Cuando el amor asfixia deja de ser beneficioso
Simbiosis
por Rubén O. Flores


". . .siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor". (Efesios 4:15-16)

Días pasados he escuchado el testimonio de una persona que estuvo separada algunos años de su esposo y que hace algún tiempo volvieron a unirse. ¿Cuál había sido la causa de su separación? Según esta persona el conflicto fue originado por la excesiva necesidad el uno del otro. Una especie de simbiosis dañina que termino por provocar la ruptura matrimonial.

La biología enseña que la Simbiosis (del griego, symbioun, 'vivir juntos'), es la interdependencia de dos organismos de especies diferentes. Es el conjunto, por ejemplo, de microorganismos (bacterias y hongos) de un determinado tejido de un hospedador que han desarrollado una relación íntima con éste y que desempeñan normalmente una función beneficiosa. En las personas adultas existen microorganismos, se estima que en la proporción de 100 veces el número de células del propio individuo, del cual se nutren y a quien defienden de otros microorganismos dañinos.

Los diferentes tipos de simbiosis nos recuerdan que los seres humanos actuamos de la misma manera. Por ejemplo el "mutualismo" es un tipo de simbiosis en el cual los simbiontes o cooperantes obtienen un beneficio mutuo. Hay parejas que en su convivencia actúan como una simbiosis mutualista.
La simbiosis "antagónica" es una relación en la que un organismo satisface sus necesidades a costa de perjudicar a otro. Los parásitos son de este tipo y todos conocemos a personas que se alimentan, nutren sus capacidades y ascienden en jerarquías sin ponerse a pensar a quien perjudican con su actitud. A algunos se les llama "parásitos" por la forma en que se comportan.
Pero hay otro tipo de simbiosis, el "comensalismo", éste ocurre cuando dos seres distintos comparten alimentos. Esta es una relación inofensiva ya que no conlleva una acción parasitaria ni impide el desarrollo del otro. Sin embargo, cuando hablamos de relación inofensiva no obviamos el hecho importante de que algunos "comensales" viven tan unidos que no pueden separarse. Este fue el caso de la persona que dio su testimonio.

Casos como el de referencia puede haber muchos. Kahlil Gibran en su libro "El Profeta" escribe lo siguiente acerca del mismo tema:

Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre,
Estaréis juntos cuando las blancas alas de la muerte esparzan vuestros días.
Y también en la memoria silenciosa de Dios estaréis juntos.
Pero dejad que crezcan espacios en vuestra cercanía.
Y dejad que los vientos del cielo libren sus danzas entre vosotros.
Amaos con devoción, pero no hagáis del amor una atadura;
Haced del amor un mar m6vil entre las orillas de vuestras almas.
Llenaos uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una misma copa.
Compartid vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.
Cantad y bailad juntos y estad alegres pero que cada uno de vosotros sea independiente.
Las cuerdas de un laúd están separadas aunque vibren con la misma música.
Dad vuestro coraz6n, pero no para que vuestro compañero se adueñe de él
Porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones,
Y permaneced juntos, pero no demasiado juntos.
Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados.
Y ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.

Cuando el amor asfixia deja de ser beneficioso para ser esclavizante. El verdadero amor deja en libertad al otro de la misma manera en que Dios nos deja en libertad para amarlo o no según nuestra voluntad. Mientras que el amor impida el desarrollo de la personalidad del otro lleva sólo el deseo de realizarse a sí mismo.

También Paul Goring en su libro " El amor, fuerte como la muerte" ha escrito unas palabras que esclarecen lo que estamos compartiendo:

"Quiero aprender a amarte aquí y ahora, aunque esto me haga sufrir. Sé que por amarte y ser amado por ti, en una manera que sea apropiada a nuestras circunstancias, seré más persona, y tú lo serás también. Pero no podemos amarnos a menos que cada uno permita al otro tener su propia personalidad con todo el riesgo que esto implica". . .

Más adelante continúa. . . .

. . . Entre cónyuges el amor del uno no limita ni domina al otro, ni trata de controlar al amado; antes respeta la libertad del otro. Cualquier imposición que apague la vitalidad o disminuya la unicidad del otro es un ultraje al amor. De hecho este ultraje es la consecuencia del intento por parte del amante de evitar la posibilidad de sufrimiento en su relación con el amado. En efecto, es como decirle: <"Si te dejo que seas lo que eres, me puedes lastimar".>
"Esto es cierto. Cuando tú amas a otra persona, entrelazas tu vida con ella en tal forma que lo que haga te afecta. De otra manera no hay amor de verdad en la relación. Amar a otra persona implica hacerse vulnerable ante ella, y sin aceptar esa vulnerabilidad no puede haber amor. El no aceptar la vulnerabilidad que implica el amor conduce al amante a manipular y dominar al amado, y así sofocar el amor". . .

Aquí podríamos tomar como ejemplo lo que anteriormente nos referíamos a una "simbiosis antagónica", la manipulación como satisfacción propia en la que el objeto de esta manipulación es el ser amado. Lo leemos en los párrafos siguientes en los que el autor comparte la idea de una "libertad positiva" en la que el compromiso de aquel que "deja" en libertad al ser amado, lo hace sabiendo que la otra persona es en sí una entidad diferente.

"Al hablar de "dejar en libertad" al amado, estamos hablando particularmente del amor entre adultos. Por supuesto, cuando los hijos son pequeños, los padres se esfuerzan por guiarlos, instruirlos, disciplinarlos. El proceso educativo, necesaria y justamente impone límite al educando. Y cuando los niños son pequeños, es fácil amarlos por cuanto el mismo proceso educativo da un cierto grado de invulnerabilidad a sus padres que los educan. Al niño pequeño se le puede decir que debe estar en casa a determinada hora, o debe evitar ciertas compañías, y cuanto más pequeño sea, más posibilidad existe de que se someta a estas limitaciones".

"Pero a medida que vaya logrando madurez y con ella más independencia, es posible que adopte modales distintos a los que se le imponían de niño. En esta etapa de la liberación del hijo se somete a prueba el amor paterno. Si tú puedes amar a tu hijo adulto sin obligarlo a vivir con tus propios valores o de acuerdo con tus costumbres, lo estás amando de verdad. Si insistes que para merecer tu amor él debe vivir en conformidad con tus propias condiciones y conceptos, lo alejarás de tu lado. Entenderá que no estás amándolo a él, sino a un determinado conjunto de conceptos y valores".
"En estos días estaba gozando de una de mis ocupaciones predilectas, que consiste en reclinarme en mi sillón con mi nieta infante en mis brazos. De repente me di cuenta del gusto que me producía sentir las flexiones de sus bracitos y piernas, los leves movimientos de su cuerpo, y el murmullo de sus vocalizaciones primitivas, esto representa para mí la expresión de la vitalidad y unicidad que es ella. ¿Qué pasaría si esos bracitos dejaran de flexionarse y esa vocecita quedara callada?"
"El amor acepta la expresión de la propia personalidad del amado. Se regocija cuando aquella expresión indica en el amado un proceso de realización y desarrollo positivo, y puede sufrir si tal expresión señala un deterioro de su personalidad. Pero de todos modos la acepta. El amor deja en libertad al amado. En el grado en que no suceda esto, la persona queda coartada y frenada".

Volvemos a las palabras del apóstol San Pablo enseñando acerca del valor de una simbiosis mutualista sana en la que:
". . .todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. (Efesios 4:15) Es decir que, como dice Goring, el verdadero amor edifica al amado.
Cuando esta simbiosis de pareja deja de ser consensuada y desinteresada a favor de un bien común, léase, el crecimiento de la relación matrimonial; cuando el "sentir" ya no es el mismo, cuando ya no hay "amor fraternal", ni misericordia ni amistad, entonces el amor va anulándose a través del tiempo hasta llegar a secarse o sofocarse casi completamente.
El apóstol San Pedro nos exhorta de esta manera:

8Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; 9no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. (1 Pedro 3.8-9).

Por otra parte, cuando el amor pasa de ser una libertad positiva para ser una expresión esclavizante, se produce una simbiosis dañina como lo ocurrido a la persona del testimonio de referencia.
En el amor hay sufrimiento, el apóstol Pablo lo manifiesta en su tan mencionada carta a los corintios capítulo 13 cuando dice que:

4El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (1 Co. 13).

Podríamos agregar que en el amor no hay manipulación puesto que ésta es un ultraje al amor, impide el crecimiento de ambos y la entrega espontánea del ser amado, éste deja de ser auténtico para pasar a usar máscaras a fin de consensuar con o evitarse males mayores por parte del manipulador.

Finalmente, creemos interesante volver a resaltar la necesidad de un espacio entre ambos en los que cada uno y según su personalidad, permita al otro crecer y edificarse mutuamente tal como lo enseña Pablo a los efesios, ". . . según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor". Puede ser que una pareja se ha dado cuenta que en su matrimonio existe la posibilidad de una simbiosis dañina; entonces deberá tomar en cuenta estos pasajes bíblicos y buscar consejo profesional, pastor, consejero, terapeuta matrimonial o alguien capacitado en estos asuntos.
No obstante, para todas estas cosas, si ambos se ponen auténticamente en las manos y bajo la tutela de Dios, Él tiene suficiente sabiduría en Su Palabra, la Biblia, para llevar a buen término su matrimonio.

Rubén O. Flores
rubenflores@encuentroconcristo.com.ar