Muchos creen en Dios con un entendimiento intelectual
Realmente no se qué es el amor
Por Rubén O. Flores


“Realmente no sé qué es el amor. Tuve lo que creí que era el amor pero estaba equivocada. Tal vez sea la aceptación total pero no estoy segura”.

  Con estas palabras una conocida y muy afamada actriz de Wollywood, Shirley McLaine, definió su pensamiento acerca de lo que el amor significaba para ella.

Recibió el tan preciado Oscar por la película “La fuerza del cariño” allá por 1983.  Si bien este es uno de los galardones que el mundillo del cine da a los que considera sus favoritos, la mayor parte de las veces no tiene nada que ver con la vida real de actrices y actores.  La vida de Shirley McLaine ha sido marcada por las relaciones complicadas entre sus seres más queridos. Por ejemplo la que tuvo con su hermano Warren Beatty, una relación ciclotímica en la que amores, conflictos y peleas los han distanciado. Cuando estuvo a punto de convertirse en cuñada de Madonna, confesó: “La idea de que ella se casara con él  es como tirar un pastel contra una pared. Quizás todos estemos actuando en la vida, aunque muchas personas no sean actores profesionales”.  

Sus creencias místicas, (pensamientos y enseñanzas de la Nueva Era), evidentemente, tampoco la han ayudado a encontrar el amor, ella cree en la reencarnación y comenta: “Mi hija Sachi ( Sachi Parker, hija del productor Steve Parker), fue probablemente mi madre y ella tiene la misma sensación”.

Por su parte Steve Parker, su único marido, no pudo definir al amor en su convivencia con la McLaine, y los hombres que pasaron por su vida, Robert Mitchum y Andrei Konchalovsky entre otros,  no ayudaron tampoco a evitar el descreimiento en los sentimientos de los demás. Tal vez el éxito de su trabajo no le permitió disfrutar ni lograr los mismos triunfos en la vida sentimental.

Finalmente, su definición de la necesidad de una experiencia sentimental ya pasados los cincuenta la concibió como dos modelos de ideal de hombre, “. . .uno como una especie de refugio para volver a él porque soy muy doméstica y otro un hombre con un billón de dólares y casas en París, Londres y Nueva York”. 

Shirley McLaine no es la única actriz con problemas sentimentales, en cada pueblo, ciudad y país de esta bendita tierra existen personas de este tipo con problemas similares. Sin embargo no es el hecho de ser actriz ni actor profesional lo que impide llegar a entender y gozar del amor sino el alejamiento de Dios, aunque se crea en El, lo cual puede suceder intelectual o temporalmente. 

Muchos creen en Dios con un entendimiento intelectual acerca de hechos históricos, y otros confían en El sólo cuando necesitan solucionar algún problema, pero en ambos casos no entregan su propia vida a Jesucristo en oración. Por consiguiente no se llega a conocer ampliamente el amor de Dios. La Biblia, que es Su Palabra  nos enseña lo que es verdaderamente el amor y que muchos, como Shirley McLaine, lamentablemente no han llegado a conocer a pesar de ser buenas personas y excelentes actores y actrices:

 

4El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

8El amor nunca deja de ser. . . “ ( 1 Corintios 13:4-8).

 

 Aparentemente la McLaine no pudo conocer el amor en sus relaciones de pareja, y como ella muchos matrimonios no logran una comprensión total de lo que el amor significa. Alguien escribió en una oportunidad que: “El secreto del éxito matrimonial está en saber cómo afrontar las diferencias. . . .” .

A menudo creemos que las diferencias son el principal problema para crecer pero creo que si aprendemos a afrontarlas como una posibilidad de conocernos mejor Dios nos ayudará a mejorar nuestra convivencia.

Una de las posibilidades de aprender es quitarnos el miedo a enfrentar esas diferencias. El miedo nos paraliza, nos inhibe, no nos permite pensar ordenadamente y por último nos impide seguir adelante. Spencer Jonson en su muy difundido libro “¿Quién se ha llevado mi queso?”, coloca en boca de uno de sus personajes una frase que muy bien podría ayudarnos a vencer. Dicho personaje escribe en una de las paredes del laberinto por donde debe andar: “¿Qué haría si no tuviera miedo?

El miedo a discutir, a pensar diferente, a no entender las razones del otro y a reñir por tonterías, muchas veces nos deja mudos, no articulamos palabra por no herir o discrepar con nuestro cónyuge, profundiza la herida y finalmente produce una separación entre ambos.

 

Hace unos días una señora que asiste a una de nuestras casas de oración comenzó a testimoniar del cambio operado en la vida de su esposo. Ellos no mantenían una buena relación desde hacía muchos años. Toda vez que comenzaban a hablar terminaban riñendo, por lo tanto habían decidido callarse. Cuando en una de esas reuniones de oración entregó su vida a Dios todo comenzó a cambiar. Ahora ella hablaba del amor que sentía por el esposo y cómo él la había comenzado a tratar amorosamente. En realidad el cambio comenzó por ella, su esposo fue el resultado de ese cambio. Dios había efectuado un ajuste en la actitud de esta mujer y su matrimonio conoció la comunicación a través de aceptar sus respectivas diferencias y mejorar sus disputas. “Os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:36)

 

Cuando conocemos el amor de Dios también llegamos a conocer el amor del cual habla el apóstol San Pablo en su carta a los Corintios. ( 1 Co. 13) Así comienzan las lecciones día tras día, algunas son más que sorprendentes, maravillosas y revitalizadoras, otras son dolorosas pero igualmente necesarias. Sin embargo, al continuar aceptando humildemente nuestras diferencias aprendemos que “el que ama es fiel a ese amor cueste lo que le cueste; siempre confía en la persona amada, espera de ella lo mejor y la defiende con firmeza”( 1 Corintios 13:7).

 

Cuando leemos acerca de casos como los de Shirley McLaine nos da pena saber que todavía hay millones de personas en este mundo que no conocen el amor. Son como aquel ciego que mendigaba por el camino a Jericó

( Evangelio de Lucas cap. 18). Aquel hombre oyó que una multitud se acercaba y preguntó a los que le rodeaban qué significaba todo aquel tumulto. Le dijeron que Jesús de Nazaret iba a pasar por allí y entonces aquel  necesitado de vista comenzó a clamar a grandes voces: “¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!”. Seguramente muchos había en aquel camino que estaban necesitando algo del Mesías, pero Cristo no nos mira como una multitud sino como a individuos, personas con problemas, con diferentes necesidades y males, algunos con la necesidad de ver humanamente, otros con la necesidad de ver espiritualmente y otros muchos con la necesidad de conocer el amor.

 

¿Podemos nosotros saber de tal manera las necesidades más perentorias de todos aquellos que nos rodean?

Tal vez nos sea imposible conocerlas todas pero lo más seguro es que podamos hablarle a alguno de ellos del amor de Dios por cada individuo de esta tierra, sea quien sea. Por cada vida., por cada necesidad. Quizás sea una nueva reputación, tal vez limpiar su conciencia, un alma sana, una nueva vida, hambre y sed de amor.

De cualquier forma Dios siempre está atento y si Shirley McLaine o cualquier otra persona como el ciego aquel, clama con todas sus fuerzas a Dios por ese agua viva que cambie  sus corazones y les haga conocer el amor, Dios, que espera amorosamente la petición responderá con ese amor que sólo El puede dar.

 

Termino  este editorial con las palabras del Doctor Bruce B. Barton en su comentario a la primera carta del apóstol Juan en la “Biblia del diario Vivir” :

Todos creen que el amor es importante, pero por lo general pensamos que solo es un sentimiento. En realidad, el amor es una elección y una acción, como lo muestra 1 Corintios 13.4–7. Dios es la fuente de nuestro amor: nos amó de tal manera que sacrificó a su Hijo por nosotros. Jesucristo es nuestro ejemplo de lo que significa amar; cada cosa que Él hizo en su vida y en su muerte fue amor supremo. El Espíritu Santo nos da el poder para amar; Él vive en nuestro corazón y nos hace más semejantes a Cristo. El amor de Dios siempre implica una elección y una acción, y nuestro amor debe ser como el de Él. ¿De qué forma reflejan su amor a Dios las decisiones que toma y las acciones que realiza?

Juan dice: «Dios es amor» no dice «Amar es Dios». Nuestro mundo, con su visión trivial y egoísta del amor, ha tergiversado esas palabras y ha contaminado nuestra comprensión del amor. El mundo piensa que amor es lo que nos hace sentir bien, y está dispuesto a sacrificar principios morales y los derechos de los demás a fin de obtener dicho «amor». Pero en realidad eso no es amor, sino todo lo contrario al amor; es egoísmo. Y Dios no es esa clase de «amor». El verdadero amor es como Dios: santo, justo y perfecto. Si de veras conocemos a Dios, debemos amar como Él ama”

 

Dios te bendiga y guarde a ti y a tu familia.

Rubén O. Flores.