Vivimos en un mundo en el que la palabra "amor" está cada vez más disuelta
SOCORRO, ME CASE SIN ESTAR ENAMORADO/A
Por Ptr Rubén Flores
Corría el año 1488 cuando el duque Francisco II de Britania partía de este mundo dejando a su hija Ana de Britania de doce años como heredera de sus bienes y títulos. Hasta ese momento Carlos VIII de Francia había sido el señor feudal de Francisco II de manera que al morir este último reclamó la tutela de Ana. No pasaron más de tres años cuando Carlos contrajo matrimonio con la jovencita aún a pesar de las objeciones de Enrique VII o de Maximiliano de Habsburgo. No hubo hijos en aquel matrimonio y cuando Carlos murió en 1498 su primo Luis XII le sucedió. Para conservar la unión permanente del ducado en el reino se unió en matrimonio con la viuda de veintidós años. Para acceder a este casamiento le fue permitido a Luis dejar de lado a su esposa Juana la que indudablemente no tuvo mas opciones que aceptar lo que estaba ocurriendo. En Octubre de 1499 Ana dio a luz a una niña a la que llamaron Claudia. En Enero de 1514, cuando Ana fallece, Claudia técnicamente se convierte en duquesa pero no tiene acceso al poder del título ya que Britania seguía bajo el control de su padre. En Mayo de 1514 Claudia se casó con Francisco de Angulena, el heredero al trono, y mas tarde, ese mismo año, se convirtió en su reina al fallecer su padre. En junio de 1515 Claudia fue convencida de hacerse cargo de la administración del ducado a la corona francesa perpetuamente, y tras su muerte en 1532, finalmente fue anexado formalmente.
Como hemos visto los matrimonios de la realeza eran la esencia de la alta política en la Europa Medieval y podríamos decir que hasta los primeros tiempos de la Europa moderna. En aquellos tiempos el destino de los reinados dependía de la fertilidad de los monarcas y de sus consortes. Por otra parte, era muy importante el mayor número de nacimientos dada la gran mortalidad infantil. El objeto de aquellas uniones era primordialmente engendrar varones para que el trono no quedara vacante en ningún momento, no obstante, los otros hijos no dejaban de ser importantes ya que eran utilizados como valiosos bienes diplomáticos para crear mediante sus matrimonios verdaderas uniones políticas.
Hubo otras uniones dinásticas como la de María de Borgoña con Maximiliano de Habsburgo en Agosto de 1477 o la de Margarita de Habsburgo con el duque Carlos de Borgoña sin la cual el rey Eduardo IV jamás habría recuperado su corona en 1471.
Los matrimonios reales eran usados para sellar tratados de paz tal como ocurrió entre Inglaterra y Francia en 1514, o para llevar soluciones a la política externa como en el caso del matrimonio de Margarita, la hija de Enrique VII en Agosto de 1503 con Jaime IV de Escocia. Otro caso fue el de Germana de Foix con Fernando de Aragón en 1505 para llevar a cabo un cambio radical en la política o la posibilidad de una mayor ascendencia de una facción sobre otra como ocurrió en el caso del matrimonio de Enrique VI con Margarita de Anjou en 1445.
En definitiva, ¿Podríamos hablar de todos estos casos como matrimonios por amor? ¿Podrían cada una de estas mujeres y estos hombres proclamar con toda seguridad, mi matrimonio fue por amor?
Vivimos en un mundo en el que la palabra "amor" está cada vez más disuelta y mezclada entre nubes de emocionalismo, apasionamiento, sexo oportunista y películas eróticas. El doctor y filósofo Enrique Rojas en su muy publicado libro "El Hombre Light", escribe:
"Se habla mucho de amores y, mas concretamente de <uniones sentimentales>, pero muy poco del < amor>. A cualquier relación superficial y pasajera la llamamos <amor>. . . . Hay que volver a descubrir su verdadero sentido, aunque sea una cuestión impopular y difícil de conseguir. Hay que recuperar el término en su sentido teórico y práctico, volver a incluirlo en nuestra vida", y mas adelante agrega: "El <amor humano> es un <sentimiento de aprobación y afirmación del otro>, por el que nuestra vida tiene un nuevo sentido de búsqueda y deseo de estar junto a la otra persona".
Como escribía Jean Guitton en su "Ensayo sobre el amor humano" "El amor, a pesar de esa identidad profunda que trasciende el voto de fidelidad, está, como sentimiento normal, en continua transformación. No puede subsistir sin una perpetua variación. Es la adaptación de un ser móvil a otro ser móvil, y la adaptación debe ser móvil también. . . .el amor se alimenta de los accidentes de la vida, de las crisis, de los perdones mutuos, de las pruebas superadas; se modifica secretamente por el ritmo y el ocaso sexual, y finalmente se transforma con la muerte de uno de los miembros de la pareja. Todo esto ocurre sin que lo percibamos, porque la personalidad varía con las edades de la vida, bajo el peso de la profesión, el tiempo y la experiencia"
¿Qué experiencia positiva puede traer un matrimonio sin amor? En un matrimonio por conveniencia se utiliza el tiempo sin percatarse que en el transcurrir de la horas se pierde el goce del intercambio intuitivo, emocional y dinámico que significa el darse por entero el uno al otro. En un matrimonio sin amor sobresalen los defectos y se ignoran las bondades. "En el amor no se pide que se amen los defectos del otro sino que se ame al otro lo suficiente como para que sus defectos sean considerados una consecuencia casi sin valor de su existencia"
Elizabeth Barret Browning escribía: "¿Cómo te amo? Déjame contar las maneras. . . "
En los matrimonios que hemos conocido a través de sus historias vimos que hubo cierto tipo de relación en la que pareció no significar nada el amor; política, conveniencia, poder, influencia, etc. fueron mas bien sus fundamentos y objetivos. Se valoró a los demás por lo que se podía conseguir de ellos. Por supuesto, absolutamente nada que ver con lo que Dios expresa de sí mismo a través del sacrificio de su Hijo Jesucristo en la cruz del Calvario. En un matrimonio sin amor hay valoración del otro sólo como un tecnicismo, Alguien dijo en una oportunidad que existen variadas formas de sentir y expresar el amor, sin embargo cada persona que ama, aún si lo hace a su manera, tiene ciertos elementos comunes de valoración. ¿Cómo puedo comunicar el valor que ha dado Dios al matrimonio si no entiendo primero el valor que Dios me dio como persona? Cuando comprendo el valor del sacrificio de Cristo por mis pecados comienzo a entender y aceptar el valor que Dios ha dado a mi vida. (1 Pedro 1:18-19, Juan 3:16), por eso es importante que un matrimonio esté basado en el amor mutuo, la comprensión, el respeto, la fidelidad, etc.
He aquí el testimonio de una mujer de bastante edad: "Tengo setenta y un años y vivo con mi marido. Estas relaciones se mantienen desde hace cuarenta y siete años. Aunque él me inspira afecto como persona, no estoy "enamorada". Mi marido y yo vemos las cosas de manera muy diferente. Él es profundamente religioso y yo soy agnóstica. Él es muy tradicional en lo referente a los papeles varón/hembra; yo soy feminista. No hay trato sexual en nuestras relaciones. Me he propuesto atenerme a ellas el resto de mi vida por falta de opciones. Me preocupo por su bienestar y su felicidad ya que él es una excelente persona. . . . él controla su dinero, yo el mío. Cada cual tiene su cuenta corriente. Por lo general, él compra los comestibles y paga los gastos de la casa. . .yo pago todo lo referente a ropa, facturas del médico, gasolina, diversiones, etc. . . .Yo prefiero que mi marido sea monógamo; si no lo fuese, no me gustaría saberlo. Dormimos en camas gemelas".
Este es uno de miles de casos que sabemos existen en el mundo, no hay opciones, no hay vivencias personales compartidas, no hay amor, cada cual vive su vida independientemente del otro y sin embargo frente a la sociedad puede parecer un matrimonio excelente, y sin embargo frente a la realidad del pensamiento de Dios este dista mucho de ser el ideal matrimonial. Un matrimonio debe estar fundado en un amor sano, firme, fuerte, perdurable, lleno de placer y buena voluntad, satisfactorio en todos los órdenes, espiritual, mental y sexual pero también con la suficiente personalidad para no asfixiarse mutuamente.
Finalmente, puede que muchas veces hayamos leído lo que el apóstol San Pablo escribe acerca del amor en la primera carta a los corintios capítulo trece versos del 4 al 7 . ¡Oh! Exclamamos, ¡Que hermosa manera de amar! Pero una cosa es el ideal del amor y otra la vida real del amor. Parece difícil encontrar a parejas que vivan esa clase de amor pero yo puedo asegurar que sí las hay. He conocido matrimonios de 50 años de casados que practican esta clase de amor. Mi amada esposa Marta y yo no lo conocíamos cuando nos casamos pero después de veinte años y tras conocer el amor de Dios aprendimos a convivir otros veinte tratando de poner en práctica las enseñanzas de su Palabra. Hoy, a la luz de lo acontecido en nuestra vida matrimonial y después de que Dios se hiciera cargo de nuestro hogar, podríamos decir que en aquel entonces, cuando nos casamos deberíamos haber exclamado:
¡Socorro, nos casamos enamorados pero ayúdennos, necesitamos consejos!
Por el contrario, si te has casado sin estar enamorado/a Dios es la solución. Él hace la diferencia para llegar a vivir esa clase de amor que estás anhelando. Para eso deberías exclamar
¡Socorro, me casé sin estar enamorado/a, ayúdenme!
Algunos pueden creer que un matrimonio sin amor no tiene solución, sin embargo he conocido casos en los que Dios ha sido el punto inicial para la recomposición de un matrimonio sin amor.