Cuidado con los gestos
Gestos que pueden causarnos problemas
por Rubén O. Flores
Hace algún tiempo en una de nuestras reuniones de iglesia tuve un gesto amistoso con una mujer de nuestra congregación. Cuando se retiraba del templo después del culto, alabé su estado de salud ya que había adelgazado y eso le quedaba muy bien. Recuerdo que le dije: "¡Estás muy bien, se te ve muy linda! y aclaro, con mi esposa presente, Pasados unos meses nos enteramos que para ella, aquel elogio a su salud había sido como un piropo, una lisonja, un requiebro o como se lo quiera llamar según el idioma y las costumbres del país. Aquello nos llamó la atención ya que no hubo de mi parte, ni por asomo, la intención de darle a esas palabras el significado que ella le dio.
No me ufano de que mi léxico sea extenso ni profundo pero creo que es lo suficientemente amplio dado que me ha sido de utilidad en muchos casos. Sin embargo leyendo un libro esta mañana, descubrí un término que no conocía, "polisemia". Abrí el diccionario en mi PC y encontré lo siguiente:
"Polisemia. (De poli-1 y el gr. s?µa, significado). f. Ling. Pluralidad de significados de una palabra o de cualquier signo lingüístico. || 2. Ling. Pluralidad de significados de un mensaje, con independencia de la naturaleza de los signos que lo constituyen."( )
En esta oportunidad quiero referirme a la segunda acepción de la palabra que dice, <pluralidad de significados de un mensaje con independencia de la naturaleza de los signos que la constituyen>. Y me detengo en la frase: ". . .Significados de un mensaje. . .". Y entonces me acordé de cierta situación que tuve que enfrentar.
En uno de mis viajes misioneros al Paraguay me topé con algunas pequeñas incomprensiones provenientes de mi costumbre de saludar con un beso en la mejilla, algunas jovencitas y mujeres parecían extrañadas y hasta incómodas ante mi saludo cordial, más tarde supe que aquel gesto no tenía, para ellas, la misma connotación que yo le daba. En el lugar en que vivo es normal saludarse de esa manera, no sólo entre sexos opuestos sino también en amistades del mismo sexo, pero en aquella ciudad eso no estaba bien visto.
He conocido a hombres a los que esos gestos inofensivos les causaron problemas matrimoniales, a otros que un abrazo y un besos le fueron de bendición porque necesitaban de cariño y amistad, pero hubo y hay quienes le dan a esa acción una intención oscura, como la intención que llevó el beso de judas dado a Jesús. El apóstol San Mateo narra lo siguiente:
47Mientras (Jesús) todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. 49Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. 50Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? ( ) (Mateo 26:47-50)
Un beso era, y aún lo es, un saludo tradicional entre los hombres en ciertas partes del mundo. Pero un beso puede marcar un antes y un después en la vida de alguien. El beso de Judas marcó un punto de transición para los discípulos. En este caso fue la señal para arrestar a Jesús. Fue un falso gesto, un saludo usado como traición, pero el beso que parte de un corazón engañoso no sólo puede tener la intención de traicionar sino de otras cosas. Recuerdo a un hombre, miembro de nuestra primera congregación, que tenía la costumbre de besar a las mujeres muy cerca de los labios, mi esposa también sufrió la arremetida de aquel hermano en la fe. Las mujeres tenían mucho cuidado de extender su mano antes que su cara a aquel hombre. Aconsejo a los hombres precaverse de los cumplidos a las jóvenes y mujeres mayores, y sobre todo casadas, pues pueden ser mal interpretados.
Deborah Tannen, ( ) autora del libro al que hacía referencia al comienzo escribió respecto al cumplido:
"Otro ruedo similar, aunque muy diferente en la superficie, es el elogio: una manera breve y agradable de mostrar buena voluntad hacia otra persona. Los lingüistas Robert Herbert y Stephen Straight descubrieron que los cumplidos tienden a correr de los puestos más elevados a los inferiores. Herbert cita un libro de etiqueta de 1882 que lo explicita:
<Entre iguales o entre personas de posición superior y los inferiores, los cumplidos no sólo son aceptables, sino gratificantes. Es grato saber que somos apreciados por quienes ocupan puestos más altos, como los hombres de talento superior o las mujeres de superior cultura>.
Aunque en la actualidad no hablaríamos de "inferiores" (tampoco daríamos por sentado que los hombres pueden tener ta1ento, mientras que las mujeres sólo pueden tener cultura), aun así se mantiene la tendencia a que los cumplidos surjan de quienes ocupan un rango más elevado.
Inextricablemente, el cumplido también puede ser interpretado como expresión de status. Para empezar, se puede considerar que quienes hacen un elogio se consideran en posición de juzgar; por lo tanto, los de rango inferior que elogian a los supervisores pueden parecer descarados. Además, la sociolingüísta Janet Holmes señala que los cumplidos se pueden interpretar como prueba de que quien elogia siente envidia o desea la cosa admirada. Por este motivo, en algunas culturas se considera grosero hacer un cumplido, pues la costumbre requiere que el objeto admirado sea ofrecido como regalo. Una norteamericana que se casó con un hombre de la India fue gravemente mal comprendida cuando la presentaron a su suegra. Mientras la ayudaba a deshacer el equipaje, con la intención en caerle en gracia, le dijo que sus saris (vestido típico de las mujeres indias) eran muy hermosos. La suegra se quejó amargamente a su hija: ¿Con qué clase de mujer se ha casado? ¡Lo quiere todo!".
Sin duda que en cada uno de nosotros existen una serie de costumbres provenientes de nuestra etnia, nación o pueblo del que somos habitantes. Pero eso no tiene que ver con la intención que el gesto lleva implícito. En la contratapa del libro de Tannen leemos: "La falta de claridad, los mensajes indirectos, la confusión, la incapacidad para hacerse oír, son factores que afectan a la comunicación entre ambos sexos. Pero no sólo es el género lo que influye en el habla: la clase social, la geografía, la educación y otros factores también contribuyen a definir nuestra forma de expresarnos" Lo que en definitiva debemos tener en cuenta es que los gestos pueden llegar a ser mal interpretados no sólo a nivel de nuestra comunicación entre hermanos en Cristo, también en el trabajo y en realidad en cualquier tipo de comunicación entre los seres humanos y por qué no, también entre los animales. Jane Goodall, prestigiosa etóloga británica especialista en chimpancés, describe en el siguiente fragmento, algunas posturas y gestos que estos mamíferos emplean para relacionarse con sus congéneres y los compara con los que realizan los seres humanos en situaciones similares. ( )
"En la senda del hombre" ( )
Cuando un chimpancé solicita ser aseado, suele acercarse al compañero elegido, cuadrándose ante él con la cabeza ligeramente inclinada, o de espaldas, presentándole así la rabadilla. ¿Sería posible, por lo tanto, que los sumisos actos de ofrecer el trasero e inclinarse y acuclillarse se deriven de las posturas utilizadas para solicitar ser acicalado o que, en las nieblas del pasado, el subordinado se acercaba al superior jerárquico, después de haber sido amenazado por éste, para implorar el contacto de unos dedos acariciadores y amistosos? Si así fuera, la respuesta del chimpancé en cuestión, la caricia o el palmoteo, podrían igualmente provenir de los contextos del aseo. Sin duda, en ocasiones algunos gestos semejantes, por lo común de corta duración, ocurren cuando un individuo dominante responde a las posturas sumisas de un inferior. Parece razonable suponer que tales actitudes han llegado a transformarse, a lo largo de los siglos, en un rito, de modo que hoy el chimpancé, por lo general, se limita a hacer un gesto casi simbólico -tocar o palmotear- en lugar de realmente asear al humilde compañero.
Cuando dos chimpancés se saludan al encontrarse de nuevo después de haber estado separados, su conducta llega a parecer tan sorprendente como la de dos personas en idéntica situación. Los chimpancés pueden inclinarse o agacharse, darse las manos, besarse, abrazarse, tocarse o palmotearse casi en cualquier parte de su cuerpo, especialmente en la cabeza, rostro y genitales. Un macho puede acariciar a una hembra o a una cría en la sobrebarba. Los seres humanos, en muchas culturas, hacen también uno o varios de tales gestos. En ciertas sociedades, tocar o tomar los genitales de otra persona es una forma de saludo que aparece ya en la Biblia, con la única diferencia de que, al ser traducidos los pasajes oportunos, la mano se coloca bajo el muslo del compañero.
En las sociedades humanas, gran parte de las ceremonias de saludo constituyen ya un rito. Un hombre que sonría al saludar a un amigo o que inclina su cabeza en la calle con un conocido forzosamente está reconociendo que el otro goza de una condición social superior. Y, sin embargo, la inclinación de cabeza se deriva de la reverencia o genuflexión de sumisión, y la sonrisa, de una mueca de nerviosismo. A menudo, sin embargo, el saludo humano sigue sirviendo para poner en su punto la respectiva condición social de cada cual, sobre todo en las solemnidades.
Un saludo entre chimpancés casi siempre cumple tal propósito: reafirmar la posición del uno con respecto del otro. Cuando la nerviosa Olly saluda a Mike, puede tenderle la mano o inclinarse hacia el suelo, agachándose humildemente con la cabeza doblada, reconociendo así el rango superior de Mike. Este puede, como respuesta, palmotear o tomar la mano de la hembra, o bien tocar su cabeza, todo ello como respuesta. El saludo entre dos chimpancés suele ser más expresivo cuando los implicados son buenos amigos, y todavía después de haber estado alejados durante algunos días. Cuando se encontraban, Goliat solía rodear con sus brazos a David, al propio tiempo que cada uno ponía sus labios en el rostro o cuello del otro, mientras que un saludo entre el mismo Goliat y Mr. Worzle raramente incluía sino un contacto ocasional, y ello aunque no se hubieran visto durante algún tiempo.
No son solamente sumisos o tranquilizadores los gestos de los chimpancés. Muchos de sus juegos se parecen extraordinariamente a los de los niños. Los cosquilleos que hacen los chimpancés con sus dedos son casi idénticos a los nuestros, así como, en otro orden, algunos gestos y actitudes de amenaza. Al igual que el hombre, el chimpancé puede quedarse mirando fijamente a su enemigo o levantar un brazo rápidamente, echar atrás la cabeza, abalanzarse sobre el adversario agitando los brazos, arrojar piedras, blandir una estaca, golpear, patear, arañar, morder, tirar del pelo de su víctima...
De hecho, si por una parte observamos todo el abanico de posturas y gestos de los chimpancés, y por otra de los hombres, hallaremos, en muchos casos, semejanzas sorprendentes. Parecería como si unos y otros hubieran evolucionado, a este respecto, de forma notablemente paralela, o bien que nosotros y los chimpancés tuvimos un mismo antecesor, allá en la noche de los tiempos. Un antecesor que, además, se comunicaba con sus semejantes con besos y abrazos, tocándose, palmoteándose y cogiéndose de las manos.
Estamos viviendo tiempos finales y aquellos que sabemos acerca de la lucha cósmica que el diablo, Satanás, ha comenzado hace millones de años para atrapar las almas de los incrédulos, debemos estar atentos a sus artimañas. Como bien dice el diccionario, el gesto es un mensaje y la pluralidad de ellos puede servir de excusa para que nuestro enemigo nos haga caer en sus mañosas redes. Jesús hizo una pregunta a Judas que no fue respondida: "Amigo, ¿A qué vienes?". En realidad no era una pregunta sino una reflexión que, como dicen algunos teólogos, debería haber hecho reflexionar a Judas pero no fue así. Mejor expuesta está esa frase en la versión "Dios habla hoy" que dice: "Amigo, adelante con tus planes", y en la Biblia de las Américas: "Amigo, haz lo que viniste a hacer". El Doctor Barton B. Bruce reflexiona sobre el pasaje de Mateo con estas palabras:
No conocemos la exacta motivación de la traición de Judas. Lo que sí está claro es que Judas permitió que sus deseos lo pusieran en una posición en que Satanás pudiera manipularlo.( )
Dios nos bendiga y esfuerce para sostenernos en cualquier tipo de tentación y aun más allá. En la interpretación de los gestos con que nos comunicamos con otros y en su interpretación de los nuestros. De una u otra forma puede que en algún momento un gesto, una palabra, una acción mal interpretada, resulte en perjuicio de nuestro testimonio.
Cuidémonos.
Rubén O. Flores