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Por Rubén Oscar Flores
Texto bíblico: Lc. 22:31-32
Texto del día Lc. 1:5-17
INTRODUCCIÓN:
Alguien dijo en una oportunidad que “
la actividad en pos de las cosas
oscurece nuestra concentración en Dios”.
¿No es cierto
que las actividades, cuando son
demasiadas, tienden a distraernos de la visión de Dios? ¿Nuestra
constante actividad puede llegar a ser un obstáculo en nuestra relación con
Dios? ¿Cómo hacer para que nuestras prioridades nunca dejen de ser según la
visión del Padre? Dios, que es la fuente de toda sabiduría nos lleva en la vida a tratar de diferenciar entre lo bueno y lo mejor. De la
misma manera que el Señor le dijo a Marta que era bueno lo que ella estaba
haciendo pero que su hermana María había elegido lo mejor, así Jesús nos
amonesta cada día a través de Su Palabra a tener que elegir muchas veces no sólo
entre lo bueno y lo malo sino entre lo bueno y lo mejor..
Una de las mayores desgracias de todo cristiano es llegar a sentirse
satisfecho con lo que ya ha alcanzado espiritualmente. Podemos encontrar en las
Escrituras muchos hombres “diferentes que han encontrado una verdadera relación
con Dios” pero también podemos encontrar muchos que como nosotros todavía no
logramos escaparnos del activismo que oscurece esa relación.
En el párrafo que hemos leído hoy encontramos en Juan el bautista tres
cosas que hacen a una persona “diferente” para Dios.
“..será grande
delante de Dios.”
Hoy vemos constantemente a personas que les importa más ser o parecer
grandes e importantes delante de los hombres que de Dios. Y encontramos a otros
que les importa más la opinión de los hombres que la de Dios. ¡ Qué difícil
es mantenernos firmes cuando a nuestro alrededor el “estilo de vida
cristiano” que ostentan algunos nos hace aparecer como tontos pecadores o
faltos de espiritualidad! ¡ Qué difícil se nos hace “correr
con paciencia la carrera que tenemos por delante” (He. 12:1)
cuando
los asaltos del enemigo pareciera que son cada vez más fuertes!
La carta a los hebreos nos cuenta que a pesar de la ira del faraón Moisés
por la fe dejó Egipto y “se mantuvo
firme como viendo al invisible” (He. 11:27). Moisés perseveró no
debido a su sentido del deber a Dios, sino porque había tenido una visión de
Dios. La dimensión de los hombres diferentes se hace patente
cuando es energizada por la visión de Dios que le impulsa a tratar de “mantenerse
delante de Dios” aún cuando los demás le estén criticando
permanentemente.
El carácter del hombre es
en sí mismo exactamente lo que es ante los ojos de Dios tal como lo confirmó
después el mismo Jesucristo hablando de Juan el bautista cuando dijo de él
“que
era el más grande profeta, lo
comparó con Elías y lo destacó como el testigo del verdadero Mesías ” (
Mt. 11:24; Lc. 7:24-36; Jn. 5:30-36).
II) LA ACCIÓN DEL HOMBRE DE
DIOS V-16
“
Y hará que muchos....se conviertan al Señor..”
La acción del hombre de Dios no está regida por los “toques
repentinos de Dios”. ni por la mística que parte de un corazón carnal.
La acción del hombre de Dios no está regida por sus propios cálculos
de hasta dónde puede llegar en la prueba. Pedro dijo a Jesús: “...mi vida pondré por
ti..”
y la prueba le llegó cuando menos la esperaba. La declaración de Pedro fue
sincera pero echa en la ignorancia de sus propias limitaciones.
Un hombre de Dios debe aprender a conocerse a sí mismo, el conocimiento
que tenga de sí mismo y de sus limitaciones le ayudará a utilizar sus
capacidades para el servicio del Señor sin prometer más de lo que pueda
cumplir.
Un hombre de Dios debe aprender que cada acción que emprenda en el
servicio del pueblo llevará una consecuencia, buena o mala, y también aprenderá
que es más fácil tomar decisiones
entre lo malo y lo bueno que entre lo bueno y lo mejor. Finalmente, aprenderá
que cuando diga como Pedro : “Señor, ¿Por qué no te puedo seguir ahora?”
quizás
tenga que esperar los tiempos de Dios y no sus propios tiempos. Pedro no podía
seguir a Jesús porque no tenía idea todavía de sus propias capacidades. La
devoción natural puede bastarnos para atraernos a Jesús pero no basta para
convertirnos en sus discípulos.
III) LA RELACIÓN DEL HOMBRE DE
DIOS V-17
“
E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías.”
Juan el Bautista estuvo
seguro de ser un mensajero delante del Mesías que habría de venir, su carácter
hosco, su fuerza interior, su mensaje fuerte y profético y su visión del
mandato de Dios nos dan la idea de un hombre con una relación con Dios
diferente.
Un hombre de Dios debe aprender a través del tiempo a depender del poder del Espíritu Santo y no de su propio
poder. Debe estar atento a las señales
de los tiempos y debe estar seguro que es un mensajero delante del Altísimo.
En Malaquías 3:1 encontramos que dice el Señor:
“He aquí, yo envío a mi
mensajero el cual preparará el camino delante de mí”
¿Cuál es la razón por la que este hombre diferente llegó a ser el
precursor del Mesías? La realidad es que no tuvo ningún mérito para lograrlo,
sólo fue un hombre diferente porque Dios lo apartó para su ministerio.
¿Cuál
es tu visión del propósito de Dios para ti? Dice el Salmo
138:8 “Dios cumplirá su propósito en mí”,
pero ¿Que parte tengo yo en el plan de Dios para mi vida?
La parte más sencilla y a la vez más difícil para mí, la de dejarme preparar
para servirle y llegar a ser una persona diferente, y una persona diferente es
aquella que olvida las cosas de este mundo y permite ser moldeable.
Decimos ‘He sentido un maravilloso llamado
de Dios”. Y olvidamos que para
hacer efectivas las tareas mas humildes para la gloria de Dios necesitamos del
Dios Omnipotente, y Dios necesita de nuestra obediencia para llevarlas a cabo.
Nunca debemos dejar que un “estilo de vida” perturbe nuestra relación
con Dios. La lección mas difícil de la vida cristiana es aprender cómo
continuar, como decía el apóstol Pablo, “...mirando
a cara descubierta como en un espejo la gloria del señor mientras vamos siendo
transformados de gloria en gloria en la misma imagen”
(2 Cor.
3:18)
Dios nos bendiga para poder ser una persona
diferente.