¿Los
demás perdieron la credibilidad en usted?
¿Qué
hacer?
Ps.
Fernando Alexis Jiménez
Ministerio de Evangelismo y Misiones “Heraldos de la Palabra”
Por muchos años Angelino Barco fue el único notario de Vijes, el pueblito de
casas grandes y tejas rojas donde crecí. Era mi bisabuelo y lo que le impactó
siempre era la validez de la palabra empeñada. Para la época en la que para
concretar un negocio, no era necesario firmar una Escritura Pública pues
bastaba con el compromiso asumido por el comprador y el vendedor.
--Palabra
dicha era palabra que se cumplía. Nadie estaba preocupado por engañar a los
demás— me confesó cada vez que veía horrorizado cómo en nuestro tiempo
primaba el engaño, y generalmente muy pocos cumplen lo que prometen.
Pronto
quien incumple sus compromisos, llega a ser conocido como timador, mentiroso y
alguien en quien no se puede confiar.
Justamente
fue en mi pueblo que todos conocieron, hablaron y elevaron a la categoría de
leyenda a Pedro “Trampitas”. Engañaba a quien podía. Incluso cuando
saludaba a alguien, sus ojos se movían de un lado para el otro pensando en cómo
tomar ventaja y sacar el mejor partido de cada situación. La deslealtad no es
nueva. Hace muchos siglos el proverbista abordó el asunto y recomendó: “De
más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que
la plata y el oro” (Proverbios 22:1).
Si prometemos algo, es necesario cumplirlo
Hay quienes andan prometiendo cosas que no cumplen. Parecieran políticos
corruptos en campaña electoral. Lo que olvidan es que tarde o temprano sus engaños
quedarán al descubierto.
Quizá
sus amigos, compañeros de trabajo e incluso su familia, ya no creen en lo que
les dice. Ha perdido credibilidad y esta situación le trae conflictos en las
relaciones con los demás. Se siente mal. Quiere romper esa cadena de mentiras.
Si
todo lo anterior interpreta su vida, quizá fue para personas como usted que el
rey Salomón escribió: “Hijo
mío, si salieres por fiador de tu amigo, si has empeñado tu palabra a un extraño,
te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos
de tus labios” (Proverbios 6:1, 2).
Alguien
me llamó angustiado hace tres días. “No se qué hacer. Ni siquiera mis hijos
creen lo que les prometo... Reconozco que tienen la razón: Jamás les
cumplo....”
Lo
aconsejable frente a este y otros hechos, es no prometer lo que sabemos que no
cumpliremos voluntaria e involuntariamente. Si se comprometió con algo, cumpla
su promesa. Es un duro precio, en eso estamos de acuerdo, pero es claro que hay
que cumplir lo que prometemos a nuestros semejantes....
Medite en lo que dirá....
Hablar sin pensar, trae problemas. Hay cosas que decimos, que a vuelta de pocos
minutos, horas o quizá días, nos traen problemas. Por esa razón es
fundamental que guardemos prudencia en todo lo que hablamos.
Las
Escrituras aconsejan: “El que guarda su boca y
su lengua, su alma guarda de angustias”(Proverbios 21:23).
Sobre esta base, es importante cuidar cada cosa que decimos...
Posiblemente
le ha ocurrido que por deshacerse de un vendedor, usted termina diciéndole:
“Venga tal o cual día y le oiré su plan de ventas”. Lo ha hecho para salir
del paso. Pero llegada la fecha, el vendedor está ahí. No puede escapar. Es
imposible. ¿Qué hacer? Examinar con detenimiento qué va a decir o qué va a
prometer. De esa manera se ahorrará malos momentos...
Deje
de mentir...
Uno de los pasos ineludibles para recobrar la credibilidad, es sin lugar a
dudas, dejar de mentir. Hay quienes mienten sin necesidad.... Y llegan a creer
sus propias mentiras. Engañar se convirtió en su pan de cada día y no saben
qué hacer cuando deben decir algo verídico pero íntimamente saben que mentirán...
A
personas que atraviesan esa situación, pero que luchaban (y hay quienes todavía
luchan por superar esa etapa en su condición de cristianos) con esa situación,
el apóstol Pablo les recomendó: “Por lo cual,
desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos
miembros los unos de los otros” (Efesios 4:25). Mentir es
provocarnos daño a nosotros mismos....
La
franqueza nos evita problemas
Mentir, dilatar las cosas o engañar a otros para quedar bien, lo que hace es
agravar el problema. Es preciso ser francos. Si podemos ayudar a alguien, si está
en nuestras manos, hacerlo. Si no es posible, decirle francamente: “No puedo
colaborarle”.
Este
asunto fue abordado por el propio Señor Jesucristo cuando recomendó: “Pero
sea vuestro hablar: Si, si; no, no; Porque lo que es más de esto, de mal
procede” (Mateo 5:37).
Para
terminar...
Nuestra
sociedad cambiará si cambiamos quienes vivimos en ella. En un mundo donde la
mentira está al orden del día, los cristianos estamos llamados a recobrar el
valor de la palabra dicha. Nuestro compromiso debe estar enfocado a
comprometernos cuando de verdad podamos cumplir, y decir no cuando sea
literalmente difícil o imposible cumplir... Nuestro testimonio no se puede empañar
por mentir en todo momento... Los mentirosos, además, no heredarán el reino de
los cielos... La palabra tiene validez, y ustedes y nosotros somos llamados para
que se cumpla todo lo que decimos... ¡Comience ahora!