¿Matrimonios Mixtos o Yugos desiguales?
Por Rubén O. Flores


A través de nuestro ministerio familiar, hemos tenido oportunidades en las que quienes vienen a la consulta no comprenden por qué tienen tantos problemas con sus cónyuges. Compartiendo sus testimonios encontramos repetidas veces que el origen se encuentra en alguno de estos dos tipos de matrimonios: <Mixto o yugo desigual>. En realidad no es lo mismo uno que otro, ambos tienen marcadas diferencias que en la mayoría de los casos producen el resquebrajamiento de la unión matrimonial por más que ésta haya sido legal y religiosamente efectuada. 

En la Biblia, la Palabra de Dios, encontramos que el apóstol San Pablo recomienda a los corintios, “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos”. (2 Corintios 6:14. Sin embargo no es tan fácil definir esta situación. La figura es tomada de la costumbre de uncir bajo el mismo yugo bestias de carga de diferentes especies, lo cual estaba prohibido por la ley de (Levítico 19:9; Deuteronomio 22:10). También podría decirse que hay al mismo tiempo la figura de una infidelidad en cuanto a que los fieles se unen o asocian con incrédulos para la obra de Dios, la cual evidentemente exige un mismo sentir, un mismo espíritu y el mismo amor. Como dicen Grunlan y Mayers “El matrimonio es una institución social, es decir, un patrón de normas y costumbres que definen y controlan la relación entre un hombre y una mujer, y las relaciones entre ellos y el resto de la sociedad”. . Si observamos más detenidamente el primero de los casos, el matrimonio mixto, encontramos lo que hace unos 40 años el psicoanalista Harry F. Tashman escribió: 

“El prejuicio de grupo es tan viejo como los clanes y las tribus. El despego, el desprecio y la hostilidad que un clan puede sentir hacia otro han sido ampliamente descritos desde que el hombre comenzó a expresarse y a dejar testimonios de esas expresiones. En nuestra propia época, aunque las distancias entre diferentes clases de gente han disminuido rápidamente, y aunque las mismas diferencias van siendo borradas, existen personas que están dispuestas a conservar o promover diferencias y distancias, alentar el prejuicio y el menosprecio de otros, y hacer de esta función su oficio particular. Afortunadamente, su número parece decrecer. Esos especialistas ya no parecen disfrutar de la vida fácil y la prominencia que les habría proporcionado su demagogia en una época anterior. En el plano social se promulgan leyes que consideran un crimen la discriminación basada en la raza, el color o el credo, y hasta los jefes de todas las sectas son más cautos en el modo como impugnan o zahieren a los “otros” que están unidos bajo símbolos y sistemas de creencias diferentes.”

El pasar tantos años y tanta agua bajo el puente, no han cambiado mucho la situación, aquellos que tenemos la posibilidad de entrevistar y ayudar a las parejas a definir su problemática y reencauzar, en lo posible, su matrimonio, sabemos que el tema religioso sigue siendo sumamente importante entre los matrimonios mixtos. ¿Ceremonia cristiana o judía? ¿Circuncisión o no?, ¿Jacobo o Antonio?, ¿Tu familia o la mía? Pero, además, tenemos la cuestión de la comunicación entre los esposos. Se podrán tratar muchos temas pero siempre habrá aquel que será preferible no tocar para que no se rompa el diálogo, y ese tema ya sabemos cuál será. 

Agrega el psicólogo Harry F. Tashman “Estos y otros temas quizás más importantes son algunos de los problemas que se forman en torno a la pareja. El primero y el segundo año de matrimonio son los períodos de adaptación. La adaptación de una persona a otra nunca es fácil. Puesto que cada individuo es el producto de un ambiente único, en el cual innumerables y peculiares condiciones y fuerzas han modelado su personalidad, para adaptarse a su consorte tiene que modificar sus ideas y sentimientos. Los prejuicios, nociones preconcebidas, temores y odios que existen en nuestras raíces y son parte de nuestra herencia de tiempos arcaicos, pueden aparecer por la tensión del matrimonio mixto para complicar más aún el período de adaptación. Esto provoca en la relación de los esposos fracturas que son más difíciles de reparar que las tiranteces ordinarias ocasionadas por el esfuerzo de maridos y mujeres para adaptarse unos a otros. Quienes se apartan del “rebaño” sobre la base racionalizada del amor, no se unen solamente por tan alto motivo como lo descubren en el psicoanálisis. Con mayor frecuencia el motivo es la expresión de una rebelión contra antiguas tiranías, cuyos poderes se mantienen y trasmiten a través de dogmáticos sistemas de creencias que pasan de padres a hijos. El motivo puede ser también la expresión de desdén y desafío hacia padres que, bajo el disfraz de la rectitud, la benevolencia, y el privilegio de origen divino, han inculcado en sus hijos su malevolencia e intolerancia.”

El segundo punto es el de los matrimonios unidos en yugo desigual. En estos casos el asunto no es la religión en sí misma sino la desigualdad en cuanto a cultura, conocimiento, raza e intelecto. Conocemos varios casos en los que el matrimonio ha estado o está con problemas a causa de la desigualdad en cuanto a estudios e intelecto. En estos casos uno de los dos o es profesional o tiene algunos títulos obtenidos y el otro no ha alcanzado a terminar su ciclo secundario. Hemos comprobado que la comunicación y el diálogo se hacen difíciles y terminan por estropear la relación entre los cónyuges. La conversación llega a un punto muerto en el que no es posible continuar ya que no habrá temas a compartir. En estos casos se oponen la superficialidad de uno con la profundidad de conocimientos del otro.
Por último, como expresaba Gustavo Carballeda en otro artículo de esta misma página, (ver el artículo: “Aprende a escuchar a tu esposa”), “Sucede también que, en reglas generales, y sabiendo que hay honrosas excepciones, el hombre tiende a hablar menos que la mujer. Y es una característica respetable. El inconveniente surge cuando el hombre se comporta como si no tuviese ni siquiera una sola boca. El silencio es el asesino de los matrimonios. Se instala solapadamente, a tal punto que a veces ni detectamos que está ganando terreno en nuestra pareja, y es un arma mortal que utiliza el adversario para corromper el origen de la familia.”

Para evitar alguno de estos problemas, aconsejo leer detenidamente, tanto a los que intentan casarse como a quienes ya lo están desde hace tiempo, a tener en cuenta los principios del licenciado Nell Clark Warren en el artículo de este mes: “Escogiendo tu pareja”. : “De todas las cosas que usted pueda hacer para que su matrimonio sea un éxito, la elección de la persona para formar pareja es, de todas, la cosa más importante.”.

rubenflores@encuentroconcristo.com.ar