Primera parte
¿Cómo puedo triunfar en el trabajo sin comprometer mi fe?
Por Lloyd John Ogilvie


Pasajes bíblicos: 1ª Corintios 10:31; Efesios 6:5?9 

"El trabajo puede llegar a ser un dios, o puede ser una manera de glorificar a Dios."

El ciudadano promedio en un país como los Estados Unidos pasa por lo menos 150 mil horas de su vida trabajando. Los que empiezan a trabajar más jóvenes, toman poco tiempo de descanso, y se jubilan muy ancianos, podrían acumular hasta 200 mil horas.
La mayoría de las personas dedicamos por lo menos una tercera parte de nuestra vida al trabajo. Para algunos, trabajar es un deleite; para otros, una carga. El trabajo puede llegar a ser un dios, o puede ser una manera de glorificar a Dios.

"Hay gente que se torna adicta al trabajo. Y todo lo demás pasa a un plano secundario"

Deseo presentarle a cuatro personas que han enfrentado luchas en lo que se refiere a glorificar a Dios en el trabajo. Todos me han dado permiso para narrar sus casos. Estas experiencias muestran lo difícil que es ser cristiano en un mundo laboral competitivo, orientado hacia los cargos de prestigio, y que endiosa los títulos jerárquicos.

Tomás

La voz de Tomás trasmitía su angustia y dolor cuando me llamó por teléfono; deseaba saber si él y su esposa podrían ir a nuestra casa esa noche para hablar conmigo y con Mary Jane. Se oía tan urgido que suspendimos otros planes y decidimos recibir a este exitoso ejecutivo y a Juanita, su encantadora esposa. Cuando llegaron, se podía ver que algo terrible les había acontecido. Tomás lucía como si le hubieran dado una paliza. Su semblante se veía completamente decaído. Los ojos de Juanita estaban enrojecidos, y las lágrimas dejaban surcos en un maquillaje que normalmente lucía perfecto.
Se sentaron en el sofá de la sala. Era un cuadro de decepción y derrota. La voz de Tomás se quebrantó cuando quiso hablar. Juanita puso el brazo sobre él en un gesto de consuelo y apoyo.

"Exprésate, Tomás", -- le dije.-- "¿Qué ha sucedido?"-

"¡Todo lo que siempre ambicioné está perdido!", --dijo. --"Aquello por lo cual trabajé por años se ha desvanecido. Nada dio resultado: ni mi esfuerzo, ni trabajar hasta tarde, ni los días libres que sacrifiqué, ni las vacaciones que no tomé, ni los sacrificios que hice para superarme en el trabajo. Como saben, estaba en turno para recibir el ascenso como jefe de mi departamento. Todos pensaban que lo tenía asegurado. Pero, el presidente de la compañía anunció hoy que traerán a un funcionario de una de las subsidiarias para ocupar la posición. Todo el mundo quedó consternado. Nadie lo podía creer. Tampoco yo. Desde que egresé de la universidad y me uní a esta compañía, me he esforzado para ascender poco a poco, siempre con la idea de alcanzar ese puesto. Me lo he ganado y lo merezco. Les di mi vida, ¡pero ahora me ignoraron!, ¿Por qué permitió Dios que esto sucediera?"

Juanita y Tomás eran miembros activos de la iglesia. Hacía poco habían experimentado una renovación espiritual. Ambos habían hecho un compromiso firme con Cristo durante servicios especiales en la iglesia. Sus vidas habían sido transformadas. El amor en su matrimonio se había renovado, y estaban pidiendo la dirección de Dios para la crianza de sus dos preciosos hijos,
A Tomás se le admiraba como ejecutivo; era exitoso y tenía grandes ambiciones. Su entrega al trabajo le había permitido ascender rápidamente. Todo, aun su renovada fe, parecía asegurar que llagaría a ser vicepresidente de su departamento en la compañía. Había comprado una nueva casa, más a tono con el prestigio de la posición que esperaba. Los altos pagos mensuales de la hipoteca dependían del sueldo que ganaría cuando lograra la meta de su vida.
Pero, aquel día su mundo se había derrumbado. Su autoestima estaba conectada con el éxito en el trabajo. Pensaba que Dios le había fallado. Había tenido la certeza de que la influencia y el poder de ese puesto era lo que el Señor quería para él. Y por supuesto, se había dedicado para ser el mejor vicepresidente cristiano que jamás hubiera tenido la compañía. El problema era que no le habían dado el cargo. Tomás pasó horas sintiendo lástima de sí mismo, y cuestionando los valores y móviles del presidente de la compañía. ¿Por qué no lo consideraron? Al fin Tomás y Juanita estuvieron dispuestos a que oráramos pidiendo la ayuda del Señor para sobrellevar la frustración. 
Justo antes de arrodillarnos Tomás dijo algo que haría más real nuestra oración: 
"Quizá ese trabajo se había convertido en mi verdadero dios. Esperaba que el Señor lo convirtiera en realidad para mí". 

Se necesitaron muchos otros tiempos de oración para que la .profunda observación hecha por Tomás cobrara vigencia en su vida y le trajera libertad. Después de varios meses y docenas de pláticas, la aceptación de esa realidad llegó a ser la base de una verdadera convicción. 
El trabajo, y no el Señor, era el que había marcado el ritmo para impulsar su vida. Empezar a marchar al ritmo de otro Director fue la transición más dolorosa en la vida de Tomás. 

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Nota: En esta oportunidad el ejemplo de vida fue el de Tomás, pero no es el único, en los próximos meses estaremos leyendo acerca de Alberto, Ana y Samuel. Cada uno de ellos con un testimonio personal que puede ayudarnos a rever nuestras prioridades y reflexionar sobre nuestra respuesta a la pregunta básica inicial: 
¿Cómo puedo triunfar en el trabajo sin comprometer mi fe? 
Mientras tanto damos los subtítulos de cinco ingredientes para tener una actitud totalmente diferente hacia el trabajo que el autor desarrolla al final del artículo.

1.- ¡Cambie de trabajo!
2.- ¡Cambie de jefe!
3.- ¡Deje de trabajar para ganarse la vida!
4.- Comience una nueva compañía.
5.- Dé usted el significado fundamental a su trabajo, en vez de procurar obtenerlo de él.

Ciertamente, algunos de estos items parecen increíbles pero veremos en el desarrollo de ellos que el autor nos ayuda a buscar soluciones para ser personas nuevas en nuestros trabajos sean cuales fueren éstos. 
Rubén O. Flores


Créditos: 
Los Elegidos, Revista, N* 69
Editor: Marcelo Laffitte 
Impreso en Argentina