Un flagelo mundial
LA VIOLACIÓN (Primera parte)
Por Rubén O. Flores
Hace unos días hemos tenido en la ciudad de Buenos Aires, en pleno centro de nuestra Capital, un hecho criminal más de los tantos que abundan día tras día y a los que pareciera que nos estamos acostumbrando. Esto me recordó que la violación no es un problema actual sino tan viejo como la humanidad. Podríamos hablar de violaciones a los mandamientos de Dios, violaciones de pactos escritos y de palabra. Pero en este caso nos dedicaremos a las violaciones y asaltos sexuales a los que considero un flagelo mundial.
En la Biblia encontramos algunos casos que estremecen por sus características. Por ejemplo, en el libro de Jueces 19:24 tenemos la trágica historia de un hombre y su concubina violada. "En aquellos días Israel no tenía rey y cada cual hacía lo que bien le parecía." (Jueces 21:25). En razón de olvidar a Dios y excluirlo de su vida diaria, la fe de Israel se había extraviado. Al dejar de lado a Dios permitieron que las maldades de los malvados que les rodeaban invadieran sus vidas. Cuando Dios ya no es el centro de nuestro vivir diario nos extraviamos de tal manera que llegamos a practicar hechos aberrantes como el caso de estos hombres. Leemos en el comentario del pasaje:
"En ningún lado es tan fuerte la ley no escrita de la hospitalidad como en el Medio Oriente. La protección a un huésped a cualquier precio estaba en el primer lugar del código de honor de un hombre. Pero aquí el código de hospitalidad se convirtió en fanatismo. La violación y el abuso de una hija y de su acompañante era preferible a la posibilidad de un conflicto entre un huésped y su vecino. Los dos hombres eran egoístas (no querían resultar heridos), les faltó valor (no querían enfrentar un conflicto aunque peligraran otras vidas) y desobedecieron la Ley de Dios (permitiendo el abuso y el asesinato deliberado). ¡Qué consecuencias tan funestas obtenemos cuando un protocolo social tiene más autoridad que las convicciones morales!" ( )
Otra situación que no deja de sorprendernos es el de las violaciones provocadas por familiares o personas de íntimo conocimiento, llámense padrastros, hermanos o hermanastros, tíos, abuelos o vecinos. Entre otros muchos casos, hace tiempo tuvimos que atender a una joven de alrededor de 20 años. Ella vino para sanar sus heridas de la niñez. Cuando comenzó a relatar su odisea familiar poco menos que nos espantamos. Había sido violada por su padre, cuando este satisfacía sus instintos, entraban sus hermanos y luego su tío, así desde los 9 hasta los 14 años aproximadamente. Finalmente huyó de su hogar. Gracias al poder restaurador de Dios de Su Palabra, Su poder y a Su gran misericordia, ella hoy está libre, casada y con hijos.
En otra oportunidad debimos orar por una joven que provenía del interior de nuestro país, sin destino fijo ni conocimiento de lo que significa "la gran ciudad". Ella fue engañada por un hombre que al llegar a destino, le ofreció trabajo y la llevó a su "oficina". Cuando la mujer se dio cuenta había entrado no a un edificio de oficina sino a una pieza en un hotel. La joven fue bendecida al conocer en nuestro consultorio a Dios y luego encarrilar su vida hasta su posterior casamiento.
Una tarde tuvimos una entrevista para sanidad interior de una joven que nos contó una historia aberrante. Ella no podía vivir en paz a causa de su constante sentimiento de culpa y suciedad. Resultó que cuando tenía 5 años, su abuelo la manoseaba por debajo de la mesa durante las comidas, luego la llevaba a su dormitorio, se colocaba contra la puerta para que nadie abriera y consumaba su abuso teniendo sexo oral con la niña.
Justina, (nombre supuesto) es una mujer de unos 40 años, trabajando ahora como misionera del Señor. En el tiempo en que la atendimos su esposo era policía y la maltrataba y violaba reiteradamente. En una oportunidad nos contó que la arrojó sobre la cama y tomándola de los cabellos la golpeaba en la cara insultándola porque si piel no era totalmente blanca. Varias veces puso su revolver en la boca de Justina y mediante amenazas la violada.
Sinceramente, los casos que se nos han presentado durante nuestros años de pastorado no se pueden creer. Damos gracias al Altísimo por la bendición de haber podido ver con nuestros propios ojos, el poder restaurador del amor de Dios en cada una de esas vidas. Pero ¿Qué dice la Biblia al respecto?
Con respecto a las violaciones efectuadas por familiares encontramos en la Biblia a Tamar, una joven violada por su medio hermano Amnón. (vea 2 Samuel 13). Una vez que este hombre pudo satisfacer sus instintos odió a la joven y la echó de su lado. Dice el Dr. Bruce B. Barton:
"El amor y la lujuria son muy diferentes. Después de que Amnón violó a su media hermana, su "amor" se volvió odio. Si bien él decía estar enamorado, realmente estaba sujeto a la lujuria. El amor es paciente, la lujuria requiere de una satisfacción sexual inmediata. El amor es benigno, la lujuria es cruel. El amor no busca lo suyo, la lujuria sí. Usted puede leer acerca de las características del verdadero amor en 1 Co. 13. La lujuria puede parecer amor al principio, pero cuando se expresa físicamente produce amargura y odio hacia la otra persona. Si usted no puede esperar, lo que siente no es verdadero amor".( )
Aquí, en Buenos Aires sucedió lo que comentábamos al comienzo de este artículo y así lo relata un periodista de nuestra ciudad:
"Hacía dos horas que había terminado la goleada de Argentina a Serbia y Montenegro y en el Obelisco cientos de personas festejaban el triunfo. En ese momento, a sólo unas cuadras, una joven estudiante que estaba subiendo al subte en la estación Callao fue amenazada por un hombre que la sacó de la formación y la llevó por el andén hasta un pasillo abandonado. Allí apareció un cómplice y primero le robaron todo lo que tenía en su cartera y luego uno la violó.
La joven fue atacada el viernes a las tres de la tarde en la estación del subte "B" que tiene la entrada en Callao y Corrientes. Un rato después la víctima le dijo a su familia que la habían robado. Pero el domingo, en el Día del Padre, la chica se quebró y confesó que también fue violada.
Las autoridades aseguran que no existen estadísticas de delitos ocurridos en las estaciones del subterráneo.
Según contó Mabel, la madre de la víctima, a Clarín, su hija tiene 21 años y está cursando el segundo año de la carrera de kinesiología. El día del ataque había salido de la facultad y tenía pensado encontrarse con su madre para realizar un trámite, por lo que planeaba tomarse el subte en la estación Callao en dirección a Avenida de Los Incas.
"Yo estaba subiendo al subte cuando sentí que me tiraron de la campera hacia atrás. El tirón me hizo salir de la formación y caer en el piso del andén. Yo pensé que era alguien que se estaba cayendo y se había agarrado de mí. En ese momento se cerró la puerta del subte y arrancó. En la estación no quedó nadie", recordó la víctima.
Una vez fuera del vagón, un hombre la levantó de los pelos y apoyándole algo en la espalda, (cree que un cuchillo) y amenazándola con matarla la obligó a caminar hasta el fondo del andén, donde hay un pasillo y un baño clausurado. Allí había otro hombre esperando.
"El ladrón que ya estaba en el lugar le sacó la mochila a la chica, se la vació en el piso y revisó toda la billetera buscando dinero. El otro la tenía de las dos muñecas y le decía que si no le daba más plata la violaba. Mientras le decía eso la manoseaba. Luego le bajó los pantalones y finalmente la violó", contó Mabel.
El ladrón soltó a la chica cuando su cómplice le dijo: 'Vamos, vamos que es tarde y va a aparecer la Policía'. Fue así que se fueron. La joven fue ayudada por un hombre que la vio en el suelo. Luego, llorando, tomó el subte y se fue hasta la estación Los Incas, donde bajó. Allí se subió a un taxi y se fue a encontrar con su mamá a una clínica porteña.
Al encontrase con su madre, la estudiante le dijo que la habían robado y que además la manosearon, sin mencionarle nada de la violación. "Dos días pude contarle a mi mamá lo que realmente me pasó. Tenía miedo de que si hablaba me llevaran a un lugar para que me revisaran y no quería", explicó la chica.
El domingo, Mabel llevó a su hija a la Clínica Bazterrica para que le hicieran los primeros estudios médicos. Después hizo la denuncia policial.
La chica todavía no fue a declarar, ya que esperan su mejoría psicológica. "Ahora tengo miedo a todo, no quiero salir sola, me tiene que llevar mi mamá a todos lados. Me están dando medicación por el tema del sida y estoy tomando remedios para controlar los nervios", comentó la joven en declaraciones radiales.
La madre de la víctima contó que los hombres que atacaron a su hija tenían entre 25 y 30 años y que estaban vestidos con pantalón y campera de jean. La estudiante cree que a uno de ellos podría reconocerlo, porque al otro siempre lo tuvo de espaldas y no llegó a verle la cara." ( )
La escritora y psicóloga Kay Marshall Strom, autora del libro: "Mujeres en crisis", comenta esta historia que
puede ser real o no pero habla a las claras no sólo del hecho en sí de la violación, sino de las secuelas, que como en todos los casos, se producen a posteriori.
"Usted está saliendo de su oficina cuando una mujer muy nerviosa corre a su encuentro. "¡Tiene que ayudarme!"-dice llorando- "¡No sé que hacer!" "¡Por favor, ayúdeme!".
Sin demorar, usted la invita a pasar a su oficina. A pesar de ser una mañana calurosa, ella tiene puesto un abrigo largo que con una mano ajusta alrededor de su cuerpo. Su cabello está despeinado, y su maquillaje corrido. Su cara muestra signos de espanto, de terror.
Le ofrece una silla y un vaso de agua. Ella lucha por recomponerse. Una vez que se ha calmado un poco, usted la anima a que le cuente qué sucedió.
"¡Fue terrible!"-dice. -"Ni siquiera lo vi venir. De golpe sentí que él me sujetaba y no pude escapar". -Comienza a llorar otra vez. - "¡Me siento tan sucia, tan culpable!".
Repentinamente, y con una claridad sorprendente, usted comprende lo que ha sucedido: La mujer ha sido violada. Intenta confortarla, aliviar su dolor, pero no se le ocurre una sola cosa apropiada para decirle.
Para muchos cristianos resulta difícil aun pronunciar la palabra "violación", pero así y todo es temida por las mujeres más que cualquier otra cosa, una fatalidad peor que la muerte. Ese temor parece estar bien fundado. Usando estimaciones estadísticas, los expertos calculan que las posibilidades de que una mujer sea violada en algún momento de su vida son de 1 a 10. En los Estados Unidos se produce una violación cada 8 minutos." ( ) (Las estadísticas son de algunos años atrás. Hoy han aumentado según veremos más adelante.)
El siguiente testimonio da cuenta de otros casos también sucedidos en Buenos Aires en lugares públicos.
"Desde que en abril de 2003 asesinaron a Lucila Yaconis, una chica que se resistió a que la violaran, muchos pusieron el foco sobre la zona de Núñez. Pero, a juzgar por los dos últimos casos que tuvieron gran repercusión pública, el tema de las violaciones no parece una exclusividad de áreas con poco movimiento. El lunes 15 de mayo, una chica que salía de su trabajo fue violada en la entrada clausurada de un estacionamiento, frente a Plaza Italia y a 200 metros de una comisaría. Ahora, un mes después, una chica denuncia que la atacaron en una estación de subte de Corrientes y Callao. Como se ve, la falta de seguridad en estas cuestiones está latente, aun en lugares donde el riesgo debería ser menor.
Antecedente
Esta no es la primera vez en el año que violan a una joven en un lugar público de la ciudad.
El 15 de mayo -un mes antes del ataque en el subte- una chica de 20 años fue violada en pleno Palermo. El ataque ocurrió a la 1.30 luego de que un hombre sorprendiera a una empleada de un local de comidas rápidas que esperaba el colectivo en Plaza Italia, para volver a su casa, luego de una jornada de trabajo.
El violador la amenazó y la llevó hasta la entrada de un estacionamiento abandonado que está al lado de La Rural, a pocos metros de la Embajada de los Estados Unidos (donde hay una fuerte custodia policial) y a dos cuadras de la comisaría 23ª.
Allí la golpeó y la violó varias veces. Luego le robó el teléfono celular y escapó.
La chica hizo la denuncia en la comisaría 23ª y luego fue atendida por médicos del SAME. Un mes después el atacante aún no fue detenido, dijeron ayer fuentes policiales. Sin embargo, el lugar donde ocurrió el ataque fue cerrado con maderas para que nadie pueda ingresar. ( )
Generalmente tratamos de encontrar estadísticas para tener un idea de la magnitud de este flagelo, sin embargo entiendo que las estadísticas no reflejan la realidad del drama que sufren muchas mujeres víctimas de estas agresiones.
¿Por qué las estadísticas no reflejan la realidad? En primer lugar porque muchas mujeres no denuncian la violación cometida contra ellas. En segundo lugar porque, como le ocurrió a la joven violada aquí en Buenos Aires, temen a las revisaciones posteriores, las preguntas y hasta el "manoseo" verbal al que son expuestas durante las secciones. En tercer lugar porque las leyes no son iguales en todos los países, ni siquiera en los Estados del mismo país, con lo cual la definición de agresión sexual, difiere mucho según donde se haya cometido. Los motivos más frecuentes que dan las víctimas para no denunciar estos delitos es la creencia de que se trata de un tema privado o personal, y que temen sufrir represalias por parte del agresor. Teniendo en cuenta esto, la Organización Nacional Contra la Violación, el Abuso y el Incesto (RAINN) ha reunido las siguientes estadísticas:
Cada dos minutos, una persona es agredida sexualmente en los Estados Unidos de América. (los cálculos de la RAINN se basan en la Encuesta Nacional Sobre Víctimas de Crímenes del 2000 (NCVS) Oficina de Estadísticas de Justicia, Departamento de Justicia de los Estados Unidos de América)
· En el 2001, hubo 249.000 víctimas de violación, intentos de violación o agresiones sexuales. (NCVS 2000)
· De las 249.000 víctimas, 102.000 fueron agredidas sexualmente, 63.000 sufrieron intentos de violación, y en 84.000 de los casos se consumó la violación. (NCVS 2000)
· Debido a la metodología empleada por la Encuesta Nacional Sobre Víctimas de Crímenes, estos números no incluyen víctimas de 12 años o menores. Si bien no existen encuestas anuales confiables sobre agresiones sexuales a niños, el Departamento de Justicia ha calculado que una de cada seis víctimas tiene menos de 12 años, (Niños Víctimas de Violación, 1992)
Las mujeres son víctimas...
· Una de cada seis mujeres en los Estados Unidos de América sufrió un intento de violación o violación en el transcurso de su vida (14,8% se concretó, 2,8% fue un intento).
· El total de mujeres que fueron víctimas de estos delitos asciende a 17.7 millones. (Encuesta sobre Predominio, Incidencia y Consecuencias de la Violencia contra las Mujeres, Instituto Nacional de Justicia y Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades, 1998).
· En el 2001, nueve de cada diez víctimas de violación fueron mujeres. (NCVS 1999)
Estos son algunos datos, por supuesto que hay muchos más que estaremos incluyendo en sucesivos artículos.
Terminamos esta primera parte considerando que:
1.- No es este un estudio exhaustivo acerca de la violación a nivel mundial, aunque así ocurra.
2.- No todos se han involucrado más profundamente en cuanto a qué es una violación. De manera que nos pareció interesante, no sólo tratar el tema a nivel general sino bajo una óptica cristiana.
3.- Quedan preguntas por hacer que veremos en el próximo mes, por ejemplo: ¿Se considera violación un "abuso sexual"? ¿Se considera violación el sexo oral no consentido? ¿Puede un hombre sufrir una violación? ¿Los violadores usan máscaras? ¿Qué es un asalto sexual? ¿Quiénes sufren más violaciones, las mujeres o los niños?
Como vemos hay mucho todavía por investigar. Oremos a Dios para que nos proteja y proteja a nuestras familias de cualquier evento de esta naturaleza que pueda sorprendernos.
Rubén O. Flores
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¡Dios le bendiga!
Créditos: (Estadísticas de probabilidad reunidas por NCPA a partir de las estadísticas del Departamento de Justicia de los Estados Unidos de América. Ver el portal del Centro Nacional de Análisis de Políticas.) www.pprsr.org/rapecrisis/statistics_SP.cfm - 23k
www.clarin.com/diario/2006/06/22/policiales/g-04201.htm - 43k