Tu cabellera

Déjame ver tus ojos de paloma
Cerca, tan cerca que me mire en ellos;
Déjame respirar el blando aroma
Que esparcen destrenzados tus cabellos.

Déjame así, sin voz ni pensamiento,
Juntas las manos y a tus pies de hinojos,
Embriagarme en el néctar de tu aliento,
Abrasarme en el fuego de tus ojos.

Pero te inclinas . . . La cascada entera
Cae de tus rizos luengos y espesos. . .
¡Escóndeme en tu negra cabellera
y déjame morir bajo tus besos!

Manuel M. Flores
(1840-1885)