El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor
El prodigio divino del amor
Por Rubén O. Flores


Dice la Palabra de Dios, La Biblia, que “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”, (Primera carta del apóstol Juan capítulo 4 verso 8).

Este es el comienzo fundamental para la especie humana y principal prólogo del matrimonio. Creado para armonizar con quien fue, es y será su Creador y quien es, en sí mismo, tal como lo manifiesta la Escritura “amor”.

Encontré en las primeras páginas de un libro esta frase sobre el amor conyugal:

“El origen de la vida, el desarrollo del ser, el amor recíproco de los cónyuges, la sexualidad, la virginidad, la castidad. . ., todo ese mundo maravilloso creado por Dios, fincado en el cuerpo e iluminado por la luz del espíritu, vigorizado por el sacramento y la virtud”.  ([1])

Hace un tiempo vino una persona a mi oficina consultando acerca de los cambios efectuados en sus sentimientos referente a su esposa y que él no llegaba a entender. Creo que poco o mucho todos estamos enterados de que el amor es un condicionante para llegar a la plena felicidad en el matrimonio. Es decir, si pretendemos ser felices, y eso de ser felices no es una utopía; la pareja debe comenzar por entender que habrá cambios a través del tiempo. Cuando hablo de cambios no me refiero sólo a los físicos, sino también a los emocionales. . .en este momento puede ver la foto de nuestro casamiento, hace ya 41 años y veo que tanto mi amada esposa como yo tenemos unos cuantos kilos menos.

Para aquellos que como nosotros fueron trabajando su matrimonio sobre la base del amor, no es una sorpresa, para otros que recién comienzan tal vez estas líneas les aclaren un poco más el tema.

Justamente hoy, durante el día, recordábamos con Marta cuántos años hacía que nos conocíamos, cuentas van, cuentas vienen llegamos a la conclusión de que hace 47 años salimos a pasear por primera vez,  Ella tenía 17 años y era (y aún sigue siéndolo para mí) una hermosa joven de cabellos largos, estrecha cintura y largas piernas muy bien formadas. Pasamos luego algunos años separados. Una noche por fin me dio el sí y comenzamos oficialmente a salir como novios. Para ese entonces ambos teníamos ya 23 años. Recuerdo hasta este día cómo latía mi corazón cuando Marta aceptó ser mi novia.

Aquel latir fuerte de nuestro corazón cuando nos enamoramos es algo que muy pocos olvidamos con el tiempo. Sin embargo uno no lo mira bajo la óptica de la ciencia, no sabemos por qué late tan fuerte, por qué nuestra piel se conmueve y hasta comenzamos a transpirar con arranques de calor sofocantes. El hecho es que nuestro corazón parece saltar de nuestro cuerpo.

Sin embargo, días pasados encontré en un artículo esa mirada científica que aclara un poco, aunque para aquellos que aman tal vez no sea tan importante, la razón de ese latir tan fuerte.

Como todos los días, recibí en mi correo electrónico varios artículos del diario “La Nación”, un periódico nacional que tiene muy buenos artículos sobre Sociedad, Salud, etc. Uno de los artículos me sorprendió, decía en el comienzo de la nota que: Durante el enamoramiento, las hormonas de hombres y mujeres convergen, haciéndolos más parecidos que en ningún otro momento de la vida. . .,”.

Aquí la nota:  

“Hombres y mujeres convergen en el amor”

Hormonalmente, se parecen más

Durante el enamoramiento, las hormonas de hombres y mujeres convergen, haciéndolos más parecidos que en ningún otro momento de la vida, afirma en su edición de ayer la revista New Scientist.

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En 1999, Donatella Marazziti, de la Universidad de Pisa, en Italia, había mostrado que los niveles del neurotransmisor serotonina, que tiene un efecto tranquilizante, descienden por debajo de lo normal en los enamorados tanto como en aquellos que padecen desorden obsesivo compulsivo. Ambos grupos pasan muchísimo tiempo preocupándose por algo... o alguien. Pero ahora Marazziti analizó los cambios que ocurren en las personas que se enamoran. Su equipo midió los niveles de diversas hormonas clave en 12 hombres y 12 mujeres que afirmaban haberse enamorado en los meses previos, y los compararon con 24 voluntarios que estaban solos o en relaciones inestables o de larga data.

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Los investigadores descubrieron que tanto hombres como mujeres tienen niveles considerablemente más altos de lo normal de la hormona cortisol, lo que indica que el noviazgo puede ser bastante estresante.

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También hallaron que ellos tenían niveles más bajos que lo normal de la hormona sexual testosterona. Las enamoradas, por su parte, tenían niveles mayores.

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Acerca del trabajo, que se publicará en Psychoneuroendocrinology, Marazitti declaró que "los hombres se vuelven más parecidos a las mujeres, y las mujeres, a los hombres. Es como si la naturaleza intentara suavizar las diferencias en hombres y mujeres, porque es más importante sobrevivir [y reproducirse] en ese momento de su vida".

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Pero los cambios no duran mucho tiempo. Dos años después, cuando las mismas parejas ya no estaban desesperadamente enamoradas, fueron sometidas a nuevos análisis. Sus concentraciones de testosterona habían retornado a la normalidad”.

 

Esta última frase: “Sus concentraciones de testosterona habían retornado a la normalidad” me recordó la pregunta del consultante que llegó a nuestra oficina preguntando por qué no sentía lo mismo por su esposa que en las primeras semanas de haberla conocido. <¿La sigues amando?> – le pregunté— <creo que sí>, – me contestó --<pero no siento lo mismo que cuando nos enamoramos por primera vez. En aquel tiempo me sentía convulsionado cuando la veía venir a mi encuentro. Hoy estoy seguro que la sigo amando, quizás más que el primer día pero no es lo mismo, es como si estuviera más reposado, más tranquilo, con un sentimiento diferente, y no sé si está bien>.  

Hubo tiempos en que no se había investigado el poder que emanaba de la emociones.  En este tiempo parece no haber duda alguna sobre la influencia de los estados mentales sobre las funciones físicas. Hace ya muchos años el científico Hack Tuke, que fue uno de los primeros hombres que hizo un estudio científico de la influencia de los estados mentales sobre las funciones físicas, escribió:

“No hay sensación, sea general o especial, excitada por agentes que actúen sobre el  cuerpo desde afuera, que no pueda ser excitada asimismo desde dentro por estados emotivos que afecten a los centros sensoriales. . .”.

¿Amor o enamoramiento?  ¿Enamorado o acostumbramiento? Estas preguntas todavía repercuten en la mente de muchos jóvenes que no saben distinguir entre una y otra situación.  Para esto es importante concedernos el tiempo del noviazgo, este tiempo es precioso no sólo para salir y conocernos sino para compartir momentos exquisitos de compañerismo y vivencias que después, al pasar los años,  se  recuerdan con un intenso deseo de revivir.

El tiempo del noviazgo provee la oportunidad de pensar y considerar todas las posibilidades que se van presentando. Oportunidades no sólo para hablar y comunicarnos mutuamente sino para orar a Dios, para que lo que ambos estamos sintiendo no sea sólo un enamoramiento momentáneo sino algo que vaya profundizándose a medida que pasa el tiempo.

Dios es un Dios de orden y como tal la eficacia de ese ordenamiento nos ayuda también en las etapas de noviazgo, casamiento, luna de miel y tiempo posterior. Es justamente con sumo interés que nuestro Creador sigue nuestros pasos para brindarnos ayuda en el momento que la necesitemos.

Allí esta El, siempre atento a nuestras necesidades, sean cuales fueren,  pero debemos estar seguros de algo, ponernos de rodillas o en la posición que ambos coincidamos e invitar a Dios para que sea el Señor de nuestro hogar, es la clave para que, como deseaba nuestro consultante, ese sentimiento que se tiene cuando nos enamoramos, no termine sino que se convierta en algo más profundo, duradero y hasta apasionado aún a través de los años.

Nuestro amigo no sentía ya aquel latir tan fuerte de su corazón cuando se encontraba con su esposa y eso le inquietaba. Ahora aquello se había convertido en un latir más pausado y duradero, un sentimiento nuevo y a la vez apasionado, como una nueva clase de amor que le ayudó a llegar a muchos años de matrimonio.

Finalmente, creo que todos los que nos enamoramos del Señor alguna vez también sentimos un latir profundo en nuestro corazón que nos impulsaba a trabajar y mantenernos todo el día con el pensamiento de ganar naciones para El. Después de algunos años aquel apasionamiento por la obra se va convirtiendo en un amor que sobrepasa todo entendimiento, que sobrelleva cargas y tormentas y que a pesar de traiciones y desengaños humanos, no finaliza sino que se acrecienta al pasar de los años. 

ESO ES EL PRODIGIO DIVINO DEL AMOR DE DIOS.
No tengas temor a este nuevo sentimiento de amor hacia tu pareja, tal vez no sea igual a aquel pero si lo cultivas junto a Dios verás que éste es aún más poderoso que el primero.

¡Dios te bendiga y guarde a ti y a tu familia!


[1] A. Garmendia de Oraola S.J. “Enciclopedia de la vida Conyugal y Sexual”, pág. 5,  1959, Edit. Gassó Hnos.