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Ecos |
Cuando recuerdo tu mirada lánguida,
Tu
dulce sonreír;
Cuando me acuerdo de tu frente pálida,
De
tu talle gentil;
Cuando suspiro por las horas rápidas
Que huyeron junto a ti;
El llanto surca mis mejillas áridas
Y me siento feliz. . .
¡Ay!, cuando no me quede ni una lágrima
¿qué será de mí?
Por
José y Contreras
1843--1908