EL CARÁCTER  DEL HOMBRE DE DIOS V-15

    “..será grande delante de Dios.”

     Hoy vemos constantemente a personas que les importa más ser o parecer grandes e importantes delante de los hombres que de Dios. Y encontramos a otros que les importa más la opinión de los hombres que la de Dios. ¡ Qué difícil es mantenernos firmes cuando a nuestro alrededor el “estilo de vida cristiano” que ostentan algunos nos hace aparecer como tontos pecadores o faltos de espiritualidad! ¡ Qué difícil se nos hace correr con paciencia la carrera que tenemos por delante” (He. 12:1) cuando los asaltos del enemigo pareciera que son cada vez más fuertes!

    La carta a los hebreos nos cuenta que a pesar de la ira del faraón Moisés por la fe dejó Egipto y “se mantuvo firme como viendo al invisible” (He. 11:27). Moisés perseveró no debido a su sentido del deber a Dios, sino porque había tenido una visión de Dios.  La dimensión de los hombres diferentes se hace patente cuando es energizada por la visión de Dios que le impulsa a tratar de “mantenerse delante de Dios” aún cuando los demás le estén criticando permanentemente.

    El carácter del hombre es en sí mismo exactamente lo que es ante los ojos de Dios tal como lo confirmó después el mismo Jesucristo hablando de Juan el bautista cuando dijo de él  “que era el más grande profeta,  lo comparó con Elías y lo destacó como el testigo del verdadero Mesías ” ( Mt. 11:24; Lc. 7:24-36; Jn. 5:30-36).

    II) LA ACCIÓN DEL HOMBRE DE DIOS V-16

“ Y hará que muchos....se conviertan al Señor..”

    La acción del hombre de Dios no está regida por los “toques repentinos de Dios”. ni por la mística que parte de un corazón carnal. El cristiano carnal que desea servir a Dios cuando no tiene señales ni está permanentemente en éxtasis dice  “No puedo seguir hasta que Dios no se me manifieste”, y justamente Dios no se nos manifiesta porque quiere que aprendamos a “andar por fe”, quiere que aprendamos a caminar por nuestra cuenta y teniendo en nuestra mente Su visión.

    La acción del hombre de Dios no está regida por sus propios cálculos de hasta dónde puede llegar en la prueba. Pedro dijo a Jesús: “...mi vida pondré por ti..” y la prueba le llegó cuando menos la esperaba. La declaración de Pedro fue sincera pero echa en la ignorancia de sus propias limitaciones.

    Un hombre de Dios debe aprender a conocerse a sí mismo, el conocimiento que tenga de sí mismo y de sus limitaciones le ayudará a utilizar sus capacidades para el servicio del Señor sin prometer más de lo que pueda cumplir.

     Un hombre de Dios debe aprender que cada acción que emprenda en el servicio del pueblo llevará una consecuencia, buena o mala, y también aprenderá que es más fácil tomar decisiones entre lo malo y lo bueno que entre lo bueno y lo mejor. Finalmente, aprenderá que cuando diga como Pedro : “Señor, ¿Por qué no te puedo seguir ahora?” quizás tenga que esperar los tiempos de Dios y no sus propios tiempos. Pedro no podía seguir a Jesús porque no tenía idea todavía de sus propias capacidades. La devoción natural puede bastarnos para atraernos a Jesús pero no basta para convertirnos en sus discípulos.

    III) LA RELACIÓN DEL HOMBRE DE DIOS V-17

“ E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías.”

    Juan el Bautista estuvo seguro de ser un mensajero delante del Mesías que habría de venir, su carácter hosco, su fuerza interior, su mensaje fuerte y profético y su visión del mandato de Dios nos dan la idea de un hombre con una relación con Dios diferente.

    Un hombre de Dios debe aprender a través del tiempo a  depender del poder del Espíritu Santo y no de su propio poder.  Debe estar atento a las señales de los tiempos y debe estar seguro que es un mensajero delante del Altísimo.  En Malaquías 3:1 encontramos que dice el Señor:  “He aquí, yo envío a mi mensajero el cual preparará el camino delante de mí”

    ¿Cuál es la razón por la que este hombre diferente llegó a ser el precursor del Mesías? La realidad es que no tuvo ningún mérito para lograrlo, sólo fue un hombre diferente porque Dios lo apartó para su ministerio. 
    ¿Cuál es tu visión del propósito de Dios para ti?  Dice el Salmo 138:8   “Dios cumplirá su propósito en mí”,   pero  ¿Que parte tengo yo en el plan de Dios para mi vida? La parte más sencilla y a la vez más difícil para mí, la de dejarme preparar para servirle y llegar a ser una persona diferente, y una persona diferente es aquella que olvida las cosas de este mundo y permite ser moldeable.

    Decimos ‘He sentido un maravilloso  llamado de Dios”.  Y olvidamos que para hacer efectivas las tareas mas humildes para la gloria de Dios necesitamos del Dios Omnipotente, y Dios necesita de nuestra obediencia para llevarlas a cabo. Nunca debemos dejar que un “estilo de vida” perturbe nuestra relación con Dios. La lección mas difícil de la vida cristiana es aprender cómo continuar, como decía el apóstol Pablo, “...mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del señor mientras vamos siendo transformados de gloria en gloria en la misma imagen” (2 Cor. 3:18)

                        Dios nos bendiga para poder ser una persona diferente.