¿Tiene usted un hijo pródigo?
Por Dr. D.James Kennedy
Primera parte
Pródigo es el que malgasta su fortuna. En este libro emplearé tal palabra en un sentido más amplio. El hijo pródigo de la parábola de Jesús y los millones de hijos pródigos que habitan nuestro mundo no sólo están gastando sus recursos económicos sino también su vida. Han abandonado los valores éticos de hogares piadosos para adoptar creencias antibíblicas, valores mundanos y estilos de vida perjudiciales. Estos hijos son pródigos, si no abandonan el hogar, o si algún día lo abandonan. . . .
Los hijos adultos también pueden ser pródigos. Francisco, un adulto de mediana edad, vive con sus padres porque está desempleado, aunque su padre continúa utilizando los contactos que tiene para conseguirle empleo. El padre de Francisco repetidamente le ha prestado a su hijo grandes sumas de dinero para que ponga en marcha prometedoras aventuras de negocios, las cuales siempre han resultado amargas.
-- No se debe a que él no haya tratado de hacerlas marchar - les asegura la madre de Francisco a otros miembros de la familia.--
El padre de Francisco es más realista. El sabe que Francisco tiene un problema y con frecuencia se pregunta: ¿En que le hemos fallado? Sin embargo, se niega a admitir que su hijo tiene el problema de las bebidas alcohólicas y que es inestable. Francisco nunca ha buscado ayuda profesional. Por causa de su sentimiento de culpa, el padre de Francisco continúa prestándole dinero, Tiene miedo de que, si lo echa de la casa y lo obliga a que se sostenga por sí mismo, se suicidará. Aunque Francisco es un adulto, es un hijo pródigo.
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Francisco y Susana son pródigos, (El autor trata en la introducción a este primer capítulo un problema familiar en el que la hija se llama Susana) pero sólo son dos de los millares de hijos que han abandonado la fe de sus padres para adoptar estilos de vida destructivos. Mucho, comprendemos que este es un problema común en nuestra sociedad, porque conocemos hijos pródigos dentro del círculo inmediato de nuestros familiares y amigos. Las aterradoras estadísticas relacionadas con el abuso de las bebidas alcohólicas y las drogas, con los niños que nacen de madres solteras, y el porcentaje de suicidios entre los adolescentes indican el creciente número de hijos pródigos que surgen en todas partes.
¿Soy culpable de tener un hijo pródigo?
10 de julio, año 30 D.C
Querido diario:
Estoy preocupado por mi hijo Prodi. Me da la impresión de que él no está interesado en los negocios de la granja. Sus pensamientos están siempre en la vida de la ciudad. He tenido que ser muy severo con él, por causa de su pereza y sus decisiones impulsivas. Temo que él carezca de alguna creencia verdadera en las ideas y los valores que he tratado de enseñarle. En realidad, si no estuviera bajo las restricciones de nuestro hogar, temo que pronto se metería en serias transgresiones de la ley.
Teo
En la casa de los Harrison, la mañana del domingo había llegado a ser una refriega más en la continua batalla entre los padres y Linda, su hija de doce años de edad.
Treinta minutos antes de salir para la iglesia, Linda bajaba las escaleras vestida aún con el pijama. Un domingo por la mañana, ella caminó lentamente hacia el televisor, lo encendió, ajustó el canal, se fue al sofá y se arrellanó cómodamente en él.
Elena de Harrison, la madre de Linda, estaba sentada a la mesa en la cocina, observando lo que ésta hacía. Puesto que la hija obviamente intentaba ver televisión, Elena le preguntó:
- ¿Qué estás haciendo, jovencita? Te levantaste hace unos cuarenta y cinco minutos. Tu padre y yo pensamos que te estabas vistiendo para ir a la iglesia.
Linda le echó una mirada a la madre y luego fijó los ojos en el televisor.
- Te dije que no quiero ir más a la iglesia. ¿Por qué tengo que sentarme en esas bancas duras mientras algunos viejos me dicen que es malo divertirme? Yo no necesito la iglesia.
Los Harrison no podían entender la actitud de linda. La habían llevado a la iglesia todas las semanas para que asistiera a la escuela dominical y al culto de la noche. Se habían sacrificado para que ella estudiara en una escuela cristiana y la habían animado para que asistiera a las actividades de la escuela y de la iglesia.
Esa mañana Rafael Harrison alcanzó a oír la discusión mientras bajaba las escaleras.
- Tampoco necesitas ir a ninguna otra parte esta semana -- le advirtió el padre -- Alístate en diez minutos para ir a la iglesia; de lo contrario, te quedarás encerrada. Tú escoges.
Linda sabía que era mejor no discutir con su padre. Aunque fue a la iglesia con sus padres, permaneció en silencio y obviamente disgustada. Los Harrison estaban orando para que la actitud de ella fuera sólo una etapa de su desarrollo.
"Eso se le quitará con el tiempo", se decían esperanzados
Durante los años siguientes, los Harrison continuaron dedicando mucho tiempo a Linda. La acompañaban a pasear en bicicleta, asistían a las actividades teatrales y a los recitales de piano de su escuela. Rafael y Elena trataban de ser consecuentes en su vida cristiana. También le hablaban a Linda acerca de su fe. Ambos participaban en nuestro programa de evangelismo los jueves por la noche.
Sin embargo, Linda se alejó emocionalmente de ellos. Pasaba gran parte de su tiempo sola en su habitación; se hicieron menos frecuentes los abrazos y besos que ella acostumbraba darles, sólo por el hecho de ser su "papá y mamá". Llegaron a ser una respuesta que daba de mala gana al afecto que sus padres le brindaban.
Cuando Linda cumplió quince años de edad, Rafael y Elena comenzaron a sospechar que ella y su mejor amiga se fugaban de la escuela dominical para irse a la heladería local. Durante el culto de adoración familiar, linda a menudo cerraba los ojos, bostezaba y garabateaba algo sobre el boletín de la iglesia para demostrar su aburrimiento.
Un día Rafael recibió una llamada de Enrique Townsend, el director de la Escuela Cristiana Maranatha. Antes que el director pudiera decir algo, Rafael preguntó:
- ¿Está todo bien? ¿Le ha pasado algo a Linda?
- Bueno, Rafael - respondió Enrique Townsend- esa es una buena pregunta. Linda no ha asistido a la escuela durante tres días. Esta mañana, cuando por fin apareció, le entregó a la maestra una nota de Elena, en la cual decía que linda había estado enferma. Pero la muchacha no se presentó para las clases de la tarde. Su maestra pensó que tal vez había enfermado otra vez. Así que llamé a su casa. Pero nadie respondió.
Esa noche Rafael y Elena se enfrentaron a Linda. Rafael la amenazó con todos los castigos que pudo imaginar y le prohibió la salida de la casa durante dos semanas.
-- Me iré de casa – amenazó Linda – Nadie me entiende. Tú, la escuela. . .todos me castigan.
Después de esta pelea con su padre. Linda aparentemente abandonó cualquier intento de complacer a sus padres y maestros. Se negaba a estudiar o a entregar sus tareas; se fugaba de las clases. Comenzó a interrumpir las clases con habladurías y payasadas, y la descubrieron fumando en el baño de las muchachas casi diariamente. El consejero de la escuela y sus padres intentaron demostrarle que sus acciones sólo la estaban perjudicando a ella, pero Linda no ponía atención. A excepción de breves estallidos de ira y rebelión, Linda se negaba a hablar con sus padres, maestros y consejeros. Finalmente el director de la escuela le pidió a Linda que se fuera, “por el bien del resto de los estudiantes”.
La historia del hijo pródigo
¿A dónde pueden acudir los padres, como Elena y Rafael, en busca de ayuda? Durante centenares de años la historia del hijo pródigo, que se encuentra en el capítulo 15 del Evangelio según Lucas, ha demostrado ser un instrumento clásico para explorar la experiencia del hijo rebelde.
Aunque las parábolas de Jesús nunca se basaron en la experiencia de algún individuo en particular, siempre estuvieron entrelazadas con experiencias que eran comunes para la gente de ese tiempo. Muchos eran pastores, así que Jesús contó la parábola de la oveja perdida para ayudarles a entender lo que Dios sentía cuando alguien lo rechazaba. La agricultura era otra ocupación que prevalecía, así que ésta se convirtió en la base de la parábola del trigo y la cizaña. Obviamente los hijos rebeldes también abundaban en los días de Jesús.
Las parábolas siempre ilustraban verdades acerca del reino de Dios. En este caso, la respuesta del padre a su hijo fue la misma respuesta de Dios para cualquiera de sus hijos pródigos. Jesús también implicó que los padres deben responder a sus hijos como Dios responde a los suyos. Por esta razón emplearé la parábola del hijo pródigo como un ejemplo de paternidad, y trataré acerca de este padre y su hijo a la luz de la cultura hebrea de aquel tiempo.
Jesús no nos cuenta gran cosa acerca de las acciones del hijo, hasta después que se fue del hogar, pero podemos imaginar que la petición desacostumbrada del hijo para que el padre le diera su herencia estuvo precedida por algunas acciones rebeldes. En realidad, nuestra mente se forma rápidamente la imagen del padre que dedicó años a preocuparse por su hijo menor.
El padre que Jesús describió hubiera dado cualquier cosa para que su hijo amara a Dios y siguiera sus caminos. La principal preocupación de los padres judíos en los tiempos bíblicos era que sus hijos llegaran a conocer al Dios viviente. En hebreo, el verbo yada, cuyo significado es conocer, no sólo significa tener un conocimiento intelectual acerca de una persona, sino estar en íntima comunicación con él. Los padres piadosos ayudaban a sus hijos para que desarrollaran una relación con Dios.
Un padre piadoso en la sociedad judía también hubiera obedecido el consejo que se encuentra en Proverbios: "Instruye al niño en su camino" (Proverbios 22:6). Le hubiera hablado a su hijo acerca de Jehová mientras estaban en la casa y mientras caminaban juntos por los campos. Una mezuzah, que contenía las palabras de Dios con respecto a la manera de criar a los hijos (vea Deuteronomio 6:4-9), colgaba en el quicial de la puerta de su casa con el propósito de recordarle a toda la familia su responsabilidad para con Dios.
¡Imagínese el dolor de este padre cuando su hijo dejó el hogar y gastó su herencia llevando una vida depravada entre los infieles!
Rafael Harrison y su esposa Elena sintieron el mismo dolor y el mismo temor mientras su hija continuaba rechazándolos. La historia de Jesús acerca del hijo pródigo es el lógico punto de inicio para los padres cristianos que buscan modelos bíblicos que les ayuden en el proceso del hijo rebelde, porque refleja la amarga realidad de su propia experiencia. Sin embargo, la historia de Jesús da esperanza aun a los padres que han experimentado la amargura de ver a sus hijos convertidos en pródigos.
CREDITOS BIBLIOGRÁFICOS
Dr. James D. Kennedy. “Su Hijo Prodigo” págs. 13 y 22 a 26.
Publicado por Editorial Vida, Thomas Nelson Publischers, 1988. Edición en español, Editorial Vida, Deerfield, Florida, 1990.