Cómo romper con esas desdichadas opresiones
Las preocupaciones de la vida cotidiana
Por Mario Pereyra
"No se preocupen por el día de mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día tiene bastante con sus propios problemas" -? Jesús.
¡Es horrible! ¡Yo me hago problemas por todo! ¡No puedo dejar de pensar en todas las cosas que tengo que hacer! ¡Vivo preocupándome! ¿Qué puedo hacer?" Estas expresiones de impotencia y angustia son comunes entre nuestros pacientes psiquiátricos. Desesperados, crispados y con los nervios destrozados, confiesan ser esclavos de pensamientos o temores persistentes e invasivos que los atormentan al extremo de quitarles el apetito, el sueño y resultan una pesadilla de nunca acabar. Cuando investigamos las causas de estas obsesiones y otros trastornos emocionales, frecuentemente descubrimos que son el resultado de una multitud de pequeños incidentes de malestar e inquietud, que han ido minando sus fuerzas psíquicas y físicas hasta finalmente hacerlos sucumbir en la enfermedad. Por ejemplo, Gustavo (20 años) fue internado en estado deplorable por su impotencia para resolver los problemas. Apareció con el rostro pálido, rígido, acartonado, con la mirada extraviada, haciendo gestos faciales incoherentes, sin poder articular palabra alguna, en un estado de embotamiento y desorientación total. Hacía menos de un año que se había casado
con la esposa embarazada, obligado a ser padre prematuramente. Tuvo que abandonar los estudios y empezar a trabajar. Por razones económicas continuó viviendo en la casa de los padres, con los cuales su señora tenía muy mala relación. A causa de su carácter reservado y enemigo de los problemas, soportó las discusiones continuas de la esposa con su madre y las presiones de ambas para que tomara partido a favor de una de ellas, sin decir nada y sin saber qué hacer. Finalmente, las preocupaciones lo precipitaron en los abismos de la enfermedad mental.
Las preocupaciones cotidianas son esos agentes irritantes y frustrantes con los cuales tenemos que lidiar diariamente para poder conservar el bienestar. Se trata de pequeños acontecimientos que quiebran la armonía interior y que traen tensiones y dificultades, con ideas absorbentes que atrapan y esclavizan el alma. Estos estresores se caracterizan normalmente por su baja intensidad, pero a causa de su persistencia y cierta tendencia acumulativa o residual pueden llegar a ser nefastos, como le ocurrió a Gustavo.
Es llamativo que las preocupaciones son compartidas por personas de diferentes culturas, sexo y clases sociales. Este hecho fue descubierto en un reciente estudio realizado a 74 profesionales médicos de los Estados Unidos y de la Argentina, quienes fueron interrogados sobre los motivos de preocupación más importantes de sus pacientes. Las respuestas fueron muy semejantes en ambos casos. Se encontró que las preocupaciones principales de los norteamericanos (daily hassies) son el estado de salud de un miembro de la familia, los problemas económicos, los impuestos, los crímenes, los pensamientos molestos acerca del futuro y las muchas cosas que hay que hacer cada día. Por su parte, los argentinos coincidieron en la mayoría de esas causas, agregando la inseguridad en el trabajo o el temor a perderlo, la soledad, la salud y el divorcio o la separación. Las variantes de la inquietud es lo de menos, el hecho es que en todos aparece instalada una sombra en medio de la torturante maquinación del pensamiento.
¿Cómo romper con esas desdichadas opresiones cotidianas y tomar por un camino más abierto y apetecible? William James, el padre de la psicología moderna, decía: "La cura soberana para la preocupación es la fe religiosa". Un medio eficaz para no dejarse atrapar por la obsesión es, después de buscarle la solución a los problemas y hacer lo posible por resolverlos, descansar en Dios. Dejar en manos del Todopoderoso las dificultades, en la seguridad de que él dispondrá las cosas para nuestro beneficio. Por su parte, Jesús aconsejó ?como dice el epígrafe--que no agreguemos a los problemas de hoy las incertidumbres de mañana. Resolver cada situación en su tiempo es otra fórmula sabia para no caer en el pozo de las preocupaciones.
CRÉDITOS:
Mario Pereyra es profesor de filosofía y licenciado en psicología.
Extraído de la revista "Vida Feliz". Año 96, N*6