¿EXTERIOR DEPORTIVA, INTERIOR DE INVIERNO?  
Por Rubén Flores

 “Corona de honra es la vejez, Que se halla en el camino de justicia” (Prov. 16:31)  

 Ruben y Marta Flores

La doctora  Elizabeth Kubler-Ross escribió en uno de sus libros:

 “He aprendido que no hay dicha sin contratiempos. No hay placer sin dolor. ¿Conoceríamos el goce de la paz sin la angustia de la guerra?  Si no fuera por el sida, ¿nos daríamos cuenta que el mundo está en peligro? Si no fuera por la muerte, ¿valoraríamos la vida? Si no fuera por el odio, ¿sabríamos que el objetivo último es el amor?”

 Hace algunos años, yo diría que unos cuantos, me comunicaron el deseo de un matrimonio de nuestra familia de querer divorciarse. Yo no era practicante de ninguna religión y aunque aceptaba la existencia de Dios no quería saber nada con El o con alguna iglesia en particular. Podría decir que por eso no me interesó el tema más que como una noticia. Este matrimonio habían vivido junto a otros familiares en una misma casa durante mucho tiempo, al cambiar de residencia encontraron que casi no se conocían. El hecho fue que en todos los años anteriores su comunicación se realizó a través de la familia. El resultado fue que cuando se encontraron solos, se miraron a los ojos y no supieron qué decirse.  

En este mes de Diciembre de 2002 cumplimos con mi amada esposa 40 años de matrimonio, Veinte de los cuales ella sufrió por mis desplantes y mala vida, los restantes, Dios a través de su Espíritu Santo y habiendo consagrado nuestra vida al servicio de Cristo, fueron totalmente diferentes. ¡Qué difíciles fueron aquellos primeros años de casados! El dinero no alcanzaba, las peleas eran continuas, y nuestra inexperiencia clavaba su puñal tratando de matar lo que con tanto esfuerzo costaba edificar. ¡La vejez estaba tan lejana! ¡Y nuestra juventud tan apasionada!  ¡Cuánta fuerza, pero cuánta inexperiencia! Con razón la Palabra de Dios dice: La gloria de los jóvenes es su fuerza, Y la hermosura de los ancianos es su vejez”. (Prov. 20:29). ¡Cuántas desdichas nos habríamos ahorrado si en aquel momento alguien nos hubiera compartido la Palabra de Dios tal como dice en Eclesiastés 11:9-10!

“Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios.

Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad”.

Hoy, con nuestros 63 años podemos decir que el mirarnos a los ojos es una dulce comunicación. Al tocar su piel y acariciar sus mejillas puedo darme cuenta que ya no es la hermosa jovencita delgada y gozando de buena salud con la que me casé, las boletas por remedios dan cuenta de eso. Algunas arrugas dan testimonio del paso de los años, y yo tengo unos cuantos kilos de más, con menos cabello y con bastantes problemas físicos. Pero ambos podemos decir que nos amamos más que el primer día en el que nos enamoramos. Ella está más hermosa que nunca y si bien la elegí en aquel entonces, a través de los años la seguiría eligiendo, y estoy seguro que ella también a mí.

I) ¿LA ÚLTIMA ETAPA?

Alfonsina Storni es una poetisa que vivió y murió en nuestro país (Argentina) hace ya muchos años. Hoy la casa en la que habitó está deteriorada, su frente casi está cayendo a pedazos y su actual propietario pide al gobierno de Buenos Aires que la compre para restaurarla y convertirla en un museo dedicado a la memoria de Alfonsina.  Por supuesto que la inversión es costosa y están pensando si realmente vale el esfuerzo.

Hoy salí a la puerta del templo a conversar con uno de los pastores de nuestro ministerio y vimos a un adolescente escribir unas palabras en la pared de un negocio vecino. Cabe decir que la casa a la que pertenece dicho negocio no está deshabitada pero el frente del negocio  está abandonado. Evidentemente pasó por la mente de este joven la idea de abandono y entonces aprovechó la ocasión para ensuciarlo con un escrito.

Esto me recuerda a muchas parejas que dejan de restaurar el frente de su matrimonio, de pintarlo, de embellecerlo, de renovarlo. Y los años que pasan lo van envejeciendo y la restauración es costosa y se preguntan si después de tantos años vale el esfuerzo.

¿Qué te parece esta opinión?

             “Cuando dos padres dicen adiós al último de sus hijos, comienzan a entrar en uno de los períodos más críticos de la adaptación matrimonial. Se abren ante ellos dos caminos. Pueden aceptar la situación como un hermoso regalo de la vida para explorar nuevas profundidades en la vida conyugal . . .O pueden recorrer el camino en creciente soledad, amargura y comportamiento neurótico” [1]

 A través de nuestra experiencia puedo decir que hemos crecido con los años, no sólo Jesucristo restauró nuestra pareja, esto es una cuestión particular de la pareja misma, sino que ha restaurado, embellecido, modelado y renovado nuestro matrimonio, lo cual implica también nuestro hogar y por supuesto nuestra familia.

Sí! Creo firmemente que la vejez propiamente dicha no está en el físico sino en el ser interior. Esto me recuerda las palabras del apóstol Pablo: 16Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 17Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” [2]

Por supuesto que el apóstol habla de otras tribulaciones pero ¿no trae la vejez algunas tribulaciones? La vista que decrece, los huesos que duelen (y para colmo de males con los años se van achicando), la dentadura muestra lugares vacíos y los oídos ya no oyen como antes. La energía en el amor ya no responde como en la juventud y cuando los nietos nos invitan a correr una carrera les decimos que los abuelos “ya no están para esas cosas”. Por las noches viene temprano la necesidad de descanso y nos acostamos pronto, pero en medio de la madrugada un pequeño ruido nos despierta y ya no podemos volver a dormirnos. (Vivimos con mi esposa a 50 metros de la estación de ferrocarril y a pesar de haber asumido ciertos ruidos, todavía no me acostumbro. ¿Pregunta si mi esposa sí? Ella duerme feliz en cualquier momento del día y aunque el cielo se esté cayendo no hay nada que la despierte)  ¿No nos parecen tribulaciones estas cosas?

 

¡Pero atención, que la vida continúa y el amor no envejece!

En el próximo continuamos con el tema y quizás nos pongamos mas serios. Por supuesto, ¡De acuerdo a la edad!

Dios bendiga tu hogar

 



[1] Wayne Dehoney, “Homemade Happiness”, J. Allan Petersen, Wheaton, Illinois. Tyndale Publischers, 1971, pág. 402.

[2]Reina Valera Revisada (1960), (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.