Los Celos en el Amor Sexual
Segunda parte *
Por Rubén O. Flores


Tratando de recobrar la confianza

“11También Jehová habló a Moisés, diciendo: 12Habla a los hijos de Israel y diles: Si la mujer de alguno se descarriare, y le fuere infiel, 13y alguno cohabitare con ella, y su marido no lo hubiese visto por haberse ella amancillado ocultamente, ni hubiere testigo contra ella, ni ella hubiere sido sorprendida en el acto; 14si viniere sobre él espíritu de celos, y tuviere celos de su mujer, habiéndose ella amancillado; o viniere sobre él espíritu de celos, y tuviere celos de su mujer, no habiéndose ella amancillado; 15entonces el marido traerá su mujer al sacerdote, y con ella traerá su ofrenda, la décima parte de un efa de harina de cebada; no echará sobre ella aceite, ni pondrá sobre ella incienso, porque es ofrenda de celos, ofrenda recordativa, que trae a la memoria el pecado.” (Núm 5:11-31 ) 

He tenido oportunidad de conocer a algunas personas a las que los celos prácticamente arruinaron su vida matrimonial. Si bien estos sentimientos son parte de la vida, cuando se convierten en sentimientos negativos degeneran y pasan a ser destructivos. 
Me gustó la reflexión que el Dr. Barton B. Bruce, Editor de la Biblia del Diario Vivir escribió sobre los celos: 

“Un jarrón se hace añicos cuando un codo descuidado lo roza; un juguete se rompe cuando un dedo joven lo presiona más allá de sus límites; una tela se desgarra cuando unas manos fuertes y enojadas tiran de ella. Se necesita tiempo para que los derrames y las roturas se limpien o se reparen, y se requiere dinero para reemplazar las cosas; pero una relación rota resulta mucho más costosa aún. La infidelidad, la desconfianza, las palabras cargadas de odio y los votos quebrantados despedazan y desgarran los delicados lazos personales y provocan heridas que no sanan fácilmente. Sin embargo, es mucho más trágico cuando se rompen las relaciones con Dios ( )

Creo interesante volver a compartir las palabras de la licenciada Ayala Malach Pines que ya expusimos en la primera parte de este artículo sobre los celos:

“Las emociones asociadas con los celos pueden incluir dolor, ira, rabia, envidia, tristeza, miedo, pena y humillación. Los pensamientos asociados con los celos pueden incluir resentimiento (“¿Cómo pudiste haberme mentido así?”), auto incriminación (“¿Cómo pude haber sido tan ciego, tan estúpido, tan confiado?”), comparación con el rival (“No soy tan atractiva, seductora, inteligente, exitosa.”), preocupación por la propia imagen ante los demás (“Todo el mundo sabe y se ríe de mí”), o auto conmiseración (“estoy completamente solo en el mundo, nadie me ama”). Entre los síntomas físicos asociados con los celos se puede mencionar la afluencia de sangre a la cabeza, manos que tiemblan y transpiran, dificultades para respirar, retortijones de estómago, sensación de desvanecimiento, taquicardia, y problemas para conciliar el sueño o dormir.” ( )

Compartimos en la primera parte algunos conceptos acerca de los celos, sin embargo me parece que el asunto no está tanto en lo conocido, porque quien más quien menos sabe acerca del problema que originan los celos, sino en los resultados posteriores. Como dije anteriormente, las leyes instituidas por Dios a través de Moisés para el pueblo tenían también un apartado para el tema que estamos tratando. Casi todo el capítulo 5 de Números está dedicado a la ley de los celos. (Números 5.11-31) hay allí una serie de instrucciones que pueden parecer al lector moderno injusta respecto de las mujeres. Pero no se debe perder de vista la intención que la anima, esto es, contener los celos del esposo. La ceremonia proveía un método legal para establecer la culpa o la inocencia de una persona.
Por otra parte, estas instrucciones eran una enseñanza sobre la forma de cómo se debía realizar la ceremonia, sin suponer ni culpa ni inocencia. Si bien la primera era quitar los celos del esposo en cuanto a si su esposa había pecado, la segunda cuestión era recobrar la confianza entre los esposos. 

¿Qué es lo positivo, qué es lo negativo?

Sara y Alberto (nombres supuestos) son un matrimonio que conocimos con mi esposa hace muchos años, ellos estuvieron a punto de perder su matrimonio. El hombre había cometido adulterio y la esposa se enteró del asunto. En un primer momento ella discutió, se enojó y se lo echó en cara. Él aceptó haber fallado y pidió le diera un tiempo para quitar de su mente a aquella mujer. La esposa se mantuvo fiel a sus votos de fidelidad y convino en esperar que él olvidara el asunto. El tiempo pasó, el amor volvió a florecer y aunque ninguno de los dos olvidó aquel episodio, pueden conversarlo y hoy están mejor que nunca. 
¿Lo positivo? La serenidad con que Sara enfrentó el problema, el amor no egoísta, sufrido, que no buscó lo suyo, es decir, no echarle en cara al marido permanentemente el pecado cometido y, finalmente, esperar en Dios que volviera la confianza perdida.

Gladis y Oscar (nombres supuestos) fueron atendidos en el contexto de una iglesia evangélica. Oscar era un hombre sumamente celoso, preguntaba adónde había estado Gladis cada vez que ella salía, no importa si era para buscar los niños que salían de la escuela o para ir a la casa de un familiar, el caso era que los celos destronaban la confianza que podía tener en su esposa. Gladis siempre fue fiel pero los celos de Oscar amargaban su vida.
¿Lo negativo? Oscar no fue receptivo a nuestros consejos y, si bien ambos continúan unidos, es más que nada una máscara utilizada por la aceptación de ella de vivir una vida siempre controlada, por no abandonar su hogar y sus hijos y porque ambos concurren a una iglesia en la que las sonrisas, el cariño y la comunión del grupo, enmascaran el problema que continúa latente en el matrimonio. Creo que este no es el matrimonio que Dios desea para sus hijos.

Estos son sólo dos casos, hay muchos más pero todos tienen prácticamente los mismos modos de encarar el asunto.

Creo que el mayor problema que se presenta es la desconfianza que se origina en la mente después que él o ella han cometido adulterio o, simplemente, no son creídos cuando exponen una situación que desborda al otro. 
El vivir en comunidad implica aceptar ciertas reglas de convivencia que no en todas las etnias son iguales. Por ejemplo:

El hogar es un tipo de comunidad nuclear y pudiera, en una sociedad dada, servir como una comunidad en sí. El hogar norteamericano, por ejemplo, consta de un padre, una madre e hijos. Esta es la familia nuclear y es improbable que sirva como una comunidad, sino más bien como parte de una comunidad.

Entre los hopi de Arizona, el núcleo de cada hogar es un grupo de hermanas, junto con sus hijas (solteras y casadas) y los hijos de sus hijas. El esposo parece más un invitado y realmente se siente "en casa" sólo en el hogar de su hermana.

Entre los tanala de Madagascar, por otro lado, el hogar típico está compuesto de un hombre con sus hijos solteros y casados, y sus esposas y prole. Tales hogares, que tenían tres o más generaciones de varones no eran escasos en zonas rurales de los Estados Unidos durante el siglo XIX.

Un hogar pocomechí se compone del padre, la madre y los hijos solteros; un hijo casado pudiera también vivir en el hogar por alrededor de tres años.

Entre los ashantis de Gana, África Occidental, el hogar típico está compuesto de una anciana, sus hijos e hijas, y los hijos de sus hijas. Aquí el vínculo de parentesco consanguíneo domina el vínculo de afinidad. 

Entre los tallensi de Gana el núcleo del hogar es un grupo de hombres; pero se dispone de edificios separados para las esposas y los niños jóvenes de los hijos de un hombre casado. Frecuentemente se dispone de un dormitorio para los niños adolescentes. En cualquiera de estos últimos casos, el hogar funciona como una comunidad. 
Como vemos, el matrimonio está determinado según las costumbres de la etnia o el contexto en el que ha sido constituído. ¿Qué pasaría en nuestros hogares típicos de occidente si el padre convive con más de una esposa como lo hizo Abraham, Isaac, o David? 
Por esto es que el sentido del matrimonio implica mucho más que un problema de celos por una “infidelidad, sexual o sentimental.” 

Según Documentos del Magisterio de la Iglesia Católica Romana, el sentido del matrimonio está dado en el “pacto de amor conyugal o la elección consciente y libre con la cual el varón y la mujer aceptan la comunión íntima de vida y amor querida por Dios mismo” (Familiaris Consortio II (Juan Pablo II) Gaudium et Spes 48 (Concilio Vaticano Segundo) Por lo tanto, para los cristianos, sea como sea, el matrimonio no sólo es un pacto ante los organismos gubernamentales sino ante Dios,(cuestión que cada vez se tiene menos en cuenta) en el que los celos negativos y destructivos no deben se parte del mismo.

¿Qué es la “restauración de la confianza”? 

Como sabemos, muchas veces los celos son infundados o lo que es peor todavía, pueden ser producto de la inseguridad de alguno de la pareja. No podemos vivir en el pasado pero tampoco aprenderemos de él si nos disponemos a cerrar los ojos emprendiendo un futuro ignorando lo que pasó. 

Como dice el Dr. Barton B. Bruce: “Los celos demandan afecto y lealtad exclusivos. Algunos celos son malos. Es destructivo que un hombre se moleste cuando su mujer habla placenteramente con otro hombre. Pero hay celos que son buenos. Es correcto que un hombre exija que su mujer lo trate a él, y sólo a él, como esposo. Por lo común, utilizamos la palabra celos con su connotación negativa. 

La Biblia dice: “[los celos son el furor del hombre]. . .y. . . [Duros como el Seol]” (Prov. 6:34; Cant. 8:6)
Hemos visto y tratado casos en que la pareja no ha solucionado su problema, y por otra parte, nos hemos gozado con muchos otros en los que el amor de Dios y Su Palabra han sido aceptados llegando a un buen entendimiento de la situación y recobrando la confianza perdida.
Para terminar estas reflexiones encontré estas apreciaciones acerca de cómo controlar los celos en la sección Salud y Sexualidad del Nuevo Diario de Managua que, aunque puede haber otras, éstas me parecieron interesantes. 

“¿Querés aprender a controlar los celos? 
¡Tomá buena nota de las tácticas que te proponemos a continuación! 
Amarse a uno mismo
1.- Pensá que tu pareja te quiere tal y como sos. Para aceptar ese amor que te tiene debés amarte primero vos también, así la comparación con los demás disminuye y tendrás menos propensión a sentir celos. Aceptate más, trabajá la autoestima. Según los especialistas, el perfil psicológico de la persona que siente celos se relaciona muy frecuentemente con la baja autoestima y la inseguridad. 
2.- Es importante que fomentés tu propia vida personal, con tus aficiones y proyectos. Cuando una persona se vuelve más autónoma y creativa, la probabilidad de que los celos se produzcan es menor. Y aumenta la comprensión hacia las actividades que realiza el otro. Tu pareja es una persona, no tu propiedad, y el excesivo control necesita dejar espacio a la mutua confianza. 
3.- Cuando te asalten dudas primero calmate y luego hablá sobre ellas. Identificá si existen razones justificadas para sentir celos, y si son ciertas comunicáselas a tu pareja con pruebas, en un tono conciliador. Se trata de saber qué ocurre en realidad y de cotejarlo con tu percepción, que puede ser errónea. Comunicá tus sentimientos especificándole claramente las conductas que te hacen sentir así. 
4.- Aprovechen para fortalecer el diálogo continuo, la confianza y el contacto amoroso: serán herramientas muy útiles para superar el desencuentro y los celos. 
SEÑALES DE ALARMA 
5.- Aceptá que estás sintiendo celos y recapacitá sobre sus causas. ¿Son celos por comparación y miedo a ser reemplazado? Armate de valor, confianza y comprensión para aceptar la realidad, pero hacé un esfuerzo especial en ahuyentar los pensamientos irracionales. Instalate en el presente y si sufrís un cuadro agudo de celos o te sentís incapaz de gestionarlo sin ayuda, acudí a la consulta psicológica. 
6.- Poné atención a la frecuencia con que aparecen problemas de celos en tu relación sentimental. Si en una pareja los celos son permanentes, éstos tienden a desgastar y perturbar la relación afectiva, porque surge el reproche, el reclamo, la exigencia y la presión continua hacia el ser querido. 
7.- Prestá atención a las siguientes señales de alarma: ¿Necesitás controlar todos los movimientos de tu pareja? ¿Cada vez soportás peor a sus amistades? ¿Le reprochás continuamente sobre su forma de vestir o comportarse? ¿Creés saber más sobre las intenciones, pensamientos, etc., de tu pareja que ella misma? ¿La necesidad de tenerle sólo para vos se ha acentuado en los últimos tiempos? 
Si respondiste afirmativamente a la mayoría de las preguntas, seguramente estás siendo víctima de un ataque de celos. 

CRÉDITOS BIBLIOGRÁFICOS:
Reina Valera Revisada (1960), (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.
2 Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.
3 Ayala Malach Pines. “Los celos, ¿Dónde está el límite?. Págs 21-22. Edit. Vergara, 1998.
4 Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.
5 El Nuevo Diario. Sección “Salud y Sexualidad”, Título del artículo: <Tácticas para controlar los celos>. Managua. Nicaragua, 17 de Marzo de 2003.