LAS NUEVAS PAREJAS LIGHT ([1])
Hace algún tiempo encontré en una
revista que se especializa en temas para mujeres, este artículo que me pareció
interesante. Si bien no es de una editorial evangélica, es importante leer
acerca del pensamiento de personas que quizás no mantienen una relación tan
estrecha ni firme con Dios pero que tienen ciertos conceptos que pueden quizás
ayudar a entender el proceso por el cual muchas parejas están pasando hoy en día.
Tal vez a algunos de esos conceptos sobre el amor hasta se les pueda agregar algún
pasaje bíblico.
Hay
parejas que están juntas . . .pero separadas. El siglo XXI separa, aísla:
Cada uno teme que el otro lo invada, le quite la libertad, lo comprometa en un proyecto de a dos. Las actitudes se miden, las palabras se calculan para no parecer posesivo y, a su vez, para no perder independencia. ¿Tiene futuro una relación que se edifica sobre la fobia del compromiso? ¿Por qué, a veces, el miedo a convivir es más fuerte que el amor?
Terror de que deje el cepillo de dientes porque ese puede ser el comienzo de una invasión. Miedo de exponer los sentimientos. Rechazo por cualquier plan de a dos que comprometa el futuro. Las nuevas parejas Light comparten la cama pero viven en mundos separados. ¿Por qué el compromiso les produce fobia?
Es un mal de
la época, una enfermedad contagiosa con nombre y apellido. Los especialistas la
llaman fobia al compromiso. Aparece casi siempre sin aviso y duele como un
ataque al corazón.
Estoy
bien, te quiero, pero . . . es la frase más común que anuncia que se
avecina una ruptura amorosa inevitable: estoy bien, te quiero pero necesito más
tiempo, te quiero pero siento que no va a funcionar, te quiero pero necesito
estar sola, te quiero pero lo nuestro es . . . . . solamente sexo.
Cada vez más, hombres y mujeres entablan esta relación particular: se enamoran de golpe y rápidamente huyen. . . cuando empiezan a enamorarse o cuando establecen una relación tan intensa que les da la sensación de que el próximo paso puede ser el matrimonio. Parece mentira, Están bien. Se enamoran. Pero huyen. Simplemente huyen. Los hombres, educados para cazar y coleccionar mujeres como mariposas, siempre tuvieron esa conducta errática, indefinida, ajena al compromiso. Pero ahora también las mujeres están poniendo límites y muchísimas veces establecen reglas y distancias que son muy difíciles de cumplir.
Será porque
vienen de parejas anteriores insoportables y están escaldadas (término
que quiere decir: “receloso, desconfiado, escarmentado”)[2]. Será
porque privilegian su trabajo o sus hijos. Será porque han adquirido una buena
cuota de autosuficiencia que les permite, ahora, olvidarse de los mandatos clásicos
que las condenaban sólo a ser mamás y esposas fieles.
Por lo que
fuere—con motivos reales o por razones imaginarias---lo cierto es que en no
pocas oportunidades ellas también acaban una relación en el momento menos
pensado, cuando más dicen amar, se quedan solas o corren hacia una nueva
pareja.
<Leemos
más adelante:>
Elusivos activos
Los psicólogos llaman a estas criaturas “elusivos activos”.
Ricardo .
. .(49 años, contador) definió su actual historia de desamor en forma breve y
dramática: “Ella, sencillamente, me está viendo cada vez menos . . .Cuando
aparece sigue siendo intensa, apasionada . . . pero cada vez pone más
distancia, suspende nuestros encuentros, me dice que me quiere pero que lo
nuestro no puede ser. . . Y no me da más explicaciones”.
No dar explicaciones es una de las tantas “técnicas” que se utilizan
para tomar distancia. Otras estrategias, igualmente efectivas, son la ofuscación,
el enojo sin causa aparente, las jaquecas ficticias, la infidelidad reiterada,
la provocación.
Este último método suele combinarse con el primero. “Ella –se apena
Ricardo– hace todo lo posible para que yo me ponga celoso. La última vez que
nos vimos fuimos a una fiesta y se pasó la noche coqueteando con otro. Cuando
logró ponerme celoso se enojó conmigo y me dijo que no podíamos seguir juntos
porque yo era demasiado celoso.”
Silvina (27, recepcionista en un estudio de abogados, soltera) relata una
experiencia que es en parte similar: “Yo llevaba tres años de novia con un
chico –confiesa– y estábamos proyectando un montón de cosas juntos cuando
nos fuimos de vacaciones. En pleno veraneo me dijo que lo nuestro no podía
funcionar, que éramos muy distintos, que no nos íbamos a llevar bien y que si
me lo decía en otro momento iba a ser peor, que más adelante nos iba a doler más
a los dos. Nos habíamos ido a Brasil y yo pasé los últimos tres días
llorando. Me lo dijo tres días antes de volvernos y en el momento lo único que
atiné es a llorar y a pensar que no me quería más y que era un problema mío,
que yo era muy posesiva y que lo había ahogado. . . pero realmente él
inventó sus propios motivos porque la estábamos pasando muy bien, con algunas
peleas y con las discusiones de siempre, pero estábamos bien”.
Hoy, gracias a una terapia, Silvina puede entender que su novio es una persona
que no se puede comprometer. El hombre actuaba como Julia Roberts en Novia
fugitiva: “A una novia anterior la había dejado un montón de tiempo porque
se fue de viaje solo y ella lo soportó y lo esperó. Conmigo –rescata
Silvina– no huyó a otro país, pero como la cosa se estaba poniendo más
seria igual salió corriendo”.
Las pérdidas
En casos así, es inevitable la pérdida de autoestima: “A mí me costó mucho recuperarme –reconoce Silvina--, pasé mucho tiempo pensando en qué es lo que había hecho mal, si yo era fea. . .pero nada que ver, es que me encontré con un joven que está enfermo de la cabeza y que no se quiere comprometer con nadie. . .También a veces, pienso que somos muy jóvenes, que en realidad creemos que estamos maduros pero no es así. Yo me doy cuenta de que a veces cuando un chico muestra demasiado interés por mí me escapo, eso nos pasa un poco a todos, a nadie le gusta que el otro te la haga fácil. No sé por qué, creo que es por miedo. Vivir toda la vida con la misma persona asusta a cualquiera, es como que te da la sensación de que estás perdiendo un montón de cosas”.
Quizás ese sea el tema central de la fobia al compromiso: consciente o inconscientemente, todos saben que deben ceder partes de su vida y su propia identidad cuando deciden establecer una pareja sólida.
<
Silvina reflexiona y dice que vivir con la misma persona toda la vida asusta.
Esto se hace evidente cuando no se está dispuesto a entregarse totalmente, tal
como lo menciona más adelante Edmundo Ambas. Sin embargo rescatamos las
reflexiones de Silvia y de Patricia. Ellas muestran que cuando se está
realmente enamorado, se puede luchar por ese amor hasta lograr victoria y que la
comunicación es un factor primordial en esto>
Silvia ( 36, terapeuta naturista) encontró no sin esfuerzo cómo resolver su conflicto. “Cuando mi pareja estuvo a punto de naufragar, ambos decidimos preguntarnos qué pasaba con nuestro amor –afirma --. Nos separamos por tres meses y yo jamás pensé que podía encontrar el amor en mi propio marido. Sufrimos tanto la separación que nos dimos cuenta de que éramos el uno para el otro. A amar, hay que animarse”.
. . . El tema, en apariencia resulta ser generacional. Patricia, ( 42, casada hace 17 años, dos hijos, empleada bancaria) no duda: “Yo creo que hoy los chicos se plantean relaciones mucho más superficiales: no quieren tener un verdadero amor –acusa --. En mi generación era distinto, te comprometías más, te involucrabas más. Si había problemas económicos los pasábamos juntos. Ahora los chicos dicen que antes se aguantaba cualquier cosa, a mí me parece que ahora lo que sucede es que no aguantan nada”.
Su historia personal no está exenta de miedos. “Claro que todos los seres humanos tenemos miedo a algo alguna vez –acepta – y el formar una pareja es un paso fuerte: cuando con mi esposo recién empezábamos a salir tenía esa sensación de duda, pero a mí me duró poco tiempo. Creo que él nunca dudó de querer estar conmigo y nos llevamos bien, tenemos una muy buena pareja. Entre nosotros no hubo confusiones de no decirnos que nos amábamos cuando lo sentimos”.
Las necesidades de esta época son sin duda, distintas de las de hace veinte años. “Ahora –acusa Patricia – hay mucho individualismo, muy fijarse primero en la carrera, primero en obtener bienes materiales y después si queda tiempo se ponen de novios y además se fijan si esa persona les conviene o no en su futuro. Y si no, se dan las relaciones ocasionales cuando el trabajo lo permite; son relaciones casuales, se ven de vez en cuando porque no tienen tiempo y porque cada uno tiene “su vida” . . .¿qué puedes llegar a conocer del otro si la relación es así? Si no lo conoces tampoco lo puedes llegar a amar”.
Amar no es una operación aritmética de suma y resta pero se le parece bastante. Implica sumar paz y exaltación al mismo tiempo, implica quitarse de encima los miedos, la incapacidad para entregarse sin temor. Sumar y restar, entregarse, permitir que otro nos observe desnudos en alma y cuerpo, todo ello configura un acto de amor, un acto de fe.
“porque si alguien que sabe de nuestra miserias nos quiere –explica Susana Balán en su libro La utopía amorosa, editorial Ariel --, si somos queridos, es porque somos queribles, y entonces vale la pena querernos por lo que somos”.
¿No se quieren a sí mismos en realidad los que huyen?, ¿tienen un bajo concepto de sí como personas o sólo tienen miedo de perder su libertad?
El poeta mexicano Octavio paz decía que amar es el más excelso acto de libertad individual. “Amar –decía – es una apuesta que nadie está seguro de ganar, porque de esa apuesta depende la libertad del otro”
Claro como el agua: amar solamente se ama en libertad porque cuando alguien empieza a sentirse atado es porque está dejando de amar.
Edmundo Ambas
Informe:
María Laura García
[1] Extraído de la revista “LUNA mujer” Editorial Perfil S.A. Año XVI – Nro. 875 6 de Abril de 2001. Para leer el tema completo dirigirse a: www.luna.uol.com.ar
[2] Las notas en rojo son personales.