Amor Vs. Sumisión
Por Walter De Smet*
Nos encontramos en un cuadrilátero boxístico. El encuentro está a punto de comenzar. El anunciador presenta a los contendientes: "En esta esquina tenemos a AMOR y en esta otra a SUMISION". Se oyen las campanas "nupciales" y ambos contrincantes salen de sus esquinas dispuestos a no dejarse vencer.
¿Absurdo? No tanto. Es obvio que en muchos matrimonios así se lleva a cabo la relación,
He oído a muchos hombres decir: "En el momento que mi esposa se someta a mi autoridad, y no antes, la amaré." Y he escuchado a muchas mujeres decir que esperan primero sentir el amor de sus esposos para poder someterse a ellos.
Creo que estamos interpretando mal las Escrituras. Los hombres sólo leen lo que Pablo escribió a las mujeres en Efesios 5:22-24, y a la vez para las mujeres sólo es importante lo escrito a los hombres en los versículos 25 al 31. Si preguntamos: "¿Qué es lo más importante en el matrimonio?", seguramente los hombres contestarán: "¡La sumisión y en cambio, las mujeres reclamarán "Pero el hombre debe amar a su esposa!" Sí, parecen payadas.
Todos sabemos que Dios nos amó primero (1 Juan 4:9-11,19), y la respuesta natural de sus hijos es amarle en sumisión (Efesios 5:24). El nos da el ejemplo al amarnos primero, y luego lo confirma con su Palabra mandándonos a los hombres a amar a nuestra esposa, según leemos en Efesios 5:25. Después lo repite dos veces más en los versículos 28 y 33. Parecería suficiente que Dios lo mencionara una vez, pero cuando hace hincapié sobre un asunto, quiere decir que es sumamente importante.
Dios hace responsable al esposo por la marcha de su matrimonio y el hogar, y como aspecto primordial le exige que ame a su esposa con un amor semejante al del mismo Hijo de Dios. Es un imperativo: AMAD. No hay escapatoria, porque tampoco hay reservas ni límites enumerados. Amad como Cristo amó. Quizá usted diga: "Yo no soy Cristo." Claro que no, pero Cristo vive en usted. 0: "Ella no es la iglesia." Por supuesto que no, pero forma parte de ella.
Entonces, ¿qué es el amor? Es la palabra "agape", un amor divino, un amor que da de sí mismo, un amor desinteresado. No es sólo un sentimiento lindo o una emoción excitante. Cuando Cristo mostró su amor en la cruz, no fue una linda emoción; al contrario: le costó su vida... la entregó por nosotros. Así, el amor del esposo hacia la esposa da de sí mismo, se entrega, se niega a sí mismo. El verdadero amor busca el bienestar de la persona amada. Busca la manera de complacer al cónyuge antes que agradarse a sí mismo.
¿Cómo se manifiesta esta clase de amor?
1.- En la santificación (Efesios 5:26). La dedicación exclusiva de ella a él. Ella es la única. No hay otra mujer en su vida. Habla de la fidelidad del esposo a una sola mujer: su esposa. A la vez, tiene que ver con la responsabilidad del esposo de conducirla espiritualmente, separándola para el Señor (1 Corintios 7:14).
2.- En la purificación (Efesios 5:26), así funcionando en su papel de salvador (5:23). No es que sea Salvador de los pecados, pues esto corresponde únicamente a Jesucristo, sino salvador del peligro y del riesgo del pecado. Cuando el esposo ama a la esposa así no se expone, ni expone a su esposa a la tentación de la inmoralidad.
3.- En la entrega de sí mismo hacia ella (Efesios 5:27). El pacto de "una sola carne" (v. 31). Ella es "gloriosa", “sin mancha ni arruga". Como Salomón se expresó de la sunamita en Cantares 4:7: "toda tú eres hermosa... y en ti no hay mancha", el marido debe expresar su aprecio, su encomio. Ella es el reflejo de su cabeza (Efesios 5:28) y es su corona (Proverbios 12:4).
4.- En el sustento y el cuidado (Efesios 5:29). Sustentarla habla de estimarla y apreciarla. En otras palabras, es la manifestación del amor proveyendo para las necesidades de alimento, abrigo, cariño y caricias. Abarca lo social, emocional, mental, espiritual y físico. Esto toma tiempo: horas, días y años. El verbo cuidar describe la escena de una gallina cubriendo sus polluelos con las alas. Habla de amor protector y a la vez trato cariñoso. No hay lugar para el trato brusco, de ningún modo.
¿Por qué? Porque somos una sola carne, y el trato que un hombre da a su esposa lo hace a su propio cuerpo. Son un mismo cuerpo, y nadie, en su sano juicio, maltrata su propia carne.
¡Cuán fácil será para la mujer someterse a un hombre que le ame de esta manera, ¿verdad? Quizá, pero la sumisión no es natural a la mujer tampoco.
La sumisión difiere de la obediencia en que ésta cumple con lo que se ha pedido, mientras que la sumisión busca la manera de complacer antes que se le pida. Es sujetarse voluntariamente al liderazgo del esposo, como al Señor. Es afirmar su liderazgo. Quiere decir: aceptar o estar conforme con los planes de él. Es andar de acuerdo con él. El matrimonio no es un "ring" de boxeo, sino un refugio, una escuela, un recinto donde se suplen todas las necesidades (1 Pedro 3:1-6).
Como el hombre la santifica, la separa para sí, ella tiene ojos solamente para él. Se dedica, se somete a su propio marido. Ella se somete en amor, respetando a su “cabeza”, como respetaría al mismo Señor. Es más fácil respetar al presidente, al pastor o a un gerente, pero el que más necesita el respeto de la mujer es su propio esposo. Ella debe expresar verbalmente su aprecio en privado y en público. Además, el respeto abarca todas las esferas de la vida: social, emocional, mental, espiritual y física.
Es la responsabilidad de la mujer someterse a su esposo (1 Corintios 11:3) y cualquier rebelión contra él es, a la vez, contra el Señor. Es una sumisión total, voluntaria y gozosa. El ejemplo mayor es el de Sara en Génesis 12:10-20 y el capítulo 20 del mismo libro. Ejemplificó no solamente la obediencia completa, sino también la sumisión voluntaria.
La sumisión no es una esclavitud forzada, sino un servicio de amor, como sirviendo al Señor (Colosenses 3:18), aceptando los planes y la guía del Señor por medio del esposo. Porque él es la cabeza del cuerpo del cual los dos forman parte y todos los miembros responden a los directivos de la cabeza.
¿Hasta qué punto debe someterse la esposa? Voy a dejar que la Palabra conteste: "en todo" (Efesios 5:24). Aquí no se fijan límites, restricciones ni "peros".
Un matrimonio exitoso y feliz necesita ambos elementos: el amor y la sumisión. No es suficiente sólo el amor del esposo, sino la respuesta amorosa de parte de ella, también, Es imprescindible la sumisión de la esposa con respeto, pero a la vez, la sumisión del esposo. “Someteos los unos a los otros." Ambos deben hacerlo en el temor de Dios, o lo-harán luego temiendo a Dios. Estos son mandamientos de Dios para cumplir; no son sugerencias para considerar. ¡Que Dios nos ayude a cumplir con nuestro deber!
¡Empiece usted ya, No espere a que su cónyuge inicie los cambios!
*Créditos Bibliográficos
Tomado de “El Hogar Cristiano” Tomo 32 Nº 1 págs. 6-7. Enero-Febrero-Marzo – Publicación de la Casa Bautista de Publicaciones 1988, El Paso, Texas EE.UU.