¿Hay algo nuevo para mí? - Primera parte
(Sobre un capítulo del libro "No es fácil ser hombre" de Robert Hicks)
por Rubén O. Flores


Julio es un pastor amigo de la juventud, nos conocimos estudiando dibujo en la Escuela Panamericana de Arte en la ciudad de Buenos Aires. Él y su esposa Adela nos llevaron a los pies de Cristo cuando nosotros estábamos en las tinieblas.
Nos integramos a la congregación que ellos pastoreaban en una localidad del Gran Buenos Aires. Luego de algunos años, cuando pasaron a pastorear una nueva congregación en la ciudad de Chivilcoy, provincia de Buenos Aires y estando allí de visita, fui invitado a un anexo en una pequeña ciudad cercana llamada Suipacha. Allí compartimos la Cena del Señor en forma sencilla y emotiva en la vivienda de uno de los miembros. 
Años más tarde y ya siendo pastor principal de nuestro ministerio tuve otra vez la oportunidad de participar nuevamente de otra reunión en una de nuestras filiales en la que se celebraba igual acto de adoración. Ambos fueron muy importantes para mí pero quedaron grabados en mi mente por una sola razón. 

¿Qué pasó con los hombres? 
En la primera iglesia éramos seis personas, contando los dueños de casa, la comunión fue preciosa dado que estábamos todos en un mismo sentir. El encargado de la obra y su esposa, el pastor Julio y yo y algunas hermanas de la congregación. La segunda congregación era bastante mayor en número, unos cuarenta, con su templo totalmente instalado y con hermosos himnos y orden pero, salvo dos esposos, y ambos cristianos nominales, no había más hombres en la iglesia, el resto eran mujeres.

Tomo el pasaje 1 Corintios 11:21-22 que habla de la Cena del Señor para esta reflexión porque me recuerda aquellos momentos de ausencia de hombres en ambas iglesias. Posteriormente y a través de todos estos años de pastorado he encontrado congregaciones muy grandes pero la relación hombre-mujer sigue siendo mas o menos la misma. Sin embargo, al menos para mi no es una cuestión de cantidad ni de porcentajes, sino mas bien de motivación. 

Investigando apenas un poco esta relación de porcentaje entre hombres y mujeres con otros pastores amigos y en algunos libros encuentro que uno de los inconvenientes que tenemos los pastores es justamente la falta de varones en nuestras congregaciones. Solo por ser mayor en número las mujeres ejercen bastante poder en las iglesias aunque esto no sería gran problema mientras los pastores no metamos nuestras narices en el "grupo de damas" de la congregación, ¿no es verdad?
Entonces traté de recordar, ¿Qué encontré en mi primera congregación cuando entré por primera vez? Sencillas pero buenas cortinas en las ventanas, flores sobre el púlpito, el piso tan limpio y encerado que casi no se podía caminar, un gran grupo de mujeres que se ocupaban de diversas tareas que yo no entendía, y. . . .ausencia total de hombres.

Es evidente que las mujeres tuvieron su ministerio durante la estadía de Jesús en la tierra. Vemos por ejemplo la reconocida colaboradora de Pablo, Priscila, que enseñó a Apolos, el gran predicador (Hechos 18.24-26). Además, con frecuencia Pablo menciona a otras mujeres que tenían posiciones de responsabilidad en la iglesia. Febe trabajó en la iglesia (Romanos 16.1). María, Trifena y Trifosa eran obreras del Señor (Romanos 16.6, 12) así como lo fueron Evodia y Síntique (Filipenses 4.2). Estas en aquel momento, pero en nuestros tiempos podemos nombrar a Martha Franks que con su don de fe sirvió en China y Taiwán durante cuarenta y un años. Ollie Thomas con su don de generosidad bendijo a muchísimas personas. Puline Gottman que con su don de la enseñanza en la década de los cuarenta cambió la vida de un grupo de cincuenta estudiantes de escuela dominical en la ciudad de Georgia, Atlanta. Sue Ann Easley que con su don de milagros a través de la oración no sólo sanó espiritualmente a infinidad de personas sino que les transmitió su fortaleza. Sue nació con parálisis cerebral, no tuvo dominio sobre su pequeño cuerpo, y aún pasando la mayor parte del día en cama. no tiene una pizca de derrota o desilusión en su ser, Y así podríamos continuar con Diana Sato, Lillian Nelly, Helen Falls, Marylu Moore, Dorothy P'Pool Ware y tantas otras que todos conocemos. Ciertamente, las mujeres han sido un baluarte en la propagación del ministerio de Jesús entre los hombres. No quiero olvidar ni por un momento que tanto yo como miles de hombres en todo el mundo, hemos conocido la gloria de Cristo a través de las oraciones o pedido de ayuda de nuestras esposas.

Sin embargo todavía continuamos con el mismo problema, El doctor Lyle Schaller, conocido asesor eclesiástico en los Estados Unidos dijo que: ". . .entre el sesenta y sesenta y dos por ciento de los asistentes a los cultos del domingo son mujeres. Y que en las actividades que reflejan directamente la vida de una congregación, la brecha entre hombres y mujeres es aún mayor". Schaller llama a esto "la feminización de la iglesia" y es interesante viéndolo bajo el punto de vista de que a los hombres mucho no nos agrada este comentario pero lamentablemente es una realidad palpable en casi todo el mundo. 

Si volvemos a la pregunta del título de esta reflexión: ¿Hay algo nuevo para mí? Vemos que el tiempo ha pasado pero la situación no ha cambiado mucho. Y es que, al decir de Schaller, "los hombres se sienten fuera de lugar en la iglesia". Tampoco es cuestión, creo, de que la iglesia se acomode al mundo para brindar a los hombres "algo nuevo". Chafler pregunta: ¿Qué es lo que ha producido esta feminización a gran escala de la iglesia. . .? y agrega: "Para el espectador medio, los ministros viven en el anonimato, en la periferia de la vida, y sólo aparecen como adorno en bodas, entierros e invocaciones presidenciales. Para el hombre promedio los ministros religiosos llevan una vida imposible de comprender con la cual se sienten que no tienen mucho en común". Ni hablar de países en los que los estudios terciarios que terminamos los pastores no son reconocidos por los gobiernos, aún cuando sean a nivel de Facultad. 
Tal como algunas hombres me han preguntado alguna vez: ¿Qué es lo que los pastores hacen durante todo el día? Y agregaría algunos pensamientos que estoy seguro alguna vez han surgido en las mentes de algunos hombres de negocios de mi congregación: ¿El sueldo que el pastor recibe, realmente se lo gana? O como preguntó una hermana de la iglesia a su pastor cuando entró a la oficina y lo encontró orando de rodillas: "¡Pastor! Ya que no está haciendo nada, ¿me podría ayudar en hacer esto......?".

Bien, estando así las cosas debe haber algo que podamos hacer y eso lo trataremos en el próximo mes.
Hasta tanto oremos para que el Señor siga levantando obreros para la mies que es mucha.
Rubén O. Flores