Trabajo nuevo, nuevo desafío
Cómo Enfrentar los Cambios Laborales
Por Juan Carlos Cuccaro


En el artículo publicado en el número de abril (Estoy mal, perdí el empleo) nos habíamos referido a la búsqueda de la seguridad "como la necesidad de experimentar un sentimiento de seguridad, gracias al cual podemos vivir y transitar riesgos como si estuviésemos seguros".

Esta afirmación implica que el sentimiento de seguridad es algo que se construye, y que por lo tanto también se puede destruir. En el proceso de independización laboral, la búsqueda de la seguridad es la primera preocupación y también el mayor obstáculo para la puesta en marcha del proyecto de vida personal. La resolución de esta cuestión demandará tener presente cuál es la naturaleza del sentimiento de seguridad y cuál es su verdadero alcance en la realización personal de un proyecto de vida.

Anatomía de la seguridad

Si perdemos el empleo, sentimos que perdemos seguridad... Pero también si una persona se atreve seriamente a pensar en un proyecto laboral que reemplace su actual fuente de ingresos, experimenta angustia, porque está arriesgando su seguridad.

En cualquiera de las dos situaciones aparece el problema de la necesidad de seguridad. Ahora también podemos afirmar:

La causa de la crisis de una persona desocupada es la pérdida de la seguridad y del sentimiento de seguridad. La causa de la postergación sistemática y de la demora permanente de una persona para abordar un proyecto laboral mejor, es el temor a perder la seguridad.

Por lo tanto, la necesidad de seguridad está en la base de la depresión del desocupado y del fracasado que no se atreve a cambiar su trabajo por uno mejor.

Si tenemos un trabajo que garantice el ingreso regular de una determinada suma de dinero, generalmente tenemos tiempo para pensar en qué gastar lo que nos sobra... siempre que apliquemos un presupuesto adecuado a nuestro sustento. Entonces empezamos confiadamente a corretear por el prado de la vida buscando cómo invertir de la mejor manera nuestro dinero, al tiempo que gastamos para gozar de la vida. Toda preocupación se reduce a cómo aprovechar mejor el tiempo libre y nuestro dinero. Vamos por la vida saludando a la gente, sonreímos y tratamos los problemas con la certeza de que alguna solución siempre encontraremos. No cabe duda de que esta actitud básica es una actitud confiada y segura ante la existencia. Pero, ¿qué pasa cuando esa corriente de ingresos se corta repentinamente?

Es obvio que no experimentamos esa misma sensación de seguridad cuando decimos a nuestros amigos y familiares que ya no tenemos más dinero. La pregunta es: ¿Por qué? ¿Alguna vez se preguntó por qué no conservamos la misma seguridad cuando no tenemos dinero? La respuesta también es obvia: Estamos en peligro. El dinero es para la sociedad actual como las armas para el hombre primitivo. Sentimos nuestra vida amenazada y la seguridad se quiebra.

Pero, ¿acaso antes no estábamos amenazados? ¿No se podía cortar esa cadena en cualquier punto? Sí, pero nosotros creíamos que no.

Estábamos convencidos de nuestra seguridad, porque la experimentábamos como un sentimiento que se reforzaba periódicamente con los ingresos de dinero, de esta manera también se alimentaba nuestro sentimiento de seguridad, como el chico se alimenta de afecto por la leche materna y construye el grado de autoconfianza con que se insertará en el mundo. Dicho de otra manera, el abismo siempre estuvo bajo nuestros pies, sólo que el puente por el que transitábamos nos parecía consistente y amplio, de modo que ni siquiera lo veíamos.

Construimos nuestra seguridad con la forma de un sentimiento de confianza en la vida que se nutre en la medida que no nos falte el suministro periódico.

A este mecanismo periódico que suministra la energía necesaria para la vida lo llamaremos mecanismo de certeza, porque su presencia periódica proporciona la certeza que alimenta al sentimiento de seguridad.

El mecanismo de certeza puede definirse como la relación que hay entre la capacidad de actividad que una persona tiene para producir sus insumos y la cuota necesaria de insumos que esa persona requiere para sobrevivir. De alguna manera, esta ley supone que la capacidad de generar sus insumos es siempre mayor que los insumos que esa persona necesita para vivir. Esta suposición proporciona la certeza de que pase lo que pase, en tiempo y forma, siempre habrá sustento.
Cuando esta relación funciona, en cualquier orden de la vida, se garantiza la certeza, que como dijimos es fundamental en el entramado imaginario de la seguridad.
La certeza es la que nos permite esperar el ómnibus en la parada con la confianza de que en algún momento lo abordaremos, porque hay miles de recursos en nuestra experiencia que nos permiten suponer que lo vamos a lograr una vez más.

Si logramos reestablecer el mecanismo de certeza volveremos a sentirnos seguros, y si logramos enterarnos que ese mecanismo podemos construirlo, tendremos una poderosa razón para motorizar la esperanza.
Tanto el desocupado como el que piensa cambiar de trabajo sin estar apremiado por la falta de ingresos, deben saber que la seguridad se construye en casa y que no se compra en ninguna parte.

Claro que para acceder a este tipo de seguridad es necesario enfrentar el peligro; sólo este hecho revaloriza y fortalece a la persona, situándola en el presente de su propia realidad antes de caer víctima del concepto ajeno y antes de que otro afirme si merece o no quererse a sí misma.

Saliendo de la crisis

Por lo tanto, la disminución de la autoestima, que se expresa por la desvalorización ("siento que no valgo nada") y por la crisis de identidad ("no sé quien soy"), se produce por la exposición inerme de la persona frente al peligro, que trata de conjurar mediante el recurso de esconder la cabeza. Esto sólo se supera enfrentando el peligro real; y este enfrentamiento permitirá que la persona recupere su autoestima y la confianza en sí mismo.

Sin embargo, puede ocurrir que habiendo llegado a este punto, la persona haya superado el sentimiento de desvalorización pero no haya salido de la crisis de identidad, porque como no encontró una ocupación estable aún sigue sintiendo que "no sabe quién es". Por lo tanto, continúa el duelo, la culpa y la idealización del trabajo perdido, aunque sin desvalorización y sin parálisis.

El segundo paso para la superación de la crisis radica en la elección de una ocupación que proporcione ingresos, los cuales activarán el mecanismo de certeza. Pero aún así todavía no está asegurado el éxito completo. Con este esquema la persona sólo podrá recuperar en arte la situación anterior, ero no pondrá en marcha un proyecto de vida personal, que dé sentido y satisfacción a la vida.

El tercer paso consiste evitar que la seguridad se convierta en un obstáculo del proyecto de vida personal. Por lo tanto no hay que comprometerse en una tarea de un modo definitivo si no se ha logrado encontrar todavía una actividad que satisfaga el deseo de libertad y proporcione un estilo de vida con sentido. Por lo tanto, habrá que incorporar la idea de que cualquier trabajo temporario puede permitirnos mantener vivo el proyecto y la búsqueda para ocupamos en lo que realmente nos interesa.

Este paso de ocuparnos en tareas transitorias, que hasta podrían ser de diversa índole, no permitirá confundirnos jamás respecto de lo que verdaderamente somos y queremos.

Previniendo la crisis

Las personas que deseen prevenir tanto la crisis económica como la de la salud deberán anticiparse a los hechos, apelando a un
proceso de reconversión de los recursos personales. Esto es: cambios de actitudes, exploración e incorporación del deseo personal
en el proyecto de vida, y reconocimiento y desarrollo de nuevas aptitudes que posibiliten la expresión de una actividad laboral vocacional.

En este proceso de autonomización pasaremos forzosamente por mini crisis, que no experimentaremos de una manera pasiva y con una sensación de amenaza por una catástrofe económica, sino de un modo activo, como protagonistas del cambio, piloteando personalmente las situaciones de crisis que produciremos y transitaremos bajo control.

Fisiología de la seguridad

Estamos en condiciones de afirmar que la clave y la base de la seguridad está en la creencia. Nuestras creencias se tornan realidades cuando logramos convencernos de su existencia. Y se tornan realidades consensuadas cuando logramos que los demás también las crean. La seguridad es creencia con convicción para nosotros mismos y para todos aquellos que nos miran y nos escuchan.

Es en este sentido que la máxima sanmartiniana adquiere significación plena: "Serás lo que debas ser". La única diferencia es que la orden la debe dictar tu deseo, que previamente debe ser detectado y escuchado, porque sino no serás nada.

Vivimos permanentemente tratando de descubrir y de realizar ese deseo. Y sabemos que gran parte de ese deseo es irrealizable, pero la clave consiste en aspirar siempre a la mejor marca, de manera que el camino transitado esté plagado de sentido y nuestra vida adquiera significación no tanto por lo que nos propusimos lograr como por lo que fuimos capaces de alcanzar mientras procurábamos lograr los objetivos propuestos. Nadie se va a arrepentir de vivir una vida así.

Nuestra seguridad entonces consiste en un puente imaginario que construimos con nuestras creencias sobre un abismo real y que transitamos para llegar a nuevas orillas. Descartes sostenía que nada podía justificar la diferencia entre el estado de vigilia y el sueño. Nuestra misma existencia es producto de nuestra creencia. Cuando algo funciona mal, el puente se raja y deja entrever el abismo inconmovible. Siempre estuvo, pero es como si lo descubriéramos por primera vez. No es aconsejable que una persona no se entere en toda su vida de la existencia de este abismo, estaría expuesta a serias descompensaciones en los momentos menos esperados.

En cualquier momento, el sentimiento de seguridad se puede poner a prueba del modo más insospechado. Más aún cuando una persona se propone superar marcas alcanzadas.

En estos casos, la imagen a tener en cuenta es la del conductor que maneja su automóvil en un paseo por un camino de cornisa, ascendiendo una montaña. Su vista podrá fijarse en el abismo o en la belleza del paisaje. Si se fija en el abismo puede ser presa del miedo y caerse. Si se fija en el paisaje podrá disfrutar de un inolvidable y gratísimo paseo. Para el conductor temeroso la consigna sería: "Si subo, me podré caer". Para el conductor que desea acceder a la plenitud del sentido de la vida, la consigna sería: "Si tengo miedo a caerme no podré subir". En definitiva, el sentimiento de seguridad se juega siempre en una actitud básica que define la calidad de nuestra vida en términos de salud o de enfermedad, de éxito o de fracaso.

Consejos prácticos

1. Tenga siempre en cuenta que la seguridad como tal no existe; sólo existe el sentimiento de seguridad, que es algo que puede construirse y destruirse, y volver a reconstruirse todas las veces que sea necesario. Dependerá de usted.

2. No pierda de vista que la búsqueda de seguridad puede ser una preocupación genuina, pero también un obstáculo permanente para el logro del proyecto de vida personal.

3. Nunca olvide que la seguridad se juega en cada instante, y que sólo somos conscientes de ello en aquellas circunstancias en que aspiramos a superarnos a nosotros mismos. En esos momentos todo depende de una actitud personal: Si miro al abismo o al paisaje. La consigna a tener en cuenta es: "Si tengo miedo a caerme, no podré subir".

4. En los momentos difíciles debe pensar en la posibilidad de que se destruya todo lo que ha construido; de ser así, no quiere decir que usted se destruya. Por lo general esta sensación de contaminación proviene más de la opinión del medio social que de las propias convicciones. Mantenga separadas las opiniones de los demás de sus propias convicciones. No se confunda ni permita que lo confundan.

5. Cuando en una situación crítica usted ha determinado el camino a seguir como el más conveniente, sepa que usted, todo usted, es ese camino y sólo ese camino. Cualquier situación de mejora en el futuro deberá surgir del cumplimiento de la línea que se ha propuesto, para lo cual no deberá claudicar jamás a fin de impedir que surjan alternativas que no se correspondan con la mejor opción.

6. En toda elección de base deberá contemplar su deseo, de manera que el esfuerzo a realizar se encuentre favorecido por la máxima cuota de vitalidad.

7. Tenga siempre en cuenta de que la seguridad sólo se logra transitando el camino del riesgo, cuyo destino es el proyecto de vida personal. Por lo tanto, se hace imprescindible que en la base de la actitud estén presentes el deseo, la aventura de la fe y la esperanza. El cálculo temeroso no garantiza el éxito. Recuerde la cita bíblica: "El que mira al viento, no siembra, y el que mira a las nubes, no cosecha" (Eclesiastés 11: 4).

8. Aprenda a tolerar la incertidumbre durante mucho tiempo en aras de la decisión que ha tomado. A veces, la nave está en el medio del mar y no se mueve por falta de viento. En esos casos advierta que si bien no se progresa, tampoco existe un peligro inminente. No permita que su impaciencia genere un peligro que no existe en la realidad. Conserve su posición, esto fortalece su sentimiento de seguridad.

9. Tenga siempre en cuenta que la acción es inevitable; por lo tanto, en lo posible, no retarde sus decisiones. Aun en estado de aparente pasividad estamos activos, porque estamos comprometiendo un tremendo esfuerzo y descarga de energía. Por lo tanto, ya en la pasividad usted se encuentra en acción; sólo deberá darle* un rumbo positivo a esa energía.

10. Sepa que para lograr el estado de seguridad en función de un proyecto de vida personal, usted debe conducirse de manera plenamente autónoma y jamás atarse a preconceptos y prejuicios sociales en materia de progreso económico y social. Todo esto lo puede obtener sin pegarse a estos principios como condicionamientos. Por lo tanto, no deberá ser condicionado por la preservación o el logro de cargos, títulos, posición social, ni por la imagen que usted cree que los demás tienen de usted. Todo deberá ser reemplazado por la búsqueda de producción de sentido como único bien. Lo demás vendrá por añadidura.

Créditos:
Juan Carlos Cuccaro es licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires, y trabaja como psicoterapeuta y consultor en recursos humanos. Durante 20 años trabajó como consultor y psicólogo organizacional, habiendo diseñado y ejercido la jefatura del departamento de Psicología laboral del Banco de la Ciudad de Buenos Aires.
(Extraído de la Revista "Vida Feliz", año 96,Nº6,Editado por ACES, Buenos Aires, Junio de 1995)