El matrimonio y sus luchas Primera Parte
Por Rubén O. Flores


Con sabiduría se edificará la casa, Y con prudencia se afirmará; . . .” (Prov. 24:3)

“Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican;. . .”(Salmo 127:1ª)

Hace unos días en una reunión hablábamos acerca de la oración matrimonial. Compartía con los presentes el hecho de que mi esposa todos los días, en la oración matinal, da gracias a Dios por el esposo que le ha dado. Debo reconocer sinceramente que el esposo que Dios le dio, o sea quien escribe, no es ninguna alhaja, tengo mis pruebas y a veces algún que otro desplante. Sin embargo ella no ha dejado de orar por mi. Una de las mujeres presentes compartía con mi esposa los problemas que tenía con su marido y la bendición que significaría para ella tener un esposo como yo. (Por supuesto que ella no convive conmigo y por ende no me conoce realmente, una cosa es mirar desde afuera y otra es la convivencia) . Pero hay que reconocer que Dios nos ha permitido llegar hasta aquí y hemos adquirido 41 años de experiencia en el arte de la convivencia. Ciertamente con Marta tenemos nuestras diferencias, no somos perfectos pero hemos aprendido a unir nuestras fuerzas a las de Dios y formar un equipo que con los años se ha ido fortaleciendo.

La mujer consideraba a su esposo más como un forastero en su vida que como la cabeza de su hogar tal como lo enseña Dios. Su matrimonio parecía ser un barco en medio de una tempestad, las olas de problemas arreciaban su cubierta y en los camarotes el agua estaba haciendo estragos.

¿No se parece el matrimonio de esta señora al de muchos en estos días?

 

Problemas, conflictos y demás.

Juanita es una mujer creyente desde hace muchos años, su esposo Pablo (nombres supuestos) tiene unos 55 años. Tienen dos hermosas hijas y un nieto que va creciendo hermoso y fuerte pero lamentablemente sin la enseñanza de lo que Dios desea para él y sus padres. Pablo tiene problemas cardíacos y cada tanto, cuando se siente mal,  aparece por la iglesia para orar a Dios que le dé salud y trabajo. Juanita comparte con nosotros sus necesidades y reconoce que Pablo no está realmente entregado a Dios, pero lo ama, le tiene paciencia y trata de animarlo a congregarse. Han tenido hace años  los problemas y conflictos propios de un hogar sin la cobertura de Dios. Mala relación, pésima comunicación, problemas económicos, etc. Lo que podríamos llamar problemas de muchos. Juanita y Pablo no son excepciones, ambos han pasado por problemas, conflictos y demás como los han pasado muchos. Hace unos días recibimos un e-mail de una persona que solicitaba algún material que hablara del matrimonio y sus luchas. Esto me ha hecho reflexionar y escribir este Editorial que pueda servir de introducción a algún estudio sobre el particular.  Tratamos de adaptar a continuación consejos extraídos del libro “The pastor as Marriage Counselor”, [1] allí se describen siete etapas de conflictos por las cuales las parejas pueden transitar, desde el comienzo de su matrimonio con situaciones normales hasta la separación y divorcio.

1) La Etapa de los Conflictos típicos
Ciertos problemas con el sexo, el control de la natalidad, nacimiento del primer hijo, gastos excesivos, interrelación con los padres y suegros, etc. La pareja debe adaptarse mutuamente a una convivencia que en muchos casos y si no ha habido una buena enseñanza, se hace bastante difícil. Aprender a comunicarse, aceptarse, ajustar los papeles de ambos dentro del hogar y en la intimidad. El papel del esposo durante el embarazo y después del nacimiento, cuando la esposa agrega a su feminidad el papel de madre.

2) La etapa del pacto Fracturado
Esta etapa se caracteriza por una pérdida de confianza entre los cónyuges. Puede provenir de una relación prematrimonial que hace que ella o él piensen que si ha habido una relación así entre ambos puede que se vuelva a repetir después del matrimonio con una tercera persona. Los celos comienzan a producir conflictos de comunicación, las palabras fuertes hacen su aparición y finalmente las peleas y discusiones llegan a tan alto nivel que atentan contra la integridad de ambos. 

3)  La Etapa de la Evidencia Escondida
En esta etapa se comienzan a guardar las apariencias. Se esconde ante otros la realidad del matrimonio. Uno o ambos buscan tapar la evidencia haciendo compras excesivas, gastos superfluos, salidas sin control, y la posibilidad de la amistad de una tercera persona que les comprenda. Comienzan vidas paralelas, los amigos ya no son comunes, cada cual tiene sus amistades y el flirteo y la posibilidad del autoengaño a sí mismo y a los demás se hace real a través de la concreción del adulterio como medio falso de consolación. 

4) La Etapa del Conocimiento Público
Juanita y Pablo llegaron a nuestro consultorio cuando la relación estaba en esta etapa. Los amigos, la familia y los hijos, todos estaban enterados ya de que el barco hacía agua y estaba a punto de hundirse. En realidad los demás se habían dado cuenta hace algún tiempo de la situación de este matrimonio sólo que los protagonistas no querían reconocerlo.

      Generalmente la pareja llega al consultorio del psicólogo, pastor, consejero matrimonial u otro profesional que pueda ayudarles, cuando “las papas queman”. Ya ha habido consejos de amigos, hermanos, familiares, hermanos en la fe, suegros y si los hijos son mayores, hasta de los hijos pero el matrimonio todavía estaba en la etapa anterior, “La Evidencia Escondida”. No querían reconocer que la situación era desesperada.

      ¿Qué es lo que ayuda en estos casos? La sinceridad, la buena voluntad de ambos, el deseo de volver atrás y salvar el matrimonio o al menos lo que queda de él. Lamentablemente no siempre ocurre esto, en muchos casos se busca, como ya se ha dicho, una tercera persona del sexo opuesto para llenar el vacío formado por la falta de comunicación, los celos, etc. 

5) La Etapa de las Amenazas o Intentos de Separación
Ángela estaba cansada, había pasado por las etapas anteriores, Juan no respondía a las charlas que tuvimos, a los consejos y nuevas charlas hasta que un buen día ella se marchó a la casa de sus abuelos en una ciudad de nuestro país distante unos 400 kilómetros de su lugar de residencia.

Ángela no es la única que opta por tomar distancia luego de amenazar repetidas veces a su esposo diciéndole que se marcharía si él no cambiaba sus actitudes. En esta etapa muchos son los que toman la decisión de separarse por un tiempo. Un nuevo trabajo en otra ciudad, visitas prolongadas a casa de sus padres, compartir la vivienda de una amiga o amigo según sea ella o él. En otros casos la decisión es casi definitiva a menos que surja algún cambio en el otro. ¿Motivos? Puede ser una infidelidad, alcoholismo, drogas, o cualquier otra razón, el hecho es que ya no hay paciencia y hasta a veces ni cariño.

6) La Etapa de Legalizar la Separación
Felizmente Ángela y Juan tuvieron la valentía de rever sus actitudes y emprender el camino de la reconciliación a través de “Encuentros Matrimoniales”. No son muchos los casos que al llegar a las amenazas e intentos de separación tratan de salvar lo que queda y emprender una nueva etapa pero de comunicación y paciencia. En este punto debemos reconocer con mi esposa que en cada “Encuentro Matrimonial” vienen parejas en estas últimas etapas críticas. Tenemos el gozo de ser  iniciadores, en nuestro caso y a partir de nosotros, de haberse formado una cadena de ayuda a más de 150 parejas hasta el momento desde el año 1993 en que nosotros fuimos invitados a nuestro primer “Encuentro”. De esta cantidad podemos certificar que no alcanzan los dedos de una mano para contar los matrimonios que no han podido, o no han querido, superar su crisis.

      Esta etapa de legalización de la separación puede comenzar con la consulta a un abogado. Allí surgen temas como, derechos de cada uno en cuanto a las propiedades, si las hay, régimen de visitas a los hijos, razones o bases para pretender el divorcio, tiempo de espera hasta que el Juzgado toma decisiones, etc. Aquí hay también que tener en cuenta que mientras todo esto está ocurriendo, familiares y amigos se solidarizan con alguna de las partes provocando muchas veces más fricciones de las que ya había.

7) La Etapa del Divorcio
Conozco a Carlos y Teresa desde hace muchos años. Ambos son excelentes personas, se puede conversar con ellos por horas, ambos son trabajadores y buenos amigos y ambos han puesto sus vidas en las manos de Dios. Sin embargo no pueden estar juntos, sus diferentas parecen haber sido irreconciliables. Hoy están divorciados y estamos seguros porque lo hemos visto, que sufren su separación como si hubiera sido un duelo.

      Por años hemos conversado con ellos, les amamos y jamás hubiésemos pensado que su matrimonio terminaría en un divorcio. ¿Qué podemos hacer al respecto cuando ocurren estas cosas? Los que se han divorciado necesitan más que nunca de comprensión, amor y compañerismo. Son tiempos de angustia, deben aprender nuevamente a convivir consigo mismos en primer lugar, reorientar su vida y si son jóvenes, poder reconstruirla. Los pastores pueden ser de muchísima ayuda en este proceso. Se debe tener en cuenta que algunas comunidades eclesiales   ven al divorciado como a una persona que ha pecado, que no ha sabido solucionar su problema y que debe ser radiado de la vida comunitaria eclesiástica hasta que reanude su vida matrimonial con su ex esposa. Cosa que en muchos casos es muy difícil que suceda.

      Esta etapa produce en ambos cónyuges una sensación de vacío y de estar en falta. Les parece que cuando caminan por la calle todos saben de su problema. Piensan que son culpables de no haber podido llegar a una solución. En algunos casos el resentimiento gana el corazón de uno de ellos o de los dos por la mala forma en que terminaron su matrimonio. Por las peleas anteriores a la separación y por las discusiones en base a la tenencia de los hijos y las propiedades. Ciertamente, necesitan de nuestro apoyo y comprensión.

     Sin duda  estas siete etapas son reales, conflictivas y difíciles. Pero damos gracias a Dios por todos aquellos que han sabido llegar a una solución.  La Palabra de Dios dice que debemos ser prudentes cuando edificamos nuestra casa:

Con sabiduría se edificará la casa, Y con prudencia se afirmará; . . .” (Prov. 24:3) [2]  Y que si Dios no es el fundamento del hogar en vano nos sacrificaremos en edificar nuestra casa. “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican;. . .”(Salmo 127:1ª) [3].

Dios crea el lazo espiritual que se necesita para que nuestras relaciones sean fructíferas y bendecidas. Creo firmemente que muchos no han podido solucionar sus problemas y han llegado al extremo de la última etapa porque no han permitido a Dios “trabajar en sus corazones”, Cuando dejamos a Dios de lado, fuera de nuestra vida y de nuestro hogar pueden suceder todas estas cosas que hemos relatado. Juanita y Pablo hasta hoy siguen juntos, usted preguntará si terminaron con sus discusiones, puedo decirle que no. Siguen teniendo diferencias hasta el día de hoy. ¿Usted cree que mi esposa, que ora todos los días y da gracias a Dios por mi, no tiene diferencias de opiniones conmigo? Puedo asegurarle que sí. Ángela y Juan aun siguen construyendo su hogar y buena prueba de eso es su hijito que va creciendo feliz y seguro en un hogar que tiene a Dios como prioridad.

Carlos y Teresa, a pesar de tener a Dios en sus corazones, no han podido entender que hay herramientas que poner en práctica y que esas herramientas son simples, fuertes pero debemos usarlas con valentía, firmeza y humildad. “

 

 22Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 26No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros. ( Gál. 5: 22-26) [4]

 

 No cometa el error de dejar a Dios fuera de su vida, si lo hace, habrá vivido en vano. Haga que Dios sea su máxima prioridad y permita que Él sea el que lo edifique y edifique su hogar, y aunque haya tormentas y el viento haga que el agua moje los camarotes de barco, esté seguro que no se hundirá. Le dejo este pasaje de la Escritura para que reflexione:

 

4El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8El amor nunca deja de ser;. . .”( 1 Corintios 13: 4-8) [5]

 

Hasta la próxima en que continuaremos con este tema.

Dios le bendiga.

     



[1] Samuel Southard, “The Pastor as Marriage Counselor”, An Introduction to Pastoral Counseling. Edit. Por Wayne E. Oates

( Nashville: Broadman Press. 1959), págs. 165-167.

[2]Reina Valera Revisada (1960), (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

[3]Reina Valera Revisada (1960), (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

[4]Reina Valera Revisada (1960), (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

[5]Reina Valera Revisada (1960), (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.