Un drama familiar a consecuencia del Sida
"Lo siento martín"
Por Rubén Flores


Hace unos días estuve viendo una película acerca de un drama matrimonial a consecuencia del Sida. Ella se llamaba Julia y él Martín.
Martín es contagiado de Sida a través de una relación circunstancial con una de sus alumnas de facultad con la que mantuvo relaciones sexuales sólo tres o cuatro veces. Después de muchos meses recibe un folleto de una clínica que hace análisis de sangre especiales en el que sólo se lee --"lo siento Martín"--. A consecuencia de esta noticia él también se hace un análisis que resulta HIV positivo. Esto desata una tormenta en Martín que lo mantiene sumido en su interior por varios días hasta que finalmente decide compartir la mala noticia con su esposa.

Cuando ella lo sabe no reacciona a los gritos en un primer momento pero siente temor a que Martín pueda haberla contagiado a ella y contagie a su pequeña hijita de unos 5 o 6 años. Se nota su crisis interna cuando comienza a colocar la inicial de él en todas sus pertenencias, cepillo de dientes, vasos, etc. 
Urgentemente se hace un análisis de sangre pero mientras tanto esas horas hasta saber el resultado son un suplicio para ella. Las discusiones se suceden hasta que finalmente su análisis da negativo. En esa última consulta con el médico hace dos preguntas que me llamaron la atención:
Julia piensa sobre sus relaciones sexuales con Martín y se da cuenta que ya no las podrá tener o no serán lo mismo.

Pensativa y como afirmando, algo pregunta al profesional: 
"¿Un matrimonio sin sexo?"
El médico contesta: "Depende de para qué se ha casado"
Luego, al continuar la charla dice algo así como. . .
"Seguramente usted se ha encontrado con algunas esposas en una situación como la mía. ¿Qué decisión tomaron?" 
El médico contesta: "Depende de la relación que puedan haber tenido antes".

No vamos a escribir un informe sobre cómo se originó el Sida pero ¿qué de las de las personas que como Julia se ven imprevistamente en la posibilidad de un contagio a causa del adulterio de su cónyuge? 
Sabemos que este no es un problema menor, en 2003 hubo cinco millones de nuevos casos y tres millones de muertes. Las últimas noticias dan cuenta de que Africa subsahariana concentra los más altos niveles de mortalidad y transmisión. Lamentablemente la enfermedad también se extiende en Europa del Este y Asia y uno de los mayores problemas es la falta de prevención. Esto implica que durante 2003 el planeta registró 14.000 nuevos casos por día, el 95% de los casos en países de bajos y medianos ingresos. La epidemia, por otra parte, impacta cada vez más entre las mujeres. 

A la luz de la Palabra de Dios podemos ver el drama bajo dos puntos diferentes, ambos contienen en sí mismos la carga de la desobediencia. Por un lado el drama del adulterio que cada día acecha más y más a los matrimonios. Aún al de los cristianos. Y por otro el resultado que deviene de esa acción imprudente de uno o en algunos casos hasta de ambos cónyuges. 

No se trata de atormentarnos con el presagio de un futuro negativo y lleno de catástrofes. Se trata de ver la parte positiva de las normas de Dios. Sin duda alguna la obediencia trae bendición a todo aquel que la pone en práctica y de eso se trata, no sólo del presente sino también del futuro. 

Manuel Vicent escribe desde hace mucho y sus novelas y escritos tratan el tema del amor. En realidad, habló siempre del amor. Su primer libro, "Pascua y naranjas" (Premio Alfaguara, 1966), desnudaba contradicciones mundanas de ciertas cuestiones sociales, pero el amor estaba presente. 

Según entiendo, el año pasado (2005) presentó en Argentina su última novela, "Cuerpos sucesivos" (Edit. Alfaguara). Es esta una historia de amor en la que se rescata la búsqueda de la felicidad a pesar de todo. ¿Por qué a pesar de todo? Porque la búsqueda de la felicidad en esta novela esta basada en la evocación de los sucesivos amores del ser humano a lo largo de su vida.

En una entrevista causada a raíz de la publicación de "Cuerpos Sucesivos", Vicent cuenta que un día, hace algún tiempo, se le ocurrió una idea que dio origen a la historia. 
---" Partí de la posibilidad de que una mujer, en el momento de placer máximo, pierda la conciencia y grite un nombre de varón que desconoce. El amante le pregunta quién es y ella lo ignora. Pero por medio de sucesivos gritos de placer ese nombre se va convirtiendo en un ser viviente". 
Ese nombre es Martín. 
Y entonces surge la pregunta del periodista, esa pregunta que muchos, supongo, tienen a flor de labios:
-¿Todas las mujeres tienen su Martín? 

Creemos que no todas pero gran parte de las mujeres en el mundo tienen o han tenido su Martín. 
Tomamos como ejemplo del Antiguo Testamento al rey David. Allí encontramos la pasión adúltera del rey hacia Betsabé, esposa de Urías heteo, Urías muerto en el frente de batalla por orden del rey David. Como consecuencia del aquel adulterio hubo una cantidad de situaciones tales como: 
(1) El asesinato fue una amenaza constante en su familia (13.26-30; 18.14, 15; 1 Reyes 2.23-25), (2) su propia casa se rebeló en contra de él (15.13), (3) sus esposas fueron dadas a otros a la vista del pueblo (16.20-23), (4) su primer hijo con Betsabé murió (12.18). (5) Cuando David ofreció construir un templo, Dios le dijo que no por medio del profeta Natán (2 Samuel 7.1-17). Dios quería que un hombre de paz, no un guerrero, construyera su casa de oración (1 Crónicas 28.2, 3). 
Si David hubiera sabido las consecuencias dolorosas de su pecado, quizá no se habría dejado llevar por los placeres del momento.

El caso de David no fue el único ni lo será porque el adulterio constituye un fenómeno relacional que a través de todos los tiempos ha provocado infinidad de roturas matrimoniales que podrían haberse evitado. Si aquel o aquella que adultera hubiera tenido su vida puesta bajo el señorío de Cristo o si aún después de la consumación del hecho, la pareja hubiera puesto el problema en las manos de Dios no hubiese que lamentar tantos divorcios o separaciones.

De ninguna manera pretendemos defender la posición de los hombres que caen en adulterio, pero sería oportuno reflexionar acerca de las cuestiones que hacen que alguien como el Martín de la película, con un buen matrimonio, una hermosa hija y un buen trabajo, caiga en las garras de mujeres que no tienen ninguna inhibición ni problema en destruir los santos lazos matrimoniales que unen a una pareja. 

Antes de continuar creo interesante leamos lo siguiente:


"De acuerdo con los estudios antropológicos de Lucy Mair acerca de los usos matrimoniales en algunos tipos de sociedad, "el marido pretende que su esposa sea su compañera sexual y que cocine y cuide su casa (u organice a la servidumbre para que lo haga). Estos pueden llamarse derechos maritales. (...) Pero la cuestión referente a los derechos del padre es más complicada". En línea con esta reflexión, cabe añadir que la fidelidad de la esposa viene a garantizar la seguridad de ese linaje que se instituye y prolonga desde la boda. Por consiguiente, el honor dependerá del juego de lealtades manifestado en la ceremonia matrimonial. De ahí que un adulterio sea, en ese entorno, la más deshonrosa de las actitudes, pues menoscaba el respeto de la comunidad por el cónyuge traicionado. . . ."

". . .No obstante, la variable jerarquía de valores con que se juzga el adulterio funciona según las reglas de parentesco que moderan el comportamiento del grupo. El modelo familiar de la monogamia, dominante en todo el globo, ha castigado de muy diversas formas esta trasgresión de la exclusividad sexual. Por ejemplo, el derecho egipcio sancionaba a las adúlteras con la pena capital. . ."

". . .Hasta mediados del siglo XX, las culturas mediterráneas consideraban a la mujer legítima un objeto de amor deserotizado, ajeno al placer o, en todo caso, al servicio de la procreación, frente al amorío fuera del matrimonio, mucho más pasional. La posterior evolución de ese modelo familiar, propiciada por la causa feminista, ha equiparado paulatinamente los papeles de ambos miembros de la pareja, igualando derechos y responsabilidades. Con ese progreso, el adulterio se ha visto despojado de su grave carácter deshonroso para convertirse en un síntoma de crisis en la pareja monógama. Un proceso, por otro lado, restringido al entorno occidental, pues el adulterio femenino continúa siendo un comportamiento castigado en numerosos países. . . ."

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Tanto el rey David como otros en la antigüedad, o Martín y muchos más en nuestros tiempos han caído en las garras del adulterio, han desobedecido los preceptos de Dios y han engendrando muerte y pestilencia, no sólo en sus hogares sino también en la sociedad. 

¿Qué dice la Palabra de Dios respecto a la desobediencia? He aquí algunos pasajes.

25Traeré sobre vosotros espada vengadora, en vindicación del pacto; y si buscareis refugio en vuestras ciudades, yo enviaré pestilencia entre vosotros, y seréis entregados en mano del enemigo. (Lev. 26:14-46).

11Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien. 12Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada, con hambre y con pestilencia. (Jeremías 14:12-13)

17así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí envío yo contra ellos espada, hambre y pestilencia, y los pondré como los higos malos, que de tan malos no se pueden comer. 18Los perseguiré con espada, con hambre y con pestilencia, y los daré por escarnio a todos los reinos de la tierra, por maldición y por espanto, y por burla y por afrenta para todas las naciones entre las cuales los he arrojado; 19por cuanto no oyeron mis palabras, dice Jehová, que les envié por mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar; y no habéis escuchado, dice Jehová. (Jeremías. 29:17-19).

12Una tercera parte de ti morirá de pestilencia y será consumida de hambre en medio de ti; y una tercera parte caerá a espada alrededor de ti; y una tercera parte esparciré a todos los vientos, y tras ellos desenvainaré espada. (Ezequiel. 5:12)

10Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; 11y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo. (Lucas. 21:10-11). 

Tiempo atrás algunos biólogos han descubierto que ciertos genes rigen comportamientos sociales que podrían estar provocando la infidelidad. Ya identificaron 30 de estas unidades de ADN que influyen en comportamientos sociales.
Ellos dicen que: "Los genes nos proveen las bases para nuestros impulsos generales, y las variaciones en esos genes explicarían los diferentes tipos de personalidad de los seres humanos, pero en definitiva nuestro comportamiento está mucho más influido por factores del medio ambiente".
Nuestra pregunta es: ¿En el futuro culparemos a los genes de nuestros actos de infidelidad? ¿Podríamos entonces decir que el adulterio del rey David fue a causa de los genes? O como vimos en el artículo de Paulina (ver SOS matrimonios) ¿los problemas de la familia de Jacob fueron derivados de las relaciones con sucesivas esposas y concubinas por culpa de sus genes?
Creo que Cristo fue suficientemente claro en sus consejos: "Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio, pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón"(Mateo 5:27, 28).
La película a la que nos referimos al comienzo no define si Martín y Julia se divorcian pero no hay duda alguna que la pestilencia ha entrado al hogar y eso cambió todo el espectro en la vida de estos personajes.
¿Podemos culpar a los demás de nuestras propias decisiones? Cada decisión que tomamos trae sus propias consecuencias y como en el caso de Martín las consecuencias fueron funestas. Decidir bien o mal es una opción personal. De ahí que no podemos culpar a nadie de que nos haya presionado. El apóstol Pablo lo resumió así: "Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni el tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado siendo consumado, da a luz la muerte" (Santiago 1:13-15).

Reflexiona, pon tu vida en las manos de Aquel que puede hacer que tus decisiones sean las correctas. Para que esto sea una realidad permite que el Espíritu Santo gobierne de tal manera tus actos que no tengas de qué arrepentirte luego.
Dios te bendiga
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Rubén O. Flores