¡cómo va a hablar el pobre hombre si ella no lo deja!
Alguien dijo que el silencio es salud
Por Pr. Rubén Flores


Roberto estaba sentado casi al borde de su silla, su cabeza baja, sus ojos cerrados y sus manos juntas daban la impresión de estar tratando de orar a Dios para que le diera paciencia. Del otro lado de la habitación Elizabeth no hacía otra cosa mas que hablar y hablar. Cuando él quería introducir alguna frase ella le interrumpía de inmediato y él volvía a su posición habitual.
Ellos pidieron por nosotros para que les diéramos algunos consejos matrimoniales ya que desde hacía bastante tiempo su matrimonio había desmejorado notablemente. Elizabeth se quejaba de que Roberto no hablaba y Roberto no hablaba porque no podía introducir un solo bocadillo. Esta era la situación cuando entramos a su habitación.

Es cierto que alguien dijo en alguna oportunidad que el silencio es salud pero debemos tener en cuenta que también hay peligros en el silencio. Cuando la otra persona no nos contesta ¿Qué podemos pensar? ¿Qué no tiene interés en escucharnos, o que le aburre nuestra conversación, o que existe cierta clase de hostilidad a lo que estamos diciendo? Puede ser, como en el caso de Roberto y Elizabeth (nombres supuestos) que uno no deja hablar al otro porque no sabe callar un solo momento. 
El resultado de una investigación hecha por un grupo de sicólogos indica que un 85% de los casos de problemas matrimoniales resultan de la falta de diálogo entre los cónyuges. Muchos de estos casos ya han desistido de comunicarse, el diálogo pasa a través de los hijos o en el peor de los casos a través del televisor.
Como hemos visto Roberto intentó varias veces introducir un bocadillo pero Elizabeth no se lo permitió. Y así el diálogo fue desmejorando paulatinamente a través de los años sin que ellos mismos se dieran cuenta. Claro, ahora Elizabeth se queja de que Roberto no habla pero, ¡cómo va a hablar el pobre hombre si ella no lo deja!

Quiero que reflexiones acerca de este problema. No se espera que en un matrimonio el diálogo sea un 50% y un 50%, a veces, (en realidad muchas veces), ambos esposos deben hacer un esfuerzo para comunicarse, quizás en una pareja el esposo sea quien haga el 80% del esfuerzo mientras ella sólo llegue a un 20%, en otras parejas tal vez sea ella la que se esfuerce un 70% y él sólo pueda llegar a un 30%. El punto fundamental es que ambos traten de llegar a un encuentro para que el diálogo sea un camino de dos vías y no se convierta en un monólogo como el de Elizabeth..

Si tu caso es el de Roberto debes hacer el esfuerzo de hablar el problema con "tu Elizabeth" y si se da el caso contrario pues es un buen momento para "parar la máquina" y permitir que tu esposa pueda introducir su "bocadillo". La Biblia nos enseña lo siguiente: 

2No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.
3Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.
6No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?
7Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios. ( ) (Eclesiastés 5: 2-3;6-7) 
Ese día conversamos largamente con Roberto y Elizabeth, él excusaba a su esposa diciendo que no todo era culpa de ella sino también de él ya que era muy tímido y reservado, él dijo:
--"Me cuesta compartir, soy muy introvertido, mi crianza fue en una zona rural y mis padres eran residentes inmigrantes muy callados. El hecho es que no logro articular mis pensamientos cuando Elizabeth habla tanto"-- 
--"Bueno, le respondimos, -- es muy importante que comiences a comprender y aceptar que parte del problema se ha suscitado por tu forma de ser. Si bien la crianza tiene mucho que ver tu tienes que hacer el esfuerzo de compartir tus pensamientos y sentimientos como lo hacías cuando eran novios. Pide a Dios te de el poder de la palabra para que puedas comprender a tu esposa e intervenir en la conversación sin enojarte ni tampoco callarte--.

A Elizabeth le aconsejamos: ¿Sabes una cosa Elizabeth? Escuchar es un arte y si tu esperas a tu esposo y le das tiempo a que él reflexione sobre lo que tú has dicho y <en su tiempo> pueda contestarte, verás que pronto comienza a expresarse más rápidamente pero ten en cuenta que si tu no le permites meter un bocadillo difícilmente crecerá en ese aspecto.-Debes orar al Señor para que te de paciencia ante los silencios de tu esposo y poder esperar "sus tiempos" que no son los tuyos.

Debemos aprender cuándo es necesario hablar y cuándo escuchar: "Las escuelas y los colegios nos preparan para leer, escribir y hablar, pero no le prestan casi atención al desarrollo del arte de escuchar, aunque el tiempo total que pasamos en la vida oyendo sea el triple del que pasamos en el uso de nuestras demás capacidades. ¿Alguna vez nos hemos matriculado en un curso acerca del "arte de escuchar"? Ahí está la gran diferencia. La capacidad de escuchar está patéticamente subdesarrollada. Somos egoístas y aferrados a las ideas propias". ( ) 

Después de aquella entrevista Elizabeth se sintió desorientada por el hecho de no saber cuándo hablar y cuando callar pero sucedió algo muy bueno, Roberto comenzó a exponer sus pensamientos y su esposa a darse cuenta que él tenía mucho que decir y muy bueno pero que ella no lo dejaba. 
En su hogar ocurrió también un cambio notable, surgió en Elizabeth un respeto por las opiniones de su esposo que antes no tenía, ¡claro! Ella no las conocía ya que él no se las podía expresar. Sus hijos también están disfrutando de ese cambio pues encuentran a su madre más dedicada a su papá Roberto y a escuchar sus opiniones como hijos. 
En cuanto a Roberto hemos podido ver que, si bien sigue bastante callado a causa de su formación familiar, ha adquirido una autoridad delante de sus hijos que la mucha charla de Elizabeth no le permitía, y como esposo dedicado al Señor ahora se siente más seguro, no sólo en su hogar sino también delante de los miembros de su congregación ya que antes escuchaban sólo a su esposa. 

¡Ten cuidado! En algún lugar hay un cartel que dice que < El Silencio es Salud>. Como dice la Palabra de Dios, no te apresures a hablar porque a veces nuestra lengua nos hace pecar. Trata de tomar el ejemplo de estos buenos cristianos que pusieron su problema en las manos de Dios y aceptaron cada uno sus errores. 
El Señor bendiga tu vida matrimonial y familiar.