Un enigma resuelto por algunos
EL PRECIO DE LA FELICIDAD, ¿MATRIMONIO O NO?
Por Rubén O. Flores


Esta mañana en un programa radial muy conocido aquí en la Argentina, se preguntaba acerca de si el amor dentro del matrimonio termina por desaparecer al cabo de los años. Favorecedores y detractores tuvieron la oportunidad de compartir sus "muy entendidos" pensamientos sobre el tema. Hubo quienes dijeron que el amor se va transformando a través del tiempo en simplemente cariño. Una mujer compartió que ella y su esposo continuaban juntos, después de casi 40 años de casados, por el cariño a los hijos y a la familia pero que aún se querían, aunque ella pensaba que el amor se había terminado. Otra persona acotó que para que el matrimonio continúe con el mismo ardor del principio era conveniente que cada tanto un tercero irrumpa en medio de la pareja, y ya sea de uno u otro lado haga renacer de las cenizas, como el ave fénix, la pasión ya olvidada por los años y la rutina. 

Escuchando a estas y otras personas cuya opinión difiere de lo que Dios consigna como felicidad en el matrimonio, nos preguntamos si aquellos que llevamos más de cuarenta años juntos y felices, somos una especie extinguida. ¿Estamos equivocados? ¿El matrimonio ha caído en desuso?

El escritor Alejandro Castañeda lo analiza de esta manera:

"El matrimonio, como institución tradicional, hace tiempo que vive en caída, sociólogos, psicólogos, amantes y divorciados han marcado reiteradamente el tamaño de su declinación. Se lo culpa de casi todo. Al viejo casorio,-- al de papá y mamá, no a los nuevos formatos--, lo amenazan, implacables, el costo de la canasta, la rutina, el cansancio, el desamor y las lindas vecinas. Antes, al menos, parecía el paso obligado para tener hijos. Pero hoy, entre vínculos de hecho y vientres alquilados, entre las parejas gays y el semen frizado, el matrimonio debió romper su vieja sociedad con la cigüeña para dar lugar a polirrubros casamenteros que han diseminado un ejército de hijos que no saben de quienes vienen, a quiénes deben reportar y qué ramita les toca en su incierto y escueto árbol genealógico". 
Agrega este autor que "un estudio muy extendido en países desarrollados difundió que las PC son enemigas del amor matrimonial y que en Francia, por ejemplo, existe una especie de protocolo matrimonial que entrega a una novia en comodato y que hay que renovarle permisos de disfrute cada siete años. Sino, basta con tres meses de preaviso para que cualquiera de los contrayentes pueda abandonar la cama grande sin culpa ni indemnizaciones".
En Pamplona se aceptó que una pareja de lesbianas se haga cargo de un hijo gestado por una de ellas con un embrión artificial. Es cierto que la paternidad es cada vez más portátil y descartable, pero seguramente el niño algún día tendrá que hacerse cargo como pueda de semejante ausencia.
En San Francisco, el día de San Valentín, el alcalde Gavin Newson. . . con un solo Sí multiplicado casó a las 3.500 parejas gays que habían llegado de todas partes para poder meter en algún legajo un amorío que facturó papeles, corilló y festejo en una sola boleta.
. . . Y el diario El Mundo, de Madrid, difundió que, tras un pormenorizado estudio, en la Universidad de California aseguran que los niños de familias homosexuales no presentan ninguna deficiencia en su desarrollo personal, social, emocional o intelectual. Y que lo único que los daña son las actitudes homofóbicas". 
. . .los que cada sábado se sacan la foto en los jardines dee la Municipalidad ( el parque u otro lugar), tienen algo de heroico y arrojado, porque algunos sólo ven al matrimonio como una ONG de usos múltiples, con algo de poesía y algo de servicio penitenciario, una sociedad de responsabilidad limitada que por una quincena de inolvidables revolcones obliga a treinta de negociaciones.

Por otro lado, algunos preguntan si la felicidad tiene precio y para eso también ahora alguien tiene una respuesta, por ejemplo, Adriana Schettini escribe en un artículo para el diario La Nación: 

"Al fin se develó el mayor misterio de la historia universal. Llevó su tiempo: desde la creación de Adán hasta bien entrada la era de Internet. Pero valió la pena. Gracias al portal Yahoo!, ahora se sabe que, efectivamente, la felicidad tiene precio. Conforme a la encuesta difundida en Londres y realizada on line, se ha determinado que una persona necesita 3.640.000 euros para ser feliz. Para los menores de 24 años, hay rebaja: con 3.570.000 euros se dan por felices. Conforme a la ley de las compensaciones, la bonificación que reciben los jóvenes terminan pagándola los adultos entre 44 y 55 años, para quienes el kit de la dicha asciende a más de 4.000.000. Lo que me extraña es que las feministas no hayan salido a batir el parche contra el machismo cruel que evidencia el tarifario de la felicidad cuando, en flagrante violación al principio de igualdad entre los sexos, pretende que las mujeres paguen 140.000 euros más que los hombres para ser felices. Tengo para mí que estas chicas aún no se han hecho oír porque están tramando un cambio radical en sus reivindicaciones históricas. No es para menos: después de tantos corpiños quemados en protesta por el "techo de cristal" que les impedía el ascenso a la cima y los salarios, ahora resulta que quizás convenga negociar un descuento en el precio en la felicidad antes que seguir sudando en el intento de horadar la bóveda transparente que las condenaba a la desdicha. 
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Si usted estalló de entusiasmo al enterarse de que ha sido puesto en el mercado el bien más codiciado, y desde entonces no hace otra cosa que organizar una vaquita entre los amigos, vecinos, parientes, conocidos, ex amantes, novias y transeúntes ocasionales para juntar los cuatro millones y adquirir una felicidad que planean rifar a suerte y verdad entre los inversores para que al menos uno de ellos se convierta en feliz poseedor de la dicha, créame que lo comprendo. Pero, si me permite un consejo, no se apresure a comprar. Por más que el producto tenga la ventaja de contar con la humanidad toda como consumidores cautivos, apenas empiecen a tallar los lobbies, la lista de precios se va a modificar. Hágame caso, domine la ansiedad hasta que, zarandeada por los vientos del mercado, la felicidad cotice a valores razonables. Le digo más, ese día puede contar conmigo para el plan de ahorro previo. 
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Mientras tanto, celebremos la suerte de estar pisando esta tierra en el preciso momento en que se ha develado el misterio que obsesionó a los hombres durante siglos y más siglos: saber en qué consiste la felicidad. Sin otro mérito que el de presionar un botón del Mouse, usted y yo estamos en condiciones de responder con toda precisión: la felicidad está hecha de 3.640.000 euros. ¿No es éste un privilegio que mueve al regocijo? Ya veo que usted se está mordiendo la lengua por no contestarme que, si le hubieran dado a elegir, habría optado por postergar su nacimiento hasta dentro de un par de siglos, cuando la dicha sea una bicoca disponible en las mesas del outlet. Le diré, sin ánimo de ofenderlo, que su razonamiento de chiquitaje (empequeñecido) es una ofensa para la historia de la filosofía. De sólo escucharlo, una multitud de pensadores de fuste han de estar revolviéndose en sus tumbas. Consagraron sus biografías a la tarea de elucidar la naturaleza de la felicidad, escribieron tratados, tuvieron seguidores y detractores, fundaron escuelas filosóficas, se arriesgaron a la incomprensión de sus contemporáneos, y todos, absolutamente todos, abandonaron la existencia terrenal con la pregunta sin contestar. Y ahora que Yahoo! ha extirpado el aguijón de la duda existencial con una certeza contante y sonante (3.640.000 euros), usted viene a ponerse exigente porque no dispone de efectivo aquí y ahora para cerrar la operación. No me parece justo. ¿Sabe lo que habrían dado los filósofos de todas las épocas por conocer tan sólo esa respuesta? Y usted, tan desagradecido y pragmático, maldiciendo la extrema delgadez de su billetera". 

¿Qué es lo que nos pasa a los seres humanos? Por un lado tratamos de buscar la felicidad a toda costa y por otro no somos capaces de pagar el precio que realmente tiene. Un escritor anónimo escribió: "El hombre necesita, para considerarse feliz, volver los ojos a otra parte y contemplar el dolor ajeno". Es esto cierto tanto como Goethe lo describe en una de sus máximas: "¿Qué quién es el hombre más feliz? Pues aquel que sepa reconocer los méritos de los demás, y pueda alegrarse del bien ajeno como si fuera propio". 

Recuerdo parte de un himno que cantaba cuando recién conocí el amor de Dios: 
"¿Cómo podré estar triste, cómo entre sombras ir, cómo sentirme solo y en el dolor vivir? Si Cristo es mi consuelo, mi amigo siempre fiel; Si aún las aves tienen seguro asilo en El. Feliz cantando alegre yo vivo siempre aquí, si El cuida de las aves, cuidará también de mí" ( Himno 396 "El cuidará de mi" de "Himnos y Cánticos del Evangelio" por V. Mendoza y Chas H. Gabriel. 

¿Es que la Palabra de Dios por boca del apóstol Pablo está fuera de contexto? Por que según tengo entendido que quien sigue estas reglas de convivencia matrimonial consigue la felicidad y duración bajo la dirección de Aquel que no sólo envió a su Hijo Jesús a morir en la cruz del Calvario por nuestros pecados sino para que aquí y ahora podamos alcanzar una vida diferente, tal vez con algunas diferencias de opiniones pero feliz al fin. 
Leamos una vez más estas premisas y concluyamos que, si bien existen matrimonios u opiniones sobre la felicidad como los que Castañeda y Schettini han encontrado en sus investigaciones, también hay quienes a través de seguir la reglas dispuestas por Dios en su Palabra, han encontrado la verdadera felicidad, ¿Qué hay que pagar el precio de ponerlas en práctica? Por supuesto, pero es un precio que no existe en el Mercado Común Europeo ni lo pone el FMI.

21Someteos unos a otros en el temor de Dios. 22Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 30porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 31Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. 33Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido". 

DIOS BENDIGA TU VIDA Y FAMILIA
Rubén O. Flores