DIFERENCIAS

          “La diferencia que hay entre las personas no es si tienen o no dificultades, sino la actitud que toman ante esas dificultades”. (Destellos Evangélicos).

 Charles Shedd, en su libro “Letters to Phillips”, escribe acerca de una historia que nos habla del esfuerzo de dos ríos por continuar juntos. Cuenta que ambos ríos discurren mansa y quietamente hasta que en un punto determinado de su cauce llegan a encontrarse. Cuando sucede esta unión los dos ríos chocan entre sí con gran violencia y ruido. No obstante, cuando ambos ríos continúan formando un nuevo cauce hacia abajo, sus aguas se aquietan y corren mansa y suavemente. Sin embargo, a medida que avanzan se hace mucho más ancho, más caudaloso y con mayor poder. Es como si ambos ríos se dieran cuenta que conciliando sus diferencias pueden más.

         El doctor Shedd sugiere que un matrimonio es muy similar a estos dos ríos. Cuando las dos corrientes independientes se unen se produce un choque. Es el choque de una vida con otra, de una corriente con otra, de un carácter con otro, de una personalidad con otra. Pareciera que las diferencias son irreconciliables, que las ideas ejercerán su privilegio rivalizando una con la otra, pero al transcurrir el tiempo y aquietarse las aguas el nuevo río surge más profundo y poderoso.

Cuando el vínculo entre ambos es más fuerte que todo produce un poderoso caudal de vida cuya fuente es el amor proveniente de Dios. Así es el nuevo matrimonio, y aunque se formen grandes olas por el encuentro de dos corrientes diferentes, lo que resulta de ambas es más poderoso y profundo de lo que eran por sí solas.

 Pero, ¡qué podemos decir ante tantas diferencias que existen en el mundo entre las personas!

 ¿Qué actitud tomamos nosotros ante la dificultad matrimonial que nos acosa? A veces la enfrentamos, otras rehuimos hacerlo. otras tratamos de sobrellevarla y otras más no sabemos qué hacer con ella.

 Hoy quiero dejar como ejemplo de diferencias, la vida mujeriega y extraña del afamado escritor y poeta Don Lope de Vega.

 Nacido en Madrid el 25 de Noviembre de 1562, fecundo en su prodigiosa tarea de poeta y comediante, Lope de Vega sintió muy joven su llamado al amor y a la poesía. Pérez de Montalban, su primer biógrafo, cuenta que se le atribuyen más de 1800 comedias y unos 400 autos sacramentales. Entre los catorce y los diecisiete años despertó a la turbulencia del amor pues lo cegó el embrujo de una bella mujer casada, o podríamos llamarla como en aquel entonces en algunos versos del autor, “la malcasada”, llamada Marfisa. Sólo unos cuantos versos recuerdan el paso de Marfisa por la vida de Lope.  En realidad el verdadero nombre de esta mujer fue Doña María de Aragón. El año 1580 encuentra a Lope y a Marfisa reunidos por primera vez quizás en casa de unos tíos de la joven. Para ese entonces Lope de Vega tendría a lo sumo unos dieciocho años.

La desdichada María encontró en los brazos de Lope el torbellino del amor que el joven le proporcionaba según su edad. Y como amores juveniles eran no tardó el tiempo en borrar todo vestigio del corazón del muchacho tal apasionado romance con la hija de los panaderos de Madrid. A principios de 1581 María tuvo una hija de Lope pero él ya no estaba ni en Madrid ni junto a ella. Probablemente, cuentan los historiadores, se encontraba en Salamanca adonde había huido tratando de evitar la responsabilidad de ser padre. La niña de Marfisa fue bautizada un 2 de Enero como hija de Lope de Vega y María de Aragón recibiendo el nombre de Manuela. Manuelita murió el once de Agosto de 1585 después de haber cumplido apenas cuatro pequeños años. Ella fue la primera de diez u once hijos del poeta que se irán de este mundo con la leche materna en sus labios, pero esa es otra historia. Después del abandono de Lope Marfisa se casó con Hans Uquer el 23 de Septiembre de 1592 con quien  tuvo un matrimonio infeliz y lleno de discrepancias. La muerte ocurrida en casa de su tía Juana de Aragón el 6 de Septiembre de 1608 fue como una amiga que la rescataba de tanto sufrimiento.

 María de Aragón no fue la única mujer en los brazos de este hombre apasionado y nunca satisfecho. Luego de Marfisa llegó Elena de Osorio y después el casamiento con Isabel de Urbina. Más tarde Micaela de Lujan, Juana de Guardo, Jerónima de Burgos, Lucía de Salcedo y Marta de nevares. Algunas de ellas casadas.

 Casi treinta y cinco años después del idilio con la hermosa panadera Marfisa, ( el 24 de Marzo de 1614) , Lope de Vega tomó los hábitos y se ordenó sacerdote.

 Como dramática ironía del destino; el sacerdote Lope de Vega dijo su primera misa en el convento de las Carmelitas Descalzas de San Hermenegildo, quizás en el altar de Nuestra Señora del Carmen, justamente frente al cual había sido enterrada seis años antes una mujer que amó al joven poeta y le entregó su vida y su amor a la cual este engañó y abandonó, María de Aragón.

 Es casi seguro que el nuevo sacerdote no sabía que allí se encontraba enterrada la madre de su primera hija. Se cree que Lope la había borrado por completo de su conciencia. Lope de Vega vivió setenta y tres años y murió

El 27 de Agosto de 1635. Cierto duque de Sessa prometió pagar los gastos del entierro y construirle un monumento para que todos le recordaran. Dicho personaje no hizo ni una cosa ni la otra y el cuerpo del poeta fue a parar finalmente a una bóveda común en la que se confundieron con os restos de muchos muertos anónimos.

¿Qué es lo que el gran poeta y dramaturgo trató por todos los medios de encontrar y no encontró? Doce o trece mujeres trataron de endulzarle los días y ninguna pudo. Entre todas le dieron dieciséis o diecisiete hijos e hijas de los que apenas quedaron tres. Ninguna de las tres estuvieron con él en su crepúsculo, sólo y con su melancolía tardía, Lope de Vega enfrentó la muerte con sus hábitos sacerdotales entendiendo quizás, que al amor de Dios era el único  que le quedaba.

 ¿Qué faltó en estos amores, comunicación, comprensión? o tal vez no entendieron que, como decíamos al comienzo, luego que ambos ríos se entrecruzan y pelean por un nuevo lugar, se entienden, se aquietan y encuentran un nuevo cauce más profundo y poderoso, el poder para una unión que sólo Dios, en su infinita sabiduría puede dar.

 Lope de Vega no encontró lo que buscaba, ¿Lo habrá encontrado finalmente en los brazos del altísimo?

 Que el amor de Dios, la comprensión de Cristo y la ternura del Espíritu Santo te acompañen y hagan comprender que si bien las diferencias están en cada ser humano, la presencia de Dios en el corazón y en el matrimonio es lo suficientemente poderosa para unir y afianzar a la pareja aún a través de esas diferencias.